Texto: Carlos Villasana
Para varias generaciones, basta escuchar los títulos de canciones como “Popotitos”, “Pólvora”, “La plaga”, “Presumida”, “Confidente de secundaria” para transportarse como por arte de magia a la época dorada del rock and roll en México.
Son recuerdos que remontan a la música que escuchaban nuestros abuelos y padres, y a todos los grupos y artistas que surgieron en nuestro país para deleite de la juventud de aquellos días que lo vivieron en cuerpo y alma.

El rock and roll mexicano comenzó a mediados de la década de los 50, muy influenciado por artistas estadounidenses como Elvis Presley y Bill Haley and His Comets.
Con ello, había llegado una nueva corriente musical de gran trascendencia que cambiaría para siempre a la industria musical, el modo de vivir, vestir y bailar de la juventud, y de muchas otras generaciones en el futuro.
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Algunos conocedores consideran que todo este fenómeno estalló el 9 de julio de 1955, cuando el tema “Rock Around the Clock” - “Al compás del reloj”- de Bill Haley & His Comets se convirtió en la primera grabación de rock and roll en alcanzar el primer puesto en Billboard, la prestigiosa e influyente revista que publica desde 1940 la lista de los éxitos más populares del momento.
De igual manera, otros estudiosos del tema atribuyen parte del origen del éxito del movimiento a la controversial película Blackboard Jungle (Semilla de maldad) de 1955, protagonizada por el actor Glenn Ford; además del hecho de que la cinta inicia precisamente con la canción “Rock Around the Clock” de fondo.
Fue tal el impacto que tuvo la película estadounidense entre el público joven que por ello se considera el momento que desencadenó el movimiento cultural y musical que representó la llegada del Rock and Roll.
Debido al repentino éxito de la canción de Bill Haley, se estrenó en 1956 la película “Rock Around the Clock” que marcó en el caso de México, la llegada de este nuevo género musical a una nueva audiencia y lo consolidó entre el público joven, que se identificó inmediatamente con lo que veía en la pantalla grande.
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La moda que acompañaba a la nueva tendencia pronto se convirtió en un referente que se replicó en todo el país y de ahí a los jóvenes artistas que no tardaron en crear su propias versiones de todo aquello que provenía del otro lado de la frontera.
Desde 1956 iniciaron las primeras bandas de rock en español como “Los Lunáticos”, “Los Locos del Ritmo”, “Los Teen Tops”, “Los Camisas Negras”, “Los Hooligans”, “Los Rebeldes del Rock”, y por supuesto la cantante Gloria Ríos con el tema “El Relojito”, que era la versión mexicana del tema que hiciera famoso Bill Haley, siendo la primera mujer del país en grabar e interpretar una canción de Rock and Roll.
Los temas eran traducidos del inglés al español y adaptados con libertad a una versión que se acomodara más a la música que a seguir de manera literal la letra original; pero no por ello resultan menos relevantes o trascendentes, ya que existen versiones que han pasado la prueba del tiempo y se han vuelto verdaderos clásicos del género y del gusto del público mexicano por varias generaciones.
En entrevista para EL UNIVERSAL, el reconocido crítico de música Hugo García Michel, señala lo siguiente al respecto: “Pienso que algunos de los covers eran muy creativos, sobre todo en sus letras, al adaptarlas al lenguaje cotidiano de los jóvenes mexicanos de entonces, y creo que en ello el grupo más destacado era el de Los Teen Tops, con Enrique Guzmán a la cabeza ("La plaga", "El rock de la cárcel"). También Los Locos del Ritmo hicieron muy buenos covers ("Aviéntense todos", "Pólvora"). En ese sentido, tal vez sea "Quiero ser libre", de Los Teen Tops, mi cover favorito de esa época”.
Por otro lado, en el libro “El rock en América Latina” de Abel Gilbert y Pablo Alabarces, publicado por el Colegio de México, explica que “Como en toda América Latina, también [en México] el rock se asimiló rápidamente a través del reversionado de las canciones originales en español”.
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El mismo libro comenta que “una traducción que podía transformar el Johnny B. Goode de Chuck Berry -que va, va y va-, con un “Johnny go, go, go”- en un “ven Johnny ven” de Enrique Guzmán, es decir: uno que viene, y lo hace además desde un rancho en Guadalajara, al referirse a la letra de la canción “Ven Johnny Ven” de Enrique Guzmán.
