El estilo de los años 40 que se niega a desaparecer

Mochilazo en el tiempo

La moda se adapta a variados contextos históricos, tal fue el caso de los años 40 en medio de la segunda guerra mundial. En México aún hay quienes gustan de este estilo

Texto: Ruth Gómez y Carlos Villasana.

A pesar de que la moda cambia rápidamente, aún es posible observar a mujeres con vestidos de los años cuarenta. Para saber un poco más al respecto, nos acercamos a la locutora Fátima Aguilar Hernández, experta en música, moda de los años cuarenta y cincuenta, así como en la confección de este tipo de indumentaria.

Aguilar comenta que para hablar de los años cuarenta de forma local se tiene que contemplar el contexto mundial. La sociedad atravesó por una gran guerra y después por un periodo de readaptación, fueron años de constantes crisis.

En cuanto a la ropa, la moda de las mujeres dio un vuelco ya que, aunado a la escasez de insumos presente en la gran mayoría de las industrias, en la vida de ciertas mujeres hubo cambios que años después fue una constante y hoy es parte de la realidad de la gran mayoría de las sociedades mundiales: la entrada de la mujer a la fuerza laboral.

La entrevistada define a la moda de esta época como “elegante que se tuvo que transformar, pero que salió a flote y que incentivó la creatividad de decenas de personas, especialmente, mujeres”.  Ellas tuvieron que recrear su vestimenta para adaptarse a una sociedad cambiante, la ropa tenía que permitirles moverse ágilmente en las fábricas o en cualquier otro trabajo y también para realizar las labores del hogar de forma más cómoda.

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Una chica posa en los jardines que había en el Zócalo capitalino, atrás se ve la Catedral Metropolitana. Su vestimenta incluye un saco con hombreras, moda clásica de los años 40.  Ochenta años después, Fátima incorpora elementos de la confección de esa época en su vida diaria. Colección Carlos Villasana./Fátima Aguilar Hernández.

Por un tiempo, las telas que hacían que una prenda sobresaliera fueron casi imposible de conseguir, por lo que el aspecto y los colores de los vestidos o trajes empezaron a ser muy similares, tanto en los tonos como en los uniformes utilizados por los hombres.

Sin embargo, en aquellos años las mujeres lograron darles detalles distintivos al enmarcar ciertas partes del cuerpo como la cintura o acompañándolos de ciertos accesorios.

Tablones, sombreros y hombreras para ellas

Las prendas a utilizar eran de dos piezas, ya fuera una falda en pliegues tipo tablones u holgada que llegaba abajo de la rodilla. En el caso de los sacos, se añadieron hombreras para que las mujeres pudieran resaltar y estaban adornados con elegante botonería o cinturones.

En cuanto a vestidos había varios, unos cubiertos y otros que tenían “más trabajo” en  el escote o la espalda, aunque seguían siendo sueltos de la falda y abajo de la rodilla.

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Los tablones en faldas y vestidos eran la moda entre las chicas. Colección Carlos Villasana.

Se empezaron a fabricar pantalones para mujer más holgados que les permitieran trabajar. Había pantalones con bolsas amplias en los costados pero que, al mismo tiempo, “marcaban muy bien la silueta para la cintura, se buscaba que la ropa se adaptara o diera forma al cuerpo femenino porque se estaba viviendo una guerra y se empezaba a diluir lo que en aquél tiempo se consideraba parte importante: el porte o la elegancia de una mujer”.

En cuanto a los accesorios, los que más se utilizaban eran los sombreros que daban un toque elegante o femenino; las cofias, las redecillas o las mascadas para aquellas que trabajaban y que recogían su cabello para evitar accidentes.

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Damas de honor en alguna calle de la capital en los años 40. Accesorios como sombreros, guantes largos o tocados con redecillas daban un toque elegante a la vestimenta. Colección Carlos Villasana.

Los zapatos que empezaron a marcar una diferencia fueron los Oxford y los de cuña o mocasines, entre otros, estos aún los podemos encontrar en tiendas especializadas que, a pesar de que los han modernizado, han logrado mantener el estilo.

También en estos años, especialmente en el periodo de la posguerra, las mujeres empezaron a utilizar calcetas ya que había poco nylon para medias. Para algunas esto fue lo mejor porque por fin pudieron decidir si querían usar medias, calcetas o nada al momento de vestirse.

Cuando México escuchó el grito de la moda de los 40

A nivel local, el periodo posguerra permitió en cierta medida el crecimiento del país. Al igual que en otras partes del mundo, las mujeres empezaron a trabajar en espacios considerados hasta entonces “para hombres”, lo que significó un gran paso para ellas, su presencia social y por ende, para la moda.

Ya en un mundo posguerra, telas distintas empezaron a llegar al país pero muchas mujeres no podían comprarlas. Si bien hubo importantes cambios económicos, las mujeres empezaban a
desarrollarse socioeconómicamente, por lo que muchas preferían comprar telas no tan caras y hacerse o mandarse a hacer la ropa que más les gustara.

