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De las monografías a las memegrafías

Hace más de 50 años surgieron en México las primeras monografías escolares como material de apoyo para los estudiantes de primaria y secundaria. A pesar de las nuevas tecnologías, éstas se siguen vendiendo en las papelerías y hasta se hacen parodias en Internet
24/11/2019
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Texto: Aída Castro Sánchez
Fotos actuales:
Iván Campos
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 

Desde hace más de medio siglo las monografías escolