El porqué del término “partes nobles”

Mochilazo en el tiempo

Los genitales han tenido diversos apodos a través de la historia mexicana, unos más pudorosos que otros. Lo cierto es que por cuestiones culturales, pena, burla o represión, se les ha llamado de todo menos por su nombre correcto

Texto: Marco Salas

En el diccionario de la Real Academia Española podemos encontrar términos como “vergüenzas” para hablar de los “órganos sexuales externos del ser humano”. También hay otros eufemismos como “partes naturales”, “partes nobles”, “partes pudendas” o “partes vergonzosas”.

En México, en la vida cotidiana los genitales han tenido incontables nombres, algunos más pudorosos que otros.

En las antiguas páginas deportivas era común encontrar narraciones de peleas de box como la siguiente: “Gibbons  sigue  golpeando y es amonestado  por  el  ‘referee’  por  haber  golpeado en  parte  noble  a  su  contrario”, escribió un reportero el 12 de junio de 1924 en EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

Hoy ya no se dice “partes nobles” en ese contexto, cuando se da un golpe debajo de la cintura se habla de “golpe bajo”.

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La foto antigua es de 1924 de EL UNIVERSAL ILUSTRADO y la foto a color es una pelea de Manny Paquiao del 2011, es de la agencia EFE.

¿Por qué “partes nobles”? No hay un origen único que lo explique y en cambio sí hay todo tipo de argumentos como los de Elí de Gortari, en su libro Silabario de palabrejas dice que “partes nobles” viene del latín nobilis: “Plecaro, ilustre, generoso, principal, excelente, aventajado. Las ingles masculinas son las partes nobles”.

En tanto, Miguel Lorente, estudioso de temas de género, explica en su artículo Las partes nobles, que al inventar ese término el hombre ganó la habilidad de gritar “por mis huevos” y actuar como se le venga en gana gracias al valor añadido en sus testículos que le hace creer que todo lo proveniente de él es noble como sus partes.

“Esto permite la conducta más bruta siempre que se tenga una parte noble que actúa como justificación, de ahí que se llegue a hablar de la violencia por amor o de crímenes pasionales”, describió Lorente.

Ese es uno de los muchos apodos para el falo, Elí de Gortari los ordenó alfabéticamente en su obra a través de cerca de 250 páginas: cabezón, chile, pata, penca, pepino, perico, pistola... Hay otros tantos para la vulva: chango, mena, mesón de las ofensas, mico, molleja, papaya…

 “Desde la niñez aprendí también, como todos, otro lenguaje enteramente común y mucho más corriente que el hablado en los tratamientos formales y decorosos, que nos son impuestos de muchos modos, prácticamente en todos los niveles de la convivencia social. Me refiero al lenguaje procaz de los pelados, del que abominamos en repetidas ocasiones en lo cual incluyo hasta a los más léperos, quienes no dejan de mantener ciertos respetos y de acatar algunos prejuicios”, relata Elí de Gortari.

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Disecciones de los genitales masculinos, muslos superiores y región pélvica. Litografía de 1822. Foto: Wellcome Collection. 

También hay otros argumentos como el de la bloguera mexicana Mónica Moratinos, quien en el 2013 habló sobre aquel “título nobiliario” de los genitales: “Me imaginaba que es porque no están al alcance de cualquiera, pero no. La razón es otra”.

Según Moratinos, el término se debe a que, sin importar el sexo, todo ser humano se hinca por el dolor ante un golpe en la zona sur del cuerpo, “da igual si usted es monárquico o republicano… Las partes nobles enseñan el valor de la reverencia”.
 

Las buenas costumbres

Durante la Edad Media se hablaba de partes del cuerpo “altas” (corazón, cabeza) y “bajas”, los genitales. Lo “bajo” debía ser controlado, al punto de que el matrimonio cristiano del siglo XIII daba a las personas sólo 185 días para reproducirse, sin contar Navidad, Pascua y etcéteras, de acuerdo con Vivianne Hiriart en su artículo Las partes nobles.

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La primera foto comparativa es una copia de la obra “El hombre de Vitruvio” de Leonardo Da Vinci, con la licencia CC BY-NC-SA 2.0. La segunda foto es una reinterpretación de la obra de Da Vinci nombrada “Universal Man” por TheArtfulBadger, bajo la licencia CC BY-NC-ND 2.0. Diseño web: Miguel Ángel Garnica.

En el país han existido algunos sectores que se han escandalizado ante la sola mención de los genitales, por ejemplo, en los años 40 la Legión Mexicana de la Decencia fue parte de la oposición que presionó para taparle sus “vergüenzas” con un calzón de bronce a la Diana Cazadora, la escultura de una mujer desnuda en la avenida Reforma.

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La Diana Cazadora en 1967. En la imagen se observa el calzón que durante años fue obligada a portar. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

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La Legión también era la encargada de perseguir películas inmorales y basada en las clasificaciones recién creadas por el gobierno para los filmes (“A”, para todo público, hasta “D”, con sexo explícito y violencia), publicaba sus críticas mediante afiches en las iglesias, explicó el cronista Alfonso Hernández en una entrevista anterior.

