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El porqué de los viejos rabo verdes

El término se ocupa para definir a una persona de edad adulta que gusta de relacionarse con jovencitas. También aplica para mujeres adultas; sin embargo, a pesar del género tienen características similares y esta conducta tiene múltiples orígenes
Viejos verdes
24/08/2019
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Texto: David Pineda Villalpando
Diseño web
: Miguel Ángel Garnica

Es común que al caminar por las calles observemos a hombres mayores, incluso de la tercera edad, coqueteando con mujeres muy jóvenes, a quienes popularmente se les llama viejos rabo verde. Y es que para todos es obvio que la diferencia de edades casi siempre haría imposible alguna de estas relaciones; sin embargo, este comportamiento puede tener variados orígenes.

Personalidades como estas siempre han existido dentro de las sociedades y a menudo son foco de críticas y burlas por sus pretensiones. El término viejo verde es utilizado para las personas mayores, que se descontextualizan de su longevidad o pierden la noción del tiempo en términos de su edad.

El diccionario de la Real Academia Española lo define como: viejo verde, adj. Dicho de una persona: Que conserva inclinaciones sexuales impropias de su edad o su estado.

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"Este viejo a las dos nos hace el amor", archivo Casasola.

“El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus clientes cuando tenía una novedad disponible. Nuca sucumbí a ésa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios”, Memoria de mis putas tristes, Gabriel García Márquez.

Para la psicóloga egresada de la UNAM, Valeria Aguilar Vázquez, una característica que predomina en un viejo rabo verde, aparte de sentirse que aún tiene juventud a pesar de ser un adulto mayor, es la perversión hacia las mujeres jóvenes aunque sean menores de edad.

“Freud plantea que el libido de la pulsión sexual va del autoerotismo a la búsqueda del otro para el ejercicio de la sexualidad, el sentir satisfacción en cierta zona erógena sin llegar a la genitalidad era perversión, porque el objetivo final estaba pervertido”, dice la especialista.

En el libro de Seis siglos de historia gráfica de México 1325-1976 de Gustavo Casasola relata que durante el Porfiriato había tres clases sociales de viejos verdes: el de la clase alta, que eran los viejos con buena solvencia económica quienes buscaban a las jovencitas de 20 años y estás aceptaban por conveniencia; los de la clase media, eran los viejos con una economía regular y estos buscaban el placer de hacerle el amor a las cocineras o recamareras; los de la clase baja, eran aquellos que se conformaban con toparse a cuanta mujer veían sus ojos y florearlas con halagos o piropos.

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“El amor en la cocina, sorprendido infraganti”, Archivo Casasola.

Este último viejo practicaba la perversión en jovencitas con el simple hecho de escucharlas u observarlas era suficiente para encontrar satisfacción. También hubo variados refranes que se referían a estas actitudes de mayores: “a mocedad viciosa, vejez penosa”.

En el viejo de clase media era muy común su lujuria como cualquier otro adolescente, relata el cronista de Iztapalapa, Jorge de León, es por eso que ellos buscaban siempre el placer sexual: “a buey viejo, cencerro nuevo”.

En México era común que se encontrar a los viejos de media y baja en lugares públicos, o también en bares y clubes nocturnos: la Condesa o la Zona Rosa eran precisamente los lugares concordados para este viejo rabo verde relata el también integrante de la Asociación de Cronistas Oficiales de la Ciudad México.

El rico podría tener una diferencia no tan sexual a comparación de los otros dos viejos de clase baja, en ocasiones el de clase alta se conformaba con tener una pareja joven con quién sentirse bien a su lado, como se relata en la novela de García Márquez: “volví a la cama con mis calzoncillos de besos estampados y tendí junto a ella. Dormí hasta las cinco al arrullo de su respiración apacible. Me vestí a toda prisa sin lavarme, y entonces solo vi esa sentencia escrita con lápiz labial en el espejo del lavabo: El tigre no come de lejos”.

