La bicicleta trajo pantalones y feminismo a las mujeres mexicanas

Mochilazo en el tiempo

Hace casi cien años México tuvo su primer campeonato femenil de ciclismo en la CDMX, una metrópoli donde se comenzaban a ver cada vez más “muchachas con pantalones” montadas en bicicleta que escandalizaban las calles con su vestimenta y su atrevimiento. Hoy te contamos cómo este artefacto ha corrido en paralelo con las luchas por los derechos de las mujeres

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Una ciclista en los años 60 pasea en el foro del Teatro al aire libre Coronel Lindbergh, Parque México. Foto: Colección Carlos Villasana.

A Mariela, en su día

Texto: Miroslava Callejas

La bicicleta, desde su invención hasta su llegada masiva a las calles, se fue desarrollando paralelamente con la lucha de las mujeres por su emancipación y sus derechos. En esa pelea, la bicicleta tomó un papel fundamental en la búsqueda de autonomía de movilidad de las mujeres y con ello, el cambio radical en su vestimenta.

Con la pandemia ocasionada por la Covid-19 en el mundo, la bicicleta tuvo un nuevo auge totalmente inesperado. Las ventas de este vehículo se dispararon principalmente por garantizar un mínimo riesgo de contagio en los traslados. En México, las compras se han incrementado en más del 200 por ciento. Y, sin duda, las mujeres que decidieron tomar este nuevo de transporte aumentaron exponencialmente.

En 2018, el Plan Estratégico de Género y Movilidad del gobierno de la Ciudad de México dio a conocer que de los 340 mil viajes en bicicleta que se registraron en ese año en la capital, 80 mil fueron realizados por mujeres.

Es decir, entre el 22 y 23 por ciento de los viajes, las mujeres estaban detrás del manubrio, número muy superior a años pasados. Según la Secretaría del Medio Ambiente de la capital, en 2008 sólo se contabilizaban tres mil 900 ciclistas femeninas. En 2015 se realizó un gran salto a 14 mil. A finales de 2016 se alcanzaban las 33 mil ciclistas.

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Una fotografía del 2012 del grupo ciclista Yo Insolente. Foto: Juan Boites/ Archivo EL UNIVERSAL.

Aunque hay mucho por hacer para que más mujeres usen la bicicleta como un medio de transporte alternativo, ha sido una gran herramienta para el feminismo a través del tiempo.  

En México, las bicicletas llegaron desde Boston en 1869, pero la situación política del país sacudida por el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo, hizo que el furor por la nueva máquina desapareciera.

En 1880 llegó otro cargamento. Sin embargo, fue hasta 1890 que arribaron las bicicletas como las conocemos ahora. Pero hasta esas fechas, la bicicleta estaba restringida para unos cuantos porque eran consideradas como artículo de lujo. En 1896 sólo había 800 bicicletas rodando en la Ciudad de México.

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24 de abril de 1930. Una niña en un triciclo en la publicación “bebés sonorenses” de EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

Sin embargo, su llegada también generó un poco de caos en la ciudad: accidentes, robos, choques con peatones obligaron al entonces gobernador de la capital Pedro Rincón Gallardo a crear un reglamento para utilizarlas. Se les permitió el tránsito en las calles, siempre y cuando trajeran una campanilla y una linterna por las noches.

La masificación de la bici en el país se dio hasta la segunda década del siglo XX. Cuando se inició la producción nacional, impulsado por el italiano Giancitto Benotto.

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Anuncio de bicicletas de alquiler de turismo, carrera y para señoritas, publicado el 30 de marzo de 1933. Foto: EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

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22 de septiembre de 1932. Agencia de bicicletas inglesas importadas en Isabel la Católica y San Jerónimo, CDMX. EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

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La llegada de la bicicleta a México también trajo consigo la fundación de clubes de ciclistas. El más importante quizá sea el Cycling Union Club, uno de sus triunfos fue la construcción del velódromo de La Piedad, en la colonia Jardín Balbuena.

Se comenzaron a organizar carreras, reglamentarlas, llevar registros de los recorridos a pueblos aledaños y cronometrar vueltas. También se registraron las actividades de las mujeres sobre la bicicleta.

Según EL UNIVERSAL, el primer campeonato femenil realizado en nuestro país fue el 10 de febrero de 1929 a cargo del Club G.A.C. La justa se realizaba cada domingo y se calificaba la velocidad y la resistencia de las participantes. El 31 de marzo Fanny Basulto triunfó en la primera categoría, mientras que el 7 de abril Carmen Ochoa ganó en la segunda.

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1 de abril de 1929. Primera plana de la segunda sección donde se destaca el éxito del torneo ciclista femenil en México. Archivo EL UNIVERSAL.