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Crítica de la Legión Mexicana de la Decencia sobre la película Yo Pecador, publicada en 1959. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

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En 1953 existía la Campaña Nacional para la Moralización del Ambiente, la cual dictaba cómo vestir con recato, no se debía tener conversaciones indecorosas, ni ir a balnearios con personas del otro sexo, menos exhibirse “a medio vestir en playas ni piscinas”, según Los Rostros del conservadurismo mexicano, escrito por Renée de la Torre y Juan Manuel Ramírez Saíz.

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Portada de EL UNIVERSAL ILUSTRADO de 1917 donde se mostraba a un grupo de bañistas del torneo de natación.

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La publicidad para trajes de baño de los años 50 no tenía mujeres modelando las prendas, sino dibujos. Foto: Archivo EL UNIVERSAL (12 de septiembre de 1950).

De acuerdo con el libro, durante el sexenio del presidente Miguel Alemán (1946-52), la Iglesia católica aun rezagada por la Guerra Cristera recuperó espacios en la educación y en las escuelas se prohibieron publicaciones que estimularan la excitación de malas pasiones o que ofendieran al pudor o las buenas costumbres.

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El primer Congreso Nacional para la Moralización del Ambiente. Fotos: EL UNIVERSAL (9 de agosto de 1953).

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Ya desde los años 20, la Iglesia buscaba reglas en la vestimenta femenina. Si un hombre les reclamaba por su ropa, ellas respondían “usted falta a las reglas de la galantería y es un insolente”, de acuerdo con EL UNIVERSAL ILUSTRADO del 26 de marzo de 1920.

La importancia de nombrar lo innombrable

Pese a las muchas maneras de llamar a los genitales, ha habido un profundo desconocimiento de estos. Oliva Solís Hernández, en su investigación Mujeres y sexualidad. Querétaro, (México) 1940-1960, explica que en los conventos se dormía con las manos fuera de las cobijas para evitar “tocamientos”.

En la investigación, otra mujer llamada Clara contó que se casó con miedo y dudas: “Desafortunadamente por parte de mis padres nunca recibí ninguna información, al contrario, fueron miedos, muchos miedos si llegabas a tocar este tema, pues era una falta de respeto hacia ellos, por lo que no me atrevía a preguntar nada”.

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Dibujo del siglo XVII donde se muestran los genitales de la mujer. Foto: Wellcome Collection

La educación sexual en México se incluyó en los programas de educación básica desde 1974 bajo la justificación de que es un derecho de cualquier individuo y parte de su desarrollo óptimo.

En la actualidad continúa vigente el tabú lingüístico sobre los genitales, sobre todo en sus formas más caricaturizadas.

“¿Por qué no tenemos mayor problema en decir oreja o muela, pero nos sonrojamos ante la idea de enseñar a nuestro hijo que lo que tiene ahí abajo es un pene, o que lo que tiene nuestra hija se llama vulva?”, se lee en el artículo Ni ‘toto’ ni ‘colita’: por qué es importante que los niños llamen a los genitales por su nombre, vulva y pene, de Mamen Jiménez.

Los niños se confunden si los adultos nombran erróneamente a los órganos sexuales y educarlos en la materia es importante ya que la principal causa de abuso sexual infantil es que los niños no reconocen cuando sufren uno, de acuerdo con el texto Niños deben conocer sobre sus órganos genitales y saber que nadie debe tocarlos, de Evelyn Jácome.

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Algunas víctimas tardan en notar un abuso porque piensan que sólo la penetración es agresión e ignoran otros elementos igualmente dañinos. Foto: EL UNIVERSAL (12 de abril de 2002).

Según la información de Jácome y a manera de recomendación, al enseñar a los pequeños el nombre correcto de los genitales se debe aprovechar la cotidianeidad y ser sencillo, por ejemplo, en el baño podría pedírseles permiso para limpiar su pene, vagina o ano y no poner apodos chistosos a los genitales, lo cual también rompe la tendencia de crear una imagen vergonzosa del cuerpo.

La fotografía principal es una composición de las estatuas David y Venus de Milo.  Crédito: Wikimedia Commons.

Fuentes:

  • Hemeroteca EL UNIVERSAL.
  • Silabario de palabrejas, de Elí de Gortari.
  • “Las partes nobles”, de Mónica Moratinos.
  • “El último tabú sexual femenino: todas lo hacen nadie lo cuenta”, de Miguel Ayuso.
  • “Las partes nobles”, de Vivianne Hiriart.
  • “Niños deben conocer sobre sus órganos genitales y saber que nadie debe tocarlos”, de Evelyn Jácome.
  • “Ni ‘toto’ ni ‘colita’: por qué es importante que los niños llamen a los genitales por su nombre, vulva y pene”, de Mamen Jiménez.
  • “Las partes nobles”, de Miguel Lorente.
  • “Klittra: Sweden’s new word for female masnturbation”, de Lucy Mangan.
  • Mujeres y sexualidad. Querétaro, de Oliva Solís Hernández.
  • Los rostros del conservadurismo mexicano.
  • “La importancia de que los niños le digan por su nombre a las partes íntimas”, de Nancy Steinberg.

 

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