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Vestidos de corte en “A” o semicirculares eran la tendencia para las mujeres en esta década, al igual que los cuellos de grandes solapas y los bolsos pequeños. Colección Carlos Villasana.

“Las mujeres mexicanas tomaban sus modelos a seguir y encontraban la manera de hacerlo en México. Se llenaban de ideas sobre ropa a través de películas que llegaban al país o del Cine de Oro nacional, ya que se fijaban en los modelos que portaban las actrices, quienes estaban en sintonía con lo que estaba en tendencia en otros países”, explicó Fátima.

Además de las películas, la inspiración para vestirse venía de revistas o libros de moda a los que ciertas mujeres tenían acceso y, tanto la confección como el tejido de ropa, facilitaron que muchas empezaran a hacerse sus prendas y lo mejor era que podían adaptarse a su presupuesto.

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Entre las películas internacionales que destacó Fátima como inspiración para la moda de los años cuarenta está “Casablanca” (1942), protagonizada por Ingrid Bergman. Tomado de YouTube.

Entre las películas nacionales que marcaron el camino de la moda en los años cuarenta están: “La diosa arrodillada” (1947) con María Félix; “Ahí está el detalle” (1940) con Cantinflas; o ”El Gran Calavera” (1949) que, al parecer de Fátima, “permite ver la distinción entre la forma en la que se vestían las mujeres de diferentes clases sociales. Cada persona vestía a la manera que económicamente podía”, comentó.

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Desde las primeras escenas de "La Diosa Aroodillada"  (1947), María Félix y Pedro de Córdova lucen la moda de los 40. Tomado de YouTube.

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En "El Gran Calavera" (1949) quedó retratada la moda en la vida cotidiana de una familia pudiente de la capital. Tomado de YouTube.

Las mujeres con economía más estable podían comprar en diversas tiendas del Centro Histórico especializadas en vestidos, zapatos y accesorios. Las de clase media tal vez no tenían dicha facilidad, pero sí podían mandarlo a hacer con una familiar, una conocida o amiga que supiera coser y bordar.

Mientras tanto, para mujeres con escasos recursos el aprender a hacer ropa no era una opción por gusto, sino por necesidad, pues era una forma de generar el sustento económico que les permitiera vestir a quienes dependían de ellas.

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Un grupo de mujeres toma clases de corte y confección en un amplio salón muy bien iluminado en los años 40. Al parecer la fotografía fue tomada en Querétaro. Colección Carlos Villasana.

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Jóvenes con vestidos sencillos en los años 40, también había gran variedad en la textura de las telas. Colección Carlos Villasana.

En la actualidad existen hombres y mujeres que valoran y han traído al presente no sólo la música, sino también el estilo y moda de esta época. Fátima comenta que le encanta dedicar tiempo a los vestidos que le piden hacer; dependiendo del estilo tarda entre una y dos semanas, aunque a veces cuenta con la ayuda de su mamá, un momento que comparten.

Aquí cabe mencionar si las personas que encargan esta ropa tienen eventos sociales, si comparten su actividad y gustos en redes, etc.

A pesar de que ella no se dedica exclusivamente a hacer prendas de estos tiempos, le da gran satisfacción que sus amigas o clientas porten con alegría los vestidos que siempre imaginaron y que ella les ayudó a crear. Inició con la costura por la misma razón que varias mujeres del pasado: por la necesidad de portar ropa a su gusto y que se adaptara a su forma.

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Dos mujeres con elegantes faldas debajo de la rodilla y blusa de manga larga acompañan su atuendo con cinturones que remarcan la cintura, otro accesorio que armoniza el atuendo son las pequeñas bolsas. Fotografía de los años 40 en el marco de los arcos del zócalos capitalino. Colección Carlos Villasana.

Sus principales clientes son personas que están en la escena del rock and roll o rockabilly. Menciona que ha habido personas que le compran un vestido para llevarlo a eventos especiales de la escena, dentro o fuera del país.

Recuerda con especial cariño a una de sus amigas que le compró un vestido para ir a un evento en Las Vegas: "y claro que las redes sociales nos han ayudado, no nada más para dar a conocer a los creadores sino también para que todos los que tenemos gustos parecidos, en este caso el rock and roll o la moda de los 40 o 50, nos podamos reunir", dijo.

A modo de despedida, comparte que en varias ocasiones mujeres mayores la han detenido en las calles por los vestidos que a veces usa para salir. Platican sobre cómo se vestían ellas cuando eran jóvenes y le cuentan historias de cuando iban a bailar con sus amigas, o que portando un vestido similar encontraron al amor de su vida. Sin duda, son momentos que la llenan de ternura y cariño hacia su labor.

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Fátima Aguilar gusta vestir al estilo de los años 40. Aquí con una falda con soporte ancho en la cintura, elegante botonería y cofia hacen juego con los colores de su bolsa, abanico y zapatillas. Cortesía Fátima Aguilar, experta en música y moda de los años 40.

  • Fuentes:
  • Fátima Aguilar Hernández. Comunicóloga y locutora con un gran interés en la moda y música de los años cuarenta y cincuenta.

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