Sin embargo, la psicóloga asegura que aún existe una ventaja de edad y no hay una equidad para que esta relación se pueda dar, que en esta imparcialidad la joven es la que más pierde y sigue siendo pederastia en el caso de las menores: “A viejo recién casado rechazarle por finado”.

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Archivo de Jorge de León, cronista de la alcaldía de Iztapalapa/Cortesía.


¿Qué sucede hoy con el género opuesto?

El hecho de que existen cougars, mujeres maduras que prefieren salir, relacionarse o incluso casarse, con hombres más jóvenes que ellas, no es ninguna novedad, se lee en una nota de abril de este año en EL UNIVERSAL.

“Ellas empiezan a aparecer en la época en la que se acepta que las mujeres pueden elegir sobre su sexualidad libremente fuera del matrimonio”, cuenta la psicóloga Vázquez.

“El término cougar es muy norteamericano, mujeres maduras entre 45 a 55 años que tienen una predilección especial por muchachos de 20 a 30. Incluso se sabe que los buscan y les pagan, pero también hay mujeres que pretenden una relación estable con un joven, hasta el enamoramiento”, argumenta el cronista Jorge de León.

Para la psicóloga, el viejo rabo verde y las cougar comparten tres características psicológicas por sus gustos hacia jóvenes. “Son tres rubros por lo que estas personas no dan el paso hacia la adultez: el primero es cuando se casan jóvenes o existe una embarazo y corta esta etapa de golpe, o personas que tuvieron que madurar antes de tiempo; el segundo es cuando a pesar de haberse casado a una edad correcta y tienen sus hijos, pero sus hijos son adolescentes, reviven su adolescencia porque se enfrentan con una etapa en la que ellos no aceptan ser viejos.

La tercera etapa responde a situaciones de lesiones orgánicas o cerebrales, son quienes normalmente eran muy maduros para su edad, pero algún medicamento, enfermedad o accidente dañan la parte frontal de su cerebro y por ello llegan a tener una impulsividad sexual”, dice la psicóloga.


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"Aprovechando el momento para gatear", del Archivo Casasola


El porqué de los jóvenes hacia los adultos

“En la parte fálica de desarrollo surge el complejo de Edipo donde el niño está enamorado de la madre o la niña del padre: en el niño se pregunta por qué la madre está con el padre, por qué la besa, por qué la abraza si mi madre es solo mía; la niña es coqueta con el papá: se sienta en sus piernas, le da besos y de igual manera trata de alejar a la mamá”, argumenta la psicóloga Valeria Aguilar.

Según la especialista cuando el niño ve a su padre trata de ser como él porque quiere tener a alguien como mamá y cuando la niña ve a su madre también trata de parecerse a ella para tener a alguien como papá. Es por ello que cuando crecen y no superan esta etapa de Edipo tienen una relación con personas adultas.

 “Es una crisis pero no le da todos, normalmente le da a personas que no pudieron resolver este complejo edípico entre la infancia y la adolescencia, entonces es algo que se va arrastrando es cuando se empieza a vivir en una adolescencia eterna”, afirma la psicóloga Vázquez.  

Al final, para el cronista este comportamiento es algo normal, pero desde el punto de vista psicológico, afirma la licenciada Valeria Aguilar, responde a una perversión y hasta podría caer en pederastia, además de que muchas otras pueden ser las causas de estas preferencias tanto de un lado como del otro.

Nuestras imágenes principal y comparativas, todas son de la enciclopedia de Seis Siglos de Historia Gráfica de México de Gustavo Casasola y representan a los llamados viejos rabo verde.

FUENTES:
Archivo Hemeroteca de EL UNIVERSAL.
Valeria Aguilar Vázquez, licenciada en Pscología por la UNAM, Maestría en psicoterapia general en la Asociación Psicoanalítica Mexicana.
Jorge de León, cronista de la alcaldía de Iztapalapa, tesorero de la Asociación de Cronistas oficiales de la Ciudad de México.
Seis siglos de historia gráfica de México 1325-1976, Gustavo Casasola.
Memorias de mis putas tristes, Gabriel García Márquez.
https://www.eluniversal.com.mx/espectaculos/las-nuevas-cougar
 

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