La vacuna hecha en México que combatió el tifo, epidemia de la Revolución

Mochilazo en el tiempo

El tifo fue una enfermedad presente en el actual territorio mexicano desde la época de la Colonia. En 1915, durante la Revolución, fue considerada una epidemia y tuvieron que pasar 16 años para que se encontrara una vacuna capaz de combatirla masivamente, fue creada en este país por el mexicano Maximiliano Ruiz Castañeda y el germano-estadounidense Hans Zínsser

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Texto: Angélica Navarrete R.

Pasaron 16 años para que se encontrara la vacuna del tifo en México, desde la última vez que alcanzó el grado de epidemia en nuestro país en 1915. El primero de octubre de 1931 este diario publicó que dos científicos, uno mexicano y otro norteamericano habían encontrado cómo contener, de forma generalizada, esta antigua enfermedad presente desde la Colonia.

“La vacuna se prepara ya en forma perfecta en México y gracias a un procedimiento novísimo de los doctores Zínsser  y Ruíz Castañeda –este último mexicano– se pueden obtener vacunas suficientes para proteger a millares de personas. Esto solamente lo ha logrado hacer México, pues todavía en las poblaciones más cultas de Europa se sigue el procedimiento de inocular piojos...”, según se lee en la información difundida aquel octubre de 1931.

Se informaba que las vacunas europeas eran efectivas pero por su elevado precio apenas eran accesibles para algunas personas, por ello solo se utilizaban en hospitales para uso exclusivo de médicos y enfermeras que tenían contacto directo con “tifosos”.

Las bases científicas, las pruebas experimentales de los doctores Ruiz Castañeda y Zínsser y la inocuidad demostrada en las personas hasta entonces tratadas “hacen abrigar grandes esperanzas para el empleo en gran escala de este producto, que vendrá a resolver el problema que ha establecido el nuevo concepto epidemiológico del tifo, en relación con la rata y sus parásitos”.

De esta manera, el Instituto de Higiene de Tacuba se colocó en condiciones de ser el primero en aprovechar, en un producto de beneficio público, los estudios del Departamento de Bacteriología de Harvard y del Hospital Americano de México.

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Imagen del 1 de noviembre de 1928. Publicación de EL UNIVERSAL ILUSTRADO sobre la investigación en el Instituto de Higiene en el Departamento de Salubridad Pública.

Este diario daba cuenta de que las reacciones de los primeros vacunados en México habían sido moderadas, pues sólo presentaron ligero dolor en el lugar de la inyección. La vacuna venía en tres presentaciones: para niños, adultos y “vacunaciones colectivas”, explica la nota de este diario.

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Departamento de Salubridad en los años 30. La gente hacía fila para vacunarse. EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

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Destacados médicos inmunólogos y bacteriólogos

Uno de los dos descubridores de la vacuna contra el tifo fue mexicano: el doctor, investigador, docente y hasta senador Maximiliano Ruiz Castañeda originario del estado de México. Sus estudios se divulgaron en varios países y sus investigaciones en Brucelosis y fiebre de Malta sobresalieron incluso décadas antes de que estas enfermedades cobraran importancia a nivel mundial, según información de la Gaceta Parlamentaria de octubre de 1917.

Logró destacados avances en estudios que años más tarde fueron la base de las tiras reactivas para medir niveles de glucosa en los diabéticos. Las enfermedades de alteración inmunológica fueron su especialidad, para ello fundó en agosto de 1984 el Instituto de Alergias y Autoinmunidad para descubrimientos y avances en medicina clínica y diagnóstico.

Su esfuerzo y tenacidad lo hicieron acreedor al Premio Nacional de las Ciencias y el Premio del Consejo para la Investigación Médica, un reconocimiento de la Academia de Medicina de Nueva York, de la Sociedad de Patología Exótica y de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y por parte del gobierno de Cuba, además de la Medalla Luis Pasteur, entre otro. Falleció en octubre de 1992.

El otro médico, el germano-estadounidense Hans Zínsser nació en la ciudad de Nueva York. Estudió medicina en la Universidad de Columbia. Desde el inicio se especializó en microbiología y bacteriología. Fue profesor en las universidades de Columbia, Harvard. Desarrolló estudios en anafilaxia, inmunidad en enfermedades como sífilis, cólera y especialmente tifo.

Años más tarde, sus investigaciones para erradicar el mal del tifo a través de la vacuna fueron de gran aportación, en coordinación con las del galeno mexicano. Murió en 1940 en la ciudad de Nueva York.