Las justas se llevaban a cabo en las instalaciones del club en la Ciudad de México, en las notas de este diario se recalcaba el éxito contundente de las competiciones y agregaban que las mujeres realizaban las pruebas en el mismo tiempo que los hombres.

“La señorita Basulto, después de haber sido declarada vencedora, nos manifestó que se halla sumamente satisfecha de su éxito y que espera, con el transcurso de poco tiempo, llegar a ser una gran sprinter, pues en la actualidad puede competir con muchos hombres veteranos del pedal, y vencerlos a pesar de que ella se inició en el deporte apenas el día primero de enero del año en curso, en que fue inaugurado el velódromo G. A. C.”, informaba este diario.

Asimismo, los testimonios de la época nos permiten ver que la bicicleta aún era un artefacto que no estaba al alcance de todas las personas, pues una de las competidoras, Marina Begovich, comentó a EL UNIVERSAL que no tenía una máquina propia para entrenar como el resto de sus contendientes.

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La ciclista Minnie Walden-Starke en 1897. Foto: Missouri History Museum / Wikimedia Commons.
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Miss Valentine Conwell, 3 años y 4 meses, quien fue llamada la ciclista más joven del mundo en 1895. Foto: California Historical Society Digital Collection / Wikimedia Commons. 

¡Escándalo!: “muchachas con pantalones” y en bicicleta

Los primeros modelos de bicicletas habían aparecido en 1817 en Alemania, consistían básicamente en dos ruedas unidas con una barra de metal. Fue hasta 1870 cuando se le añadieron pedales, por lo que se permitió avanzar más rápido.

A partir de ahí comenzaron a popularizarse entre los hombres de la alta sociedad, pero las mujeres comenzaron a ver en ella una posibilidad de movilidad sin depender de los caballeros. Las primeras en subirse fueron las que pertenecían a las clases altas, que tenían la posibilidad de pagar los precios excesivos de las bicicletas.

Sin embargo, comenzaron a ser mal vistas por la sociedad porque, según las reglas de la época, una mujer no debía atraer mucho la atención en los espacios públicos. Incluso, una corresponsal del periódico estadounidense Chicago Tribune comentaba en 1891: “antes pensaba que lo peor que podía hacer una mujer era fumar, pero he cambiado de idea. Lo peor que he visto en mi vida es una mujer montando en bicicleta”.

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Tarjetas de la serie Girl Cyclists (N49) para cigarrillos Virginia Brights. Foto:  Metropolitan Museum of Art / Wikimedia Commons.

A muchas que se atrevían a utilizarla eran insultadas y agredidas, al nivel de ser apedreadas como en el caso de la feminista Emma Eades. Médicos incluso llegaron a decir que la andanza en bicicleta era perjudicial para las mujeres, que les ocasionaba trastornos nerviosos y podía ocasionar esterilidad.

Pero el cambio más radical vino con el cambio de vestimenta. Los vestidos largos, crinolinas y corsés dejaron de ser usados por las nuevas ciclistas por lo incómodos que eran al momento de pedalear. En su lugar surgieron los bloomers, unos pantalones muy anchos, que prácticamente era un vestido dividido en dos partes, inventado por Amelia Jenks Bloomer.

El escándalo que ocasionó el uso de los bloomers fue mayúsculo, donde la sociedad los satanizó y varios sectores dedicaron horas en desacreditarlos, y a las mujeres que los usaban también. Uno de los casos más célebres fue el de Lady Haberton, a quien se le impidió entrar a una cafetería por traerlos puestos.

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La ciclista francesa Marie Tual con los típicos bloomers entre 1896 y 1897. Foto: Gallica Digital Library / Wikimedia Commons.

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En nuestro país, años después, las reacciones no fueron muy diferentes en cuanto a la ropa de las ciclistas. En una columna de EL UNIVERSAL del 12 de octubre de 1939, titulada “Muchachas con pantalones”, Carlos González Peña escribía:

“Tened cuidado. Cuando en estas no siempre claras mañanas veáis venir a alguien en bicicleta, y vestido de hombre, no deis por seguro que hombre sea, pues bien puede ser mujer... Por lo menos, en tanto que a los hombres no nos pique el antojo de usar falda; que todo puede ocurrir, según andan las cosas en estos cochinos tiempos”. 

El autor hablaba de la pérdida de la “femineidad” por el uso de vestimenta de masculina y afirmaba que “la mujer vestida de hombre deja de ser mujer; parece, en todo caso, chiquillo sin importancia. La falda, como que embellece y solemniza; mientras que el pantalón achica y afea”.

