La monja que colgó el hábito después de la muerte de Obregón

Mochilazo en el tiempo

Concepción Acevedo era una monja dedicada y tenaz. Después de la Guerra Cristera fue señalada como autora intelectual del asesinato del presidente Álvaro Obregón. En la cárcel decidió dejar los hábitos para contraer matrimonio. Esta es su historia

Texto: Marco Salas

En México a principios de 1900 se combatía por el poder. En 1913 la Decena Trágica dejó como presidente a Victoriano Huerta y luego él fue derrocado por el Ejército Constitucionalista. Francisco S. Carvajal tomó el mando por un tiempo y después quedó Venustiano Carranza, quien convirtió a Querétaro en la capital del país en 1916.

Dicha entidad tuvo cambios políticos años atrás entre la Iglesia y el Estado, por ejemplo: los grupos católicos no debían existir fuera de las iglesias y por eso, el 19 de julio de 1914, a cuatro días de caído Huerta, la madre superiora de la Orden de las Capuchinas Sacramentarias alertó a sus internadas de abandonar el convento, se acercaban las tropas constitucionalistas.

Pero una monja se negó a irse hasta que la sacaran, Concepción Acevedo de Llata –más tarde conocida como la Madre Conchita–, según escribió ella en sus memorias.

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En el prólogo de sus memorias, escrito por Armando de María y campos, puede leerse que sin duda la Madre Conchita es una mujer a la que le gusta escribir cosas cursis. Archivo/EL UNIVERSAL

Acevedo de Llata nació en Querétaro el 2 de noviembre de 1891. Desde joven fue atractiva, le gustaba ir a las corridas de toros y luego al casino. “Cuando yo asistía a los bailes a los diez minutos se me llenaba el carnet. Por eso no podía complacer a todos los hombres que querían bailar conmigo”, según información del Fondo Miguel Palomar y Vizcarra de la UNAM.

Cuando recién cumplió 17 años, su tío Alberto de la Llata enfermó de gravedad y le pidió agonizando que se apartara de la vanidad y abrazara la vida conventual.

Conchita, impactada, comenzó a rechazar invitaciones a bailes, pero sus padres le prohibieron entrar a un convento ¿cómo dar la espalda a tantos pretendientes y arruinar un futuro de matrimonio y comodidades?
La respuesta la dio la misma Concepción y se encuentra en el Fondo citado. “Antes de cumplir quince fui cortejada por muchos enamorados; pero nunca me atrajeron demasiado, especialmente cuando cumplí veinte y mi vocación religiosa empezó a manifestarse poderosamente. Las pasiones amorosas nunca las he experimentado en un grado extremo. Esto hizo que no tuviera novios a quienes consagrar mi corazón, como acostumbran tanto hacerlo las chicas de hoy en día.”

Logró entrar al convento luego de insistir tres años y quizá por eso quiso quedarse y resistir el arrase de balazos, gritos y saqueos de los constitucionalistas, hasta que el 28 de julio de 1914, un capellán fue a oficiar misa y comunicó que las autoridades eclesiásticas cerrarían el lugar, el cual según datos de EL UNIVERSAL del 30 de agosto de 1982, se encontraba en el Portal Dolores, frente al Palacio de gobierno de Querétaro.

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Fotografía del 6 de julio de 1947, Palacio de gobierno de Querétaro. A este lugar llegó el presidente Venustiano Carranza en enero de 1916 y exactamente un mes más tarde firmó un decreto, declarando a la citada ciudad capital de la República. Archivo/Hemeroteca de EL UNIVERSAL

Acevedo y la madre superiora se escondieron en casa de los padres de la primera y después con su hermana, hasta que el 19 de noviembre de 1914 un asilo de niñas de las Siervas del Sagrado Corazón las acogió, de acuerdo con el libro El asesinato de Álvaro Obregón: la conspiración y la madre Conchita, escrito por Mario Ramírez Rancaño.

 

Nuevo convento, nuevas oportunidades

Era octubre de 1915, un sacerdote italiano que estaba de paso confesó a las Siervas y mostró afición por Conchita, la confesó y volvió más días para hostigar a Conchita, imponerle penitencias y llamarla “endemoniada”.

Según el libro de Ramírez Rancaño, Concepción se deprimió y sólo vio al cura hasta enero de 1916, quien le anunció que tras analizar su perfil y persona, no encontró un solo pecado mortal y le aseguró que Dios la tenía reservada para algo muy grande, pues en el mundo no se daban talentos como el suyo.

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Uno de sus talentos era dibujar, como se muestra en una plana de EL UNIVERSAL del 5 de marzo de 1967. “Pinto, y soy regularcita, sin echármela”, dijo alguna vez Conchita, según el libro El asesinato de Álvaro Obregón: la conspiración y la madre Conchita. Archivo/Hemeroteca de EL UNIVERSAL

Ella anhelaba ser santa y por eso imitaba penitencias como dormir crucificada, incluso consiguió un sello de hierro con las letras J.H.S. (Jesus Hommo Salvator) para marcarse a Cristo cerca del corazón y en los brazos el 2 de agosto de 1918, cuando la madre superiora dijo al fin que sí después de tres años.