De regreso al origen de los covers mexicanos, el periodista Ruben Carrillo, coleccionista de discos y conocedor del género musical, recuerda en entrevista que en la época del surgimiento del rock and roll en Estados Unidos, en México se comenzó a querer imitar lo que se hacía allá al ir buscando los jóvenes una identidad.
“Los primeros años del rock en México son una prueba de la capacidad de control político y manejo de las redes de poder y medios que cuidadosamente construye el Estado autoritario. Ante el inevitable advenimiento del rock and roll, el sistema responde no tanto rechazándolo sino absorbiendo y quitándole cualquier tufo disidente”, escribió Humberto Delgado Velázquez en su artículo “Algunas notas sobre el Rock mexicano” para la revista Harvard Review of Latin America en 2016.
Carrillo explica que en muy poco tiempo, las estaciones de radio, las compañías disqueras y la industria del entretenimiento en general, le vieron el potencial al rock y en México se vieron las distintas maneras de competir con el mercado estadounidense y darle un sentido más nacional y más directo a este nuevo mercado que representaban los jóvenes del país, -hasta ese momento un sector de la población muy olvidado- y que se veía dominado en ése entonces por orquestas, tríos y grandes bandas, algo muy distinto a lo que se estaba produciendo más allá de nuestras fronteras.
“Este nuevo segmento, o sea el hecho de dirigirse a los jóvenes, es muy importante. El rock and roll es el despertar de los jóvenes, es una expresión cultural que no habían tenido, y eso es lo que realmente va a revolucionar al mundo. Los jóvenes querían tener una voz, un sonido, una imagen o algo que los diferencie de los adultos, de aquel mundo de la posguerra. Hay una ruptura cultural muy importante y los jóvenes quieren tener su propia imagen y modelo. El rock'n'roll se convierte en esa expresión que tanto buscaban. El rock significa expresión, significa cambios”, indicó nuestro entrevistado.
Acerca de los covers, las traducciones y lo mucho que se dice acerca del plagio de canciones, el periodista señala que en general las disqueras no se metían en problemas y pagaban los derechos correspondientes y se le daba el debido crédito al artista y al autor de la composición y letra. Incluso en los discos casi siempre se ven los autores en la cara del vinilo de 45 o 33 revoluciones.
Los covers también tenían su particular ingenio y son tan famosos los títulos de las canciones como las letras, ya pasadas al vulgo popular de la época. Así tenemos todo un compendio de letras en las que se resaltaba algún aspecto físico o una característica especial de la persona en un tono humorístico, como el caso de “Popotitos”, “Tomás”, “Chica alborotada”, “Pólvora”, “Presumida”, y más.
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“Por supuesto hubo muchos covers que se hicieron sin el permiso de las disqueras, no las disqueras originales, me refiero a los dueños de la música como tal, pero era otra época. Los artistas famosos, la mayor parte de sus discos los hicieron en disqueras importantes de la época tanto mexicanas como extranjeras”, comparte Carrillo.
Nos narra que a principios de los 60 “incluso había competencia entre los artistas y grupos por grabar primero el cover de cada canción y lo que hacían muchos de ellos era irse de viaje -ya fuera en camión o en avión o como pudieran a los Estados Unidos; ahí se la pasaban varios días escuchando los nuevos éxitos en el radio y de ahí se iban a comprar el disco”.
“Era la época en que estaban de moda los tocadiscos portátiles. Incluso había lugares en que podrías rentar una cabina para escuchar un disco. Ahí los músicos mexicanos a veces iban traduciendo el disco sobre la marcha junto con la melodía y ya se traían su material a México ya avanzado para que al llegar se lo presentaran a la casa disquera, lo grababan y en un par de semanas lo tenían listo”.
El periodista nos dice que se debía hacer así, ya que de otra manera algún otro grupo estaba haciendo exactamente lo mismo y la competencia era muy fuerte.
Para él los covers en español forman parte del ingenio del músico mexicano y un reflejo de una época muy especial dentro del amplio espectro del Rock and Roll y de una era, retrata la forma de expresarse y de vivir la vida de una generación que dejó una profunda huella en nuestra cultura y nuestra sociedad.
Carrillo incluso señala que hay canciones que aunque son copias de alguna versión musical superan por mucho a la original. Señala que títulos como “Agujetas de color de rosa” son emblemáticas en todos los aspectos, al grado de que hasta una popular telenovela llevó ese nombre.
La nostalgia que genera esta época se puede ver en la cantidad de restaurantes que manejan esta imagen del estilo de vida juvenil de los años 50 e inicios de los 60. Y cada año una nueva generación de amantes de la música aprende los nuevos pasos de baile al ritmo de “Melodía de amor”.