Asimismo, concluyó: “no creo, ni juzgo bien, que la mujer deba imitarnos a los hombres en nada. Saldría perdiendo. Pero en lo que menos debe imitarnos en el traje. Cuestión de gusto”.

Compara el antes y el después deslizando la barra central (clic aquí para ver más grande)

En la fotografía de 1890 aparece Tessie Reynolds, ciclista británica; en la de 2017 vemos a una niña en Oaxaca. Fotos: Wikimedia Commons y Mario Arturo Martínez / Archivo EL UNIVERSAL. Diseño web: Rodrigo Romano.

Días después Lázaro Salinas contaba en EL UNIVERSAL ILUSTRADO que cada día veía a más mujeres en bicicleta, “ese deporte tan de moda en las muchachas”: “Desde la pequeñita de ocho años que en una bicicleta propia de su tamaño, hace esfuerzos por guardar el equilibrio en sus correrías por las aceras, hasta la señora, o señorita quizá, de formas robustas, tienen una fiebre inexplicable dentro de la feminidad por ese deporte”.

“De las 15 muchachas que me encuentro cada día de la semana y de las cien que veo los do­mingos, ninguna he encontrado que se pueda tolerar con la indumentaria masculina”, comentaba Lázaro Salinas sobre los pantalones que usaban para andar en bici.

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Una mujer en bicicleta en la Ciudad de México. Foto: Archivo General de la Nación.
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Un grupo de ciclistas y patinadores en la Primera Sección del Bosque de Chapultepec a principios de los años 80 en la Ciudad de México.  Colección: Villasana-Torres.

Mujeres que revolucionan el mundo en bicicleta

Las mujeres nunca dejaron que las descalificaciones las desmotivaran a andar en bici. Más bien, ocurrió todo lo contrario. En 1897, en un intento contestatario, surgió la guía Damas en bicicleta. Cómo vestir y normas de comportamiento, escrita por la inglesa F.J. Erskine.

Este manual, según la propia autora, era para mujeres ciclistas hecha por una mujer ciclista. Dividido en diez capítulos, el libro daba consejos de todo tipo, que iban desde la adecuada selección de la bicicleta, su atuendo y complementos, consejos nutricionales, y hasta la organización de divertidas pruebas ciclistas en los jardines de las viviendas.

Además, abordó la polémica cuestión de que si andar en bicicleta constituía una actividad apropiada para las mujeres, motivo por el que este libro fue considerado revolucionario.

Del otro lado del continente, la estadounidense María E. Ward publicaba, un año antes en 1896, el libro Ciclismo para mujeres, un manifiesto que buscaba empoderar a las mujeres con los conocimientos teóricos y técnicos que necesitaban saber para dominar sus bicicletas.

Hubo mujeres que se sumaron, desde otras perspectivas, al movimiento contestatario de andar en bici. Tal fue el caso de Annie Cohen (1870-1947), o mejor conocida como Annie Londonderry, quien fuera la primera mujer en recorrer el mundo en bicicleta, en noviembre de 1894. 

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Annie Cohen en 1896. Foto: Wikimedia Commons.

Dos socios de un club de Boston, Estados Unidos, le apostaron a Cohen que diera la vuelta al mundo en un plazo de 15 meses a cambió de 10 mil dólares. Annie, que tenía que mantener a tres hijos, aceptó y con éxito logró cumplir la apuesta.

También está Kittie Knox, una mujer afroamericana que luchó contra la segregación racial y de género, teniendo la bicicleta como arma. Kittie desafió a la Liga Americana de ciclistas (League of American Wheelmen) al llegar con una membresía a la reunión de 1895. Los estatutos de la Liga no permitían a mujeres y mucho menos afrodescendientes como miembros.

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Kittie Knox aparece en The Bearings el 18 de julio de 1895. Foto: Wikimedia Commons.

Finalmente está la feminista norteamericana Susan Brownell Anthony (1820-1906), que se convirtió también en ciclista con la idea de desafiar los papeles femeninos que imponía la sociedad y se le acuña una de las máximas citas del feminismo “la bicicleta ha hecho más por la emancipación de las mujeres que ninguna otra cosa en el mundo".

Como sus pares en otros países, las mujeres ciclistas también sufrieron demonización de su nuevo estilo de vida por parte de la conservadora sociedad mexicana. Aunque a través de los años esto ha ido cambiando, las mujeres aún tenemos algunos obstáculos al momento de subirnos en una bici.

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Dos niñas avanzan a gran velocidad por las calles y avenidas del circuito de la escuela vial para triciclos del Centro de Convivencia Infantil de Chapultepec. Crédito: “Chapultepec”.

