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La primaria porfiriana de la colonia Juárez

En el marco del Día del maestro recordamos una de las escuelas más famosas y antiguas sobre Avenida Chapultepec y junto al mercado Juárez: la primaria Horacio Mann, aun en funciones, cuya arquitectura porfiriana llama la atención de los transeúntes.
La primaria porfiriana de la colonia Juárez
15/05/2020
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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez

A un costado del Mercado Juárez, entre los edificios de oficinas y departamentos que delimitan a las colonias Roma y Juárez, resalta una construcción que data del Porfiriato: la Escuela Primaria Horacio Mann.

En el libro Las escuelas primarias de la ciudad de México en la modernidad porfiriana de Rosalía Meníndez Martínez se explica que la institución nació -como otras primarias-  “a finales del siglo XIX (cuando) se otorgó al niño un lugar en la sociedad y, por tanto, una formación especial, que le brindaba la escuela (...)
“En 1900, en la Ciudad de México había 108 mil 892 niños entre los 5 y los 15 años, los cuales eran demandantes potenciales de educación. Por consiguiente, las autoridades porfiristas se interesaron por conocer de manera precisa a esa población.
 

La foto antigua es la vista de un costado de la escuela primaria Horacio Mann, sobre Avenida Chapultepec, en una imagen de fines de la década de 1910. Años más tarde fue recortada en una de sus partes por la ampliación de la Avenida Chapultepec. Cortesía de Rafael Fierro. Elaboración: Diseño Web El Universal.

En el libro se describe también que “la década de los noventa del siglo XIX representó el periodo clave de la política porfirista, pues fue entonces cuando se consolidó su proyecto educativo. (...) A partir de ese momento se delimitaron los discursos modernos acerca de la infancia, y la imagen del niño empezó a tener presencia en la sociedad decimonónica, principalmente a través de la escuela.”

Un documento expedido por la Secretaría de Gobernación en 1904 indica que sobre la Avenida Chapultepec y la antigua Limantour -actual Abraham González- se construiría la Escuela de Niñas, nombre oficial de la institución hasta 1907.

El encargado de desarrollar las instalaciones fue el ingeniero militar Salvador Echegaray - quien construyó varios inmuebles en el país entre los siglos XIX y XX en la capital, Veracruz y Mérida - y diseñó la escuela con una fachada entre:

“Neoclásica y afrancesada, con columnas entrepisos, y una hilera de arcos decorada con ángeles. En el vestíbulo se encuentran medallones con los bustos de quienes renovaron la educación en el mundo, entre los que se encuentran Rébsamen, Pestalozzi o el propio Horacio Mann”, se explicaba la Revista Centro.

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Documento de la Secretaría de Gobernación donde se indica la construcción de la Escuela de Niñas en 1904. Archivo Histórico de la Ciudad de México, Cortesía/ Aram Ponce Franco.
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El plano apareció en Les Edifices de l’instruction publique á Mexico, et l’état d’avancement réalisé dans les établissements officiels et particuliers jusque en 1910. Cortesía Rafael Fierro.

Sin embargo, en 1907 la escuela registró un cambio de nombre debido a que el gobierno había tomado la decisión de que las escuelas tenían que llevar nombre de personajes ilustres y ésta fue renombrada en honor al estadounidense Horacio Mann, uno de los educadores más importantes en la historia de aquél país; el cambio no fue del total agrado de la sociedad mexicana, pero logró trascender hasta nuestros días.

Aunado a esto, el inmueble resultó afectado por un sismo en marzo de 1907, por lo que los alumnos -la mayoría vecinos de la Colonia Juárez- tuvieron que acudir a clases en una casona de la zona hasta agosto de 1910.

El diario “El Tiempo” llevó puntualmente los hechos con varias notas de queja y denuncia de los padres de familia al ver que sus hijos no regresaban a las aulas y que tampoco llegaban los recursos para restaurar los inmuebles dañados.

En 1910, la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes destinó 20 mil pesos para remodelar y ampliar la escuela Horacio Mann; pero esta no fue su única intervención, ya que de acuerdo a planos en el Archivo Histórico de la Ciudad de México, la escuela fue intervenida nuevamente en 1947 por el arquitecto F. Orozco con motivo de la ampliación de la Avenida Chapultepec;  la escuela fue seccionada y con la forma que hasta hoy conserva.

En entrevista, el arquitecto Miguel Ángel Bernabé Huerta comparte que del inmueble destaca su “sistema de bóveda catalana en sus entrepisos de doble altura, técnica constructiva que representó la arquitectura durante el porfiriato; además de emplear el tabique en su fachada principal, proyectada simétricamente con tres accesos enfatizados con marcos de cantera gris y una cornisa a todo largo utilizada como frontera para el desarrollo del siguiente nivel, con sus ventanas geminadas en cuyos intradós (parte interior de un arco) utiliza cambio de material que le otorga la jerarquía al acceso, cuyos paramentos (superficies de fachadas) presentan un movimiento discreto para darle cierta volumetría al conjunto”.

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Toma de la escuela Primaria Horacio Mann en la década de 1910. Cortesía Rafael Fierro.

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Detalles de la fachada de la Escuela Primaria Horacio Mann. Cortesía: Aram Ponce Franco.
 

