El cuadernillo de los años 60 para los pequeños capitalinos

El gobierno capitalino publicó un pequeño libro que explicaba a los niños el funcionamiento de la Ciudad de México. Este cuadernillo de 144 páginas con fotografías y textos breves describía los transportes, los mercados y sugería a los maestros desde visitar estaciones de bomberos y policías, hasta la implementación de las llamadas Patrullas Escolares, así pretendía orientar a los citadinos del futuro

Un par de niñas frente a un mural donde se pueden ver a mujeres revolucionarias y a la poetisa Sor Juana Inés de la Cruz, una de las fotografías del cuadernillo El Escolar y la Ciudad de México. Colección Carlos Villasana / DDF 1968 - 1970.
10/10/2021 00:00 Actualizada 05:00
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Un par de niñas frente a un mural donde se observan mujeres revolucionarias y a la poeta Sor Juana Inés de la Cruz, en una de las imágenes que contenía este cuadernillo, El Escolar y la Ciudad de México, de 144 páginas. Colección Carlos Villasana / DDF 1968 - 1970.

Texto: Ruth Gómez y Carlos Villasana

Uno de los primeros acercamientos que tienen los habitantes y visitantes de la Ciudad de México con el patrimonio que tiene esta urbe es a través de la escuela, con visitas escolares a sitios específicos, como por ejemplo el Castillo de Chapultepec o el Museo de Antropología

Entre los años sesenta y setenta, el gobierno capitalino desarrolló un cuadernillo de 144 páginas  llamado El Escolar y la ciudad de México de José Ávila Garibay, que se entregaba a docentes y a los alumnos como parte de un programa educativo para que la infancia comprendiera cómo era el funcionamiento de la capital, es decir, qué la integraba además de parques y otras zonas de recreo.

En esta publicación se explicaba que el gobierno, a través de sus oficinas de tránsito, había editado otros 25 folletos diferentes sobre la educación y seguridad vial, que se entregaban en escuelas y diversas zonas de la capital para el ciudadano en general, con la intención de ampliar su conciencia cívica y, de la misma forma, ser responsable de sus acciones en el espacio público.

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Portada del cuadernillo El Escolar y la Ciudad de México de José Ávila Garibay. Fue elaborado por la Unidad de trabajo para escuelas primarias y secundarias de la Dirección General de Tránsito del entonces Departamento del Distrito Federal. Colección Carlos Villasana.

Por desgracia, estos folletos y cuadernillos, al ser en su momento regalados a la población por parte del gobierno, no es fácil encontrarlos, aún para los coleccionistas, porque es muy raro que alguien llegue a conservarlos y más aún los haya coleccionado.

El escolar y la ciudad de México daba a conocer a los niños, a través de fotografías del mismo DDF y textos cortos, en qué consistían los servicios públicos —con un directorio de teléfonos de emergencia y servicios para cualquier tipo de asistencia—, así como la importancia de la higiene y las responsabilidades que se deben tener en el espacio público como evitar beber agua de la calle o del grifo, no tirar basura en cualquier sitio y acercarse a los mercados citadinos para conocer más sobre lo que se come en casa.

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De esta forma lucían los mercados capitalinos a finales de los años setenta. Colección Carlos Villasana / DDF 1968 - 1970.

Las “Patrullas Escolares”

Debido a que el interés de este cuadernillo era incluir a los infantes en todos los aspectos de la vida de la capital,  las autoridades locales dieron a conocer la operación de las “Patrullas Escolares”, integradas por niños y niñas que protegían a sus compañeros durante la entrada y salida de clases.

Algunos de ellos también podían participar los fines de semana dirigiendo el tráfico en los alrededores del primer cuadro y parques públicos, siempre supervisados por un agente de tránsito.

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Arriba: Alumnos de diversas escuelas capitalinas eran parte de las patrullas escolares, un programa de la Dirección General de Tránsito. Colección Carlos Villasana / DDF 1968 - 1970.
Abajo: Oficial de tránsito dirigiendo el paso de ciclistas, peatones y automóviles frente al Palacio de Bellas Artes, sobre Madero y Eje Central. Colección Carlos Villasana / DDF 1968 - 1970.

Por el mismo interés, se explicaba que el gobierno tenía el objetivo de impartir programas de educación vial a los capitalinos desde pequeños; se leía que en la ciudad transitaban automóviles, ciclistas, transportistas y peatones y que cada uno tenía obligaciones mientras estaba en el espacio público. 

La educación vial consistía en enseñar el “mínimo de conocimientos y normas de conducta” que los ciudadanos debían tener, sin importar su clase social. El interés de que las infancias y la juventud conocieran el funcionamiento del sistema vial era porque ellos serían los conductores, usuarios y peatones del futuro.

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Autobuses y taxis de los años sesentas y principios de los setentas. El cuadernillo decía que en ese entonces circulaban 21 mil 200 automóviles que se dedicaban al servicio colectivo; operando desde 100 sitios y 24 rutas de peseros. Colección Carlos Villasana / DDF 1968 - 1970.