“Solita en mi celda calenté en un platito el sello y me lo puse; creí que por falta de valor no quedaría grabado”, escribió la monja en sus memorias, “si la penitencia era buena para el alma, para mí era algo higiénico, me era necesaria”, continuó.

Conchita conocería su destino hasta la llegada del fundador de los Misioneros del Espíritu Santo, el padre francés Félix de Jesús Rougier, quien llegó con órdenes del arzobispo de México y del obispo de Querétaro para reubicar a Concepción Acevedo de la Llata en el convento de las capuchinas de Tlalpan en CDMX, de acuerdo con el libro El asesinato de Álvaro Obregón: la conspiración y la madre Conchita.
 

Organizaciones y ligas con un objetivo…

A sus 32, Acevedo de la Llata llegó a Tlalpan el 25 de septiembre de 1922 como relevo de la abadesa anterior. Seis meses más tarde, el Huerto de las Campanas, casi esquina con la calle Mariano Abasolo, sería el nuevo hogar de las capuchinas, pues el primero estaba pequeño, según la monja. Allí se puede llegar a pie desde el centro de Tlalpan.

Las mudanzas debían ser constantes por la guerra cristera en el país. El 31 de julio de 1926 fueron suspendidos los cultos en la República, conventos y capillas se clausuraron. En oposición a la Constitución de 1917, un grupo católico armado se proclamó la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa.

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“Los templos que entreguen los sacerdotes del culto católico no serán destinados a otros usos” era otra de las cabezas de este diario del 31 de julio. Archivo/Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

Pero además existía otra agrupación discreta y selectiva que apoyó a la Liga con un plan: asesinar a Álvaro Obregón. Se trataba de la Unión de Católicos Mexicanos, la U, y su primer contacto con Acevedo fue cuando uno de sus cabecillas, el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores, le pidió sacrificios y almas víctimas por la paz de la Iglesia.

“Yo no me quería ofrecer víctima porque calculaba lo que esto significa”, parte de ello escribió la monja en sus memorias. Pasaron días y Ruiz y Flores llegó para regañarla al punto de que ella terminó por ofrecerse “como víctima y no a medias: mi carácter no me lo permite, las tristes mediocridades casi no las concibo”, se rescata de la narración de Conchita en sus memorias.

Según datos de EL UNIVERSAL del 25 de agosto de 1928, una de las juntas para planear el asesinato de Obregón se dio en el convento de Acevedo, mudado por El Chopo. El plan era: el 15 de abril se iría al mismo baile que el caudillo en Celaya, se le seduciría y en un descuido, se le pincharía con una lanceta envenenada.

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En la reunión, EL UNIVERSAL del 25 de agosto de 1928 reportó que Conchita salía al pasillo frecuentemente como para consultar a alguien en secreto y también que se elegiría a María Elena Manzano (A.) para desempeñar la misión. Archivo/ Hemeroteca de EL UNIVERSAL

El fracaso los acompañó a Celaya, la muchacha elegida no pudo entrar al lugar y regresando recibieron la frase “ya sé que no hicieron nada, y lo que pasó es que ustedes no quisieron hacerlo” de la Madre Conchita, acorde con algunos documentos sobre el juicio y proceso de José de León Toral luego del asesinato de Obregón.

El intento que no falló fue el de Toral, quien frecuentaba el convento de Conchita y quería ser santo como ella. El 17 de julio de 1928 siguió a Obregón hasta el restaurante La Bombilla, en San Ángel, se acercó con el pretexto de haberlo dibujado y le disparó en la cara.

También puedes leer: Así era José de León Toral, el asesino de Álvaro Obregón

Detenido y torturado durante días por los obregonistas, José hablaría al fin sobre cómo planeó todo, pero primero debía hablar con la Madre Conchita, a quien le dijo “vengo a ver si quieres morir conmigo” en cuanto la vio. “Sí, con mucho gusto”, contestó ella y la aprehendieron.
 

El juicio del siglo

El presidente electo de la República asesinado por un católico y, detrás de todo, estuvo el cerebro criminal de una monja. Los tenían presos, a punto de ser enjuiciados y los periódicos cazaban las novedades, como EL UNIVERSAL del 2 de noviembre de 1928, por cierto fecha del cumpleaños de Concepción, que dedicó su primera plana al tema.

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“Quienes juzgarán a Toral y a la Madre Conchita son, en su mayoría, obreros y campesinos radicados en San Ángel”, era una de las cabezas de la plana. Archivo/ Hemeroteca de EL UNIVERSAL.
En la segunda plana se da cuenta de los hechos registrados en 1928, luego del asesinato de Obregón:

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El juicio se dio entre los primeros cinco días de noviembre y entre un montón de obregonistas que insultaron y maltrataron a José y a Concepción. De ello tendría prueba EL UNIVERSAL del 31 de agosto de 1979.