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La comparativa también es de nuestro acervo y es la develación del busto de este galeno mexicano en junio de 1993 a casi dos años de su muerte. En la ceremonia estuvo presente el entonces secretario de Salud Jesús Kumate Rodríguez. Diseño web: Alejandro Sandoval.

Enfermedad del hacinamiento y la pobreza

El tifo era una vieja enfermedad bacteriana presente en México desde la Colonia; sin embargo, fue en 1915 que este raro padecimiento tomó nuevamente niveles de epidemia, pues desde 1911 había mostrado un incremento de virulencia, según el artículo El tifo en la Ciudad de México durante la Revolución de América Molina del Villar, estudio del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. 

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Durante la guerra de Independencia se propagó en 1812 y hasta el siglo XX. Se relacionaba con conflictos armados y la movilización de tropas que favorecían su propagación. Los conflictos armados provocaban sequía y a su vez escasez de alimentos, además de daños en la vía de los ferrocarriles, ganadería e industria en general, situación que favoreció su aparición de otras infecciones como la escarlatina y la viruela.

Su propagación era rápida entre la población mexicana y de varias partes del mundo, sobre todo en aquellas zonas de hacinamientos, pobreza e insalubridad entre población de bajos recursos por falta de higiene y alimentación de calidad, por eso el tifo se asociaba a cuarteles militares, navíos, prisiones y asilos, entre otros centros de salud.

Pulgas, piojos, saliva, pequeñísimas partículas en la respiración eran su transporte en general y muy similar a lo que vemos hoy entraba al organismo a través de ojos, nariz y boca. Los síntomas eran dolor de cabeza, fiebre elevada, escalofríos, decaimiento, dolores musculares, erupciones cutáneas en axilas, cara, muñecas, tobillos, brazos, abdomen, hombros, tórax y muslos.

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Aún en décadas posteriores se podría advertir de la presencia el tifo, se decía que el beso era el mejor medio para adquirir los peores males. El UNIVERSAL ILUSTRADO.

Se propagaba en temporada de frío y alcazaba su máxima mortalidad a fines de invierno e inicios de la primavera. Siendo en octubre de 1915 cuando hubo mayor número de muertos, según datos del Consejo Superior del gobierno del distrito de Salubridad e higiene de aquel año, que a su vez se cita en el artículo citado de América Molina del Villar.

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Edificio de la Secretaría de Salubridad en 1939. Archivo EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

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Un investigador del Instituto de Higiene en México, años 30. Archivo EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

Epidemia y Revolución

En 1914, luego de la caída de Victoriano Huerta, las fuerzas militares del general Venustiano Carranza entraron a la capital. Los presupuestos a sectores de salud, entre otros, se vieron reducidos por el cambio de gobierno, así la epidemia sorprendió al país en plena Revolución.

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En 1914, las fuerzas de Venustiano Carranza entraron a la capital en medio de pobreza general, hacinamiento e insalubridad. El presupuesto en el sector salud se vio afectado por el conflicto. Archivo EL UNIVERSAL.

Pobreza generalizada, hacinamiento, insalubridad por obras sanitarias inconclusas y falta de presupuesto incrementaron la gravedad de la emergencia sanitaria.

La presencia de militares incrementó cuando Francisco Villa y Emiliano Zapata desconocieron a Carranza y entraron a la capital mexicana con sus tropas.

El panorama era desalentador: “las comunicaciones estaban cortadas, las líneas de ferrocarril dañadas, no había agua potable, las tuberías estaban averiadas por los enfrentamientos, el servicio de tranvías se había suspendido en virtud de que varios de sus empleados se habían ido con Obregón. Faltaba la electricidad, el combustible; la vigilancia era casi nula”, se lee en el artículo citado.

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Las protestas por escasez de alimentos no se hicieron esperar favoreciendo aún más su propagación, frente a un Estado en caos que no fue capaz de evitar estas epidemias y que “provocaron la muerte de cientos de capitalinos”, según la investigación de Molina.

De igual forma, las estadísticas de muertes por enfermedad que se combinaron con los decesos a causa de la guerra interna, se interrumpieron y por tanto resultó difícil diferenciar los decesos en uno y otro caso.

Otras zonas de población muy pobre donde hubo mayor número de contagios por tifo estaba entre lo que hoy conocemos como Dr. Río de la loza, Hospital General, Eje Central y Cuauhtémoc. También en varios asilos que se encontraban en puente de Alvarado, Chapultepec, plaza de la Merced y Donceles.