En esta obra y de una manera un tanto romántica, se definía a los monumentos como:

“El cuerpo visible de nuestro pasado en sus más altas expresiones,  son como imágenes vivas, reflejo de los más altos momentos de la existencia de nuestra nacionalidad. Esas imágenes de nuestro pasado deben estar incorporadas a la vida contemporánea, transmitirse vivas a las próximas generaciones para que éstas, conociendo y respirando de ellas lo mejor de nuestra tradición, tomen conciencia de lo esencial e invariable de nuestro ser y extraigan la fuerza, la inspiración necesaria, a fin de construir el mundo futuro de México”. 

Se sugería que los docentes implementaran actividades como visitas a museos, monumentos, parques y jardines mientras se explicaba la historia de los personajes, de esta forma se uniría el aprendizaje con el entretenimiento.

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Niños y niñas disfrutando de actividades escolares fuera de las aulas. Colección Carlos Villasana / DDF 1968 - 1970.

Asimismo, se recomendaba que se llevara a los infantes a “pasear” por el Metro, que entendieran su funcionamiento y que también fueran a conocer las estaciones de bomberos y policías.

Otro de los ejercicios que se sugería era la proyección de películas de historia o donde fueran visibles los cambios que había tenido la ciudad, para que los pequeños entendieran cómo se había ido transformando.

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Arriba: El cuadernillo mostraba cómo se había transformado la capital en varios aspectos, también pretendía dar la impresión de que la ciudad se modernizaba en infraestructura. DDF, Colección Carlos Villasana.
Abajo: Se sugería a los maestros llevar a los niños a “pasear” por el Metro, que entendieran su funcionamiento y que también conocieran las estaciones de policías y bomberos. DDF, Colección Carlos Villasana.

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La primera imagen es de los años 60, un niño sostiene un libro de texto gratuito con la imagen de La Patria en la portada. La segunda fotografía a color es del 2002, donde otro pequeño sostiene un libro de texto gratuito actual, ahora especializados en el estudio de cada estado, aquí el estudiante lee el distribuido para los escolares de la Ciudad de Mëxico. Archivo EL UNIVERSAL.
 

Una ciudad rumbo a la modernidad

Para la ingeniera arquitecta Vanesa Sánchez de la Rosa, este cuadernillo reflejaba dos intereses: el integrar a la infancia hacia el conocimiento de la ciudad y mejorar la infraestructura que la ciudad tenía en ese entonces, ya que la población crecía de forma descontrolada y, al mismo tiempo, se quería proyectar la imagen de una ciudad “contemporánea y moderna”

Comenta a EL UNIVERSAL que si bien el crecimiento poblacional empezó alrededor de los años cuarenta del siglo pasado, fue hasta los cincuenta que el gobierno implementó el primer manual de tránsito y en los sesentas y setentas se desarrollaron contenidos que contemplaban a los niños y niñas como miembros importantes de la vida de la ciudad.

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Imagen de un niño entretenido en lo que parece ser un juego de nemotecnia. En su mano tiene una tarjeta con una ilustración de personas al interior del transporte público, la cual intenta emparejar con el tablero que tiene enfrente. Colección Carlos Villasana / DDF 1968 - 1970.

“Este libro no sólo contaba con información actual, sino que además hacía hincapié en los antecedentes, haciendo conscientes a los pequeños que el suelo que pisaban estaba por encima de lo que un día se hacía llamar el México - Tenochtitlan, el establecimiento de un sistema hidráulico para poder habitar en el lago de Texcoco y las múltiples instalaciones que reflejaban el tipo de vida que los mexicanos llevaban antes de ser conquistados, el respeto al patrimonio existente, y una remembranza de los lugares más representativos de la ciudad en su nueva y antigua existencia”, explicó.

El Escolar y la ciudad de México fue de los primeros cuadernillos que planteaba que se enseñara a las infancias cómo funcionaba el gobierno capitalino, cuáles eran las principales dependencias y dónde acudir en caso de alguna emergencia. Como se mencionó anteriormente, este programa consideraba que las niñas y los niños eran parte importante del funcionamiento de la ciudad. 

Sin embargo, los avances tecnológicos han cambiado -de forma cada vez más constante- la forma en la que los niños y niñas disfrutan la vida cotidiana en la ciudad: hoy, tanto instituciones académicas como de entretenimiento se han dedicado a desarrollar nuevos mecanismos para que los pequeños citadinos puedan aprender sobre la historia del sitio en el que viven utilizando elementos multimedia como videos educativos, códigos QR y otras plataformas.

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La publicación pretendía orientar a los capitalinos, desde pequeños, a respetar a los demás y a mantener una sana convivencia cuando se encontraran en espacios públicos. DDF, Colección Carlos Villasana.

  • Fuentes:
  • Vanesa Sánchez de la Rosa, Ingeniera - arquitecta.
  • Cuadernillo El Escolar y la ciudad de México de José Ávila Garibay para el Departamento del Distrito Federal, 1968-1970.

 

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