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Durante el juicio se rumoraron muchas cosas: desde que Acevedo tenía un hijo con Toral y también que era una monja perversa, provocadora y enferma mental. Archivo/ Hemeroteca de EL UNIVERSAL

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“La Madre Conchita y León Toral llegando al jurado custodiados por gendarmes de la policía montada”, imagen publicada en EL UNIVERSAL ILUSTRADO del 8 de noviembre de 1928. Archivo/ Hemeroteca de EL UNIVERSAL

Acevedo de la Llata negó las reuniones con organizaciones secretas, eran sólo misas. ¿Entonces influenció a Toral para matar al caudillo?, quiso saber el juez. “Fue la influencia nacional, los dolores que padece la Patria”, contestó ella. ¿Entonces por qué José la buscó? “Un hombre a quien atormentan se siente afligido, necesita alguien que lo ayude y eso fue a pedirme, no porque tuviera ninguna consigna mía”, fue la respuesta de Conchita.

Todos los sospechosos negaron tener algo que ver con el plan o con Concepción y Toral. El 7 de noviembre de 1928 se dio la sentencia: de acuerdo con el artículo 561 el Código Penal que permitía la muerte, León Toral sería fusilado el 9 de febrero y dada su condición de mujer, Concepción Acevedo, autora intelectual del crimen, cumpliría 20 años de prisión en las Islas Marías.

Conchita volvería a la ciudad de México en una ocasión para ingresar al Hospital Juárez y al poco tiempo fue diagnosticada como totalmente sana y regresada a prisión, según datos de EL UNIVERSAL del 26 de octubre de 1933.

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En El UNIVERSAL del 26 de octubre de 1933 se publicó que Concepción llevaba cinco años presa y al año siguiente se casó con Carlos Castro Balda. Archivo/ EL UNIVERSAL

El 16 de abril de 1970, en una entrevista para “Imágenes de la memoria” de Fundación Televisa, Concepción contó que Carlos Castro Balda, preso por detonar bombas en la Cámara de Diputados el 23 de mayo de 1928, le dijo que necesitaba contraer matrimonio con él para ganar protección en la cárcel. “Está bien, pero yo no te quiero”, respondió ella.

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Retrato la Madre Conchita y Carlos Castro Balda, el segundo también es sospechoso de haber pertenecido a la U. Archivo/El UNIVERSAL

Luego de cinco años de cárcel, el 20 de octubre de 1934, Concepción Acevedo de la Llata abandonó los hábitos para casarse y el 9 de diciembre del 40, cuando ella tenía 49 años, el presidente Ávila Camacho “me puso en libertad por una cosa que no nos explicamos”, sostuvo en una entrevista con Jacobo Zabludovsky para la revista Vanguardia.

Quien fuera la madre Conchita escribió su versión de la historia y la difundió en diversas entrevistas y en sus memorias publicadas en 1965. Acorde con el medio informativo AM, en 1952 fundó la asociación civil “Luz Fernandez Semallera de Icaza” para apoyar a niños otomíes. Aparentemente, no hay registros de si la monja tuvo hijos o no.

Según el periódico cultural sinaloense La voz del Norte, Concepción Acevedo de la Llata murió a sus 87 años en 1978 sin lograr su cometido de ser santa, pero el papa Pablo VI le dio permiso de ser amortajada con su hábito de monja. Si mató o no a Obregón es todavía un misterio.

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La Madre Conchita murió en 1978 a causa de una crisis bronco-respiratoria y fue despedida por su esposo y allegados. ARCHIVO/ EL UNIVERSAL.

Fuentes:
Fondo Miguel Palomar y Vizcarra, Instituto de Estudios Sobre la Universidad y la Educación, UNAM.
Garrido del Toral, Andrés, “Concepción Acevedo de la Llata, una queretana en la historia”, 2013
Jiménez Marce, Rogelio, Una monja descarriada: la Madre Conchita y su imaginario de vida religiosa, 2012.
Memorias de la madre Conchita (Concepción Acevedo de la Llata), 1962.
Ramírez Rancaño, Mario, La madre Conchita: ¿autore intelectual del asesinato de Álvaro Obregón?, 2012
Ramírez Rancaño, Mario, El asesinato de Álvaro Obregón: la conspiración y la Madre Conchita, 2014*
Zabludovsky, Jacobo, columna “Castro Balda se confiesa”, 2013
*El acceso al Fondo, las Memorias y la información sobre el proceso y juicio de Toral y Concepción fue a través de esta obra

La foto principal es de la Madre Conchita a sus 49 años el día de su boda con Carlos Castro Balda. Archivo/EL UNIVERSAL.

Acerca de nuestras fotos comparativas, ambas son de Concepción Acevedo de la Llata, la primera de cuando era joven siendo monja a principios del siglo XX y la segunda publicada por EL UNIVERSAL un día después de su muerte siendo mujer casada, se desconoce la fecha exacta, al parecer es de la década de los 70:
 

 

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