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 Un grupo de niñas en el antiguo Centro de Convivencia Infantil, una escuela de movilidad y educación vial para infantes. Foto: Colección Carlos Villasana.

“Agarré la bici porque estaba harta del tráfico” nos comparte Ana Elizabeth Puga, ciclista semi profesional, en entrevista. “Trabajaba en Santa Fe y conseguí otro empleo en Polanco. Vi que por ahí hay una tienda de bicis vintage, me animé a comprar una. Después me dije ¿si me voy de mi casa al trabajo? Ahí comenzó todo, hace ocho años”.

Ana Puga, como es mejor conocida en el circuito ciclista, ha participado en distintas competiciones entre ellas en el Campeonato Panamericano Master de Pista, donde logró una medalla de oro, la Copa de Naciones de Piñón Fijo, en Francia, entre otras. “No tenía idea que tan lejos llegaría en mi bicicleta”.

Por su parte, Areli Carreón, la alcaldesa de la bicicleta en la Ciudad de México, nos comparte como fueron sus primeras andanzas en el ciclismo. “Comencé a andar en  bicicleta porque en Canadá no había otra forma de moverme. Me fui allá porque mi familia me mandó con mi hermana. Yo estaba deprimida y había renunciado a mi trabajo. Pero me recuperé, regresé a México y me compré una. Ya llevó 25 años pedaleando”.

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Areli Carreón con su primera bicicleta. Foto: Twitter Areli Carreón.

“Cuando llegas a rodar en la calle, sientes el acoso y el exceso de atención, y eso merma para que las mujeres rueden. Afortunadamente, existen grupos separatistas que intentan contrarrestar esto. Buscan hacer comunidad y es súper bonito, ahí se realizan talleres desde mecánica hasta de autodefensa”, comenta Ana.

También advierte de la gran desigualdad entre las competiciones masculinas y femeninas. “No hay el mismo apoyo ni el mismo equipo para hombres y mujeres. Es bien disparejo hasta en los premios, mientras que hay competiciones en que el primer lugar varonil en Europa puede llevarse hasta 25 mil euros, una mujer sólo aspira a 900”.

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La mexicana Daniela Campuzano durante la competencia femenina de bicicleta de montaña a campo traviesa en los Juegos Olímpicos de Verano de 2020, el martes 27 de julio de 2021, en Izu, Japón. Foto: AP / Christophe Ena.

En el aspecto de movilidad, Areli también comenta las diferencias de los viajes entre hombres y mujeres. “Los hombres realizan generalmente viajes péndulo, de su casa al trabajo y del trabajo a la casa. En cambio, las mujeres es una movilidad de cuidado, es decir, que nosotras somos las encargadas de ir a comprar las cosas del hogar, recoger a los hijos, llevar a los familiares, etc. Y en ese sentido la ciudad ignora nuestras necesidades y nos excluye. Sin embargo, estamos trabajando con el Congreso de la ciudad para que eso cambie”.

Pese a los obstáculos, ambas comparten que la bicicleta es una de las mejores herramientas existentes. “Es una herramienta que me regresó las ganas de vivir. Es de conquista de libertad. No me detengo y nada me detiene, con ella tengo autonomía de acceso y autosuficiencia.  Es una gran máquina que entrena el cuerpo, la confianza. Ayuda a romper barreras y limitaciones”, nos comparte Areli.

Por su parte, Ana finaliza con lo que ha significado la bicicleta para ella. “Me cambió la vida por completo. La bicicleta te abre un mundo y también te da reveses pero yo le diría a las chicas que se suban, que no saben qué tan lejos van a llegar en ella”.

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Una niña traslada a otra en un triciclo en el Zócalo capitalino en el 2018. Foto: Iván Stephens / Archivo EL UNIVERSAL.
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El 9 de marzo de 2013 cientos de mujeres de todas las edades acudieron a la rodada en tacones por motivo del Día Internacional de la Mujer y también para impulsar el uso de la bicicleta en la Ciudad de México. Foto: Rodolfo Angulo /Cuartoscuro.Com

  • Fuentes:
  • Entrevistas con Ana Elizabeth Puga, ciclista semiprofesional, y Areli Carreón, alcaldesa de la bicicleta en la Ciudad de México. “La bicicleta, la aliada de las mujeres en su lucha”, de Julián David Bernal Pulido.
  • “La bicicleta y la ciudad de México en el siglo XIX”, de Bernardina de la Garza Arregui.
  • “La bicicleta y la emancipación de las mujeres”, Ainhoa Campos Posada.
  • “Damas en bicicleta. Cómo vestir y normas de comportamiento”, reseña de Beatriz Bermejo de Rueda.
  • “En aumento el número de mujeres ciclistas en México”, gaceta UNAM.

 

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