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La zona de la Merced fue una donde ocurrieron más contagios de tifo en 1915. En la imagen la calle de Jesús María en los años 30. Colección Villasana-Torres.

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Las zonas de San Ángel, Contreras y la Magdalena se había desarrollado lo que llamaron “una pequeña epidemia” combinada con casos de viruela; además, como resultado de los combates en la serranías, los cadáveres no habían sido sepultados lo que agravó la situación sanitaria.

El entonces encargado de la salud capitalina ordenó una visita de inspectores e informar al encargado local el aislamiento y el traslado de enfermos a centros de salud.

Los boletines que emitía el Consejo Superior de Salubridad eran mensuales y en ellos se informaba  de las muertes por dichas enfermedades infecciosas, congresos médicos y sanitarios, así como inspecciones de limpieza y desinfección de casas y colonias. Sin embargo a inicios de 1915 también vio interrumpida su publicación por la inestabilidad histórica.

El protocolo sanitario era trasladar a los enfermos al Hospital General y al de Tlalpan  en la capital de la República para evitar la propagación del contagio. El General fue el primero en saturarse para enero de 1916.  Otros hospitales que también dieron atención fueron el Juárez, el Militar, el Inglés y el Lazareto San Joaquín.

La campaña contra el tifo

Se nombró al doctor Alfonso Pruneda para que estuviera al frente de la campaña para controlar la epidemia, la cual se dirigió en dos sentidos: primero, detección y aislamiento de casos, incluso en las casas era común ver letreros alertando del riesgo de contagio y, segundo, difusión por medio del periódico El Demócrata que daba cuenta de medidas curativas y preventivas contra el tifo, rotativo, que a decir de la investigación de Molina, jugó un papel importante en la promoción educativa de la población relacionada con medidas de higiene y conocimiento científico.

Las autoridades de salud organizaron cuadrillas de peluqueros y bañistas para que cortaran el pelo y bañaran a personas de bajos recursos, pues en colonias como La Bolsa había calles que tenían meses sin barrer y los desechos humanos se arrojaban en bolsas a la vía pública. El consejo superior de Salubridad nombró una comisión para contratar lugares cercanos que permitieran esta labor.

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Según la investigación de Molina del Villar, para mediados de 1916 los contagios de tifo comenzaron a disminuir mientras que en México se formalizaba un gobierno constitucionalista. Por su parte, en la prensa no cesaban los anuncios de jabones, remedios y medidas generales de higiene para prevenir el contagio.

Entre 1900 y 1930 médicos y científicos de nosocomios como el Hospital General, el Hospital Juárez y el Hospital Americano, los Institutos Patológicos y el Bacteriológico Nacional estaban a la cabeza de las investigaciones sobre este padecimiento.

Estaba claro que la mejor medida de prevención era la higiene personal, la limpieza y el barrido de calles, así como la desinfección de casas y lugares públicos.

La disminución del número de casos se atribuía al éxito de la campaña sanitaria del presidente del Consejo Superior de Salubridad, José María Rodríguez, quien años más tarde afrontaría otro gran problema de salud pública: el impacto de la pandemia de influenza de 1918.

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31 de agosto de 1922. En la imagen, puestos que serían sustituidos por pequeños departamentos de cemento armado, según un proyecto del Presidente Municipal. "La Sección de Enfermedades Infecto- contagiosas se ocupará de: campaña contra el tifo, contra la viruela, contra las enfermedades venéreo-sifilíticas, contra la tuberculosis y contra otras enfermedades contagiosas. Su personal constará de: diez agentes ambulantes y de visitas domiciliarias, cuatro peluqueros, ocho bañeros, cuatro encargados de los baños y lavaderos, cuatro encargados de las estufas, director del Instituto de Vacuna, dos ayudantes del mismo, dos mozos del Instituto, veinte vacunadores, veinte agentes de vacuna, cuatro médicos para los consultoría venéreo-sifilíticos, ocho enfermeras, cuatro mozos para los mismos, un médico encargado del laboratorio de diagnósticos, ayudante y dos mozos." Publicación de EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

La fotografía principal es una imagen del doctor mexicano Maximiliano Ruiz Castañeda, del Archivo de EL UNIVERSAL.

Fuentes:
Hemeroteca de EL UNIVERSAL
Molina del Villar América, El tifo en la Ciudad de México durante la Revolución, estudio del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.
Gaceta Parlamentaria de octubre de 2017
 

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