La educación actual en un espacio porfiriano

Maribel Espinosa Azuara, quien fue maestra de primaria en esta famosa escuela por más de 20 años, nos platica sobre su vocación y cómo fue trabajar con niños al interior de este inmueble. Se dedicó a impartir clases en honor a uno de sus hermanos, que también fue docente y que supo transmitirle su pasión al preparar, impartir o calificar alguna clase y desde sexto de primaria ya tenía claro que quería impartir clases cuando fuera adulta.

En octubre de 1986 llegó a la escuela Horacio Mann a cubrir un interinato y tiempo después consiguió una plaza en la que trabajó durante 23 años: “cada año tuve uno, dos o tres alumnos con necesidades educativas especiales, que me conducían a tomar cursos sabatinos para poder trabajar de forma comprometida con ellos.”

Comparte que aunque es famosa la leyenda urbana de que Chava Flores cursó ahí su primaria, nunca pudieron encontrar un documento que lo confirmara; sin embargo, dice que,  como en todos los edificios antiguos, se hablaba de la aparición por las noches de “un obrero que trabajó en la construcción de la escuela, que murió accidentado en la misma y que buscaba por donde salir de la escuela”.

Dejó de dar clases en la primaria Horacio Mann en 2009, hoy tiene 57 años y, lamentablemente, en estas fechas contrajo COVID-19: hace tres semanas empezó con tos seca y posteriormente, perdió el olfato, el gusto y el apetito. Estuvo así por cuatro días y al ver que no mejoraba, llamó a un médico de la familia que le dijo que era un caso sospechoso y que le recomendaba hacerse la prueba.

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Fotografías de ceremonias de honores a la bandera al interior de la Escuela Primaria Horacio Mann de la década de los 90. Cortesía: Maribel Espinosa Azuara.

Llamó a las autoridades, le realizaron la prueba y el resultado fue positivo, de inmediato se aisló en su  casa para no contagiar a nadie, tratar de alimentarse lo mejor posible y descansar mucho. Procuró no alarmarse con el resultado, ya que sus malestares no habían sido de gravedad más que tos seca y poco a poco recuperó los sentidos.

Recomienda a niños, niñas, padres y madres de familia que, a pesar de que son momentos de incertidumbre y difíciles para todos, sean muy pacientes unos con otros, ya que la escuela es el segundo hogar de los infantes y el sitio donde pueden ser ellos mismos al jugar y compartir con sus amigos.

Para ella, lo más reconfortable de dedicarse a la docencia es la “sonrisa que te brindan los niños; ver su carita de incertidumbre al iniciar el ciclo escolar; vives cada problema que tiene cada uno de ellos y la confianza que depositan en uno es invaluable. Los niños nos dan vida y lo más hermoso es recibir palabras de los ex alumnos, ahí te das cuenta de la huella que dejaste en ellos.”

Al preguntarle cómo cree que se perciba la figura del profesor y profesora después de la emergencia sanitaria, Maribel nos comentó que a pesar de que siempre ha percibido que se valora la labor del docente, por las circunstancias que estamos viviendo, los padres de familia se darán cuenta del gran trabajo que hace un maestro con 30 ó 40 alumnos.

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Fotografía grupal de la Escuela Primaria Horacio Mann. Cortesía: Maribel Espinosa Azuara.

Para Isabel Peláez, hoy arqueóloga y que fue estudiante de la Primaria Horacio Mann de la Generación 1997 - 2003, su escuela tenía una “magia especial”. Recuerda caminar con su mamá por la avenida Abraham González:

“El frío en las piernas, el sabor a menta de la pasta de dientes y las instrucciones de mi mamá por la mañana .. ¿trajiste el cuaderno de español? acuérdate que paso al rato por ti, “toma esta moneda, a ver ¿dónde la vas a guardar?”.

Le encantaba asomarse por los sótanos del Conjunto Mascota al acercarse a la escuela y cuando sonaba la campana, sabía que era la hora de entrada; la segunda campana era para salir al recreo y el esperado toque de salida:

“Todos formados en el patio por grupos escuchábamos a la directora dar los buenos días, los recordatorios importantes o avisos generales. La salida era otro bullicio, comprando dulces, o juguetitos que se acercaban a vender”, recuerda Isabel.

Isabel nos dice que si bien a esa edad no entendía el gusto por su escuela, por sus techos altos en los salones, por el pasillo que la llevaba a los baños, las escaleras con barandal de madera o el pórtico donde se sentaba con su mamá cuando llegaban antes de la hora de entrada; cuando creció se dio cuenta que ese amor por la colonia Juárez y por su historia, con el tiempo la llevaría a convertirse en arqueóloga.

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Vistas recientes de la primaria Horacio Mann en la colonia Juárez. Tomadas de Google Maps.

En la fotografía principal se observan a niños en los patios de la Escuela Primaria "Horacio Mann", alrededor de 1928. Imagen de la Mediateca del INAH / Casasola.
Fotografía antigua: Colección Villasana - Torres.

Fuentes:
Maribel Espinosa Azuara, docente jubilada de primaria.
Isabel Peláez, arqueóloga.
Miguel Ángel Bernabé Huerta, arquitecto.
Aram Ponce Franco: nos brindó notas periodísticas de la escuela en El Imparcial, El Tiempo.
Rafael Fierro Gossman, arquitecto.
Libro Las escuelas primarias de la ciudad de México en la modernidad porfiriana de Rosalía Meníndez Martínez.
El arquitecto Miguel Ángel Bernabé Huerta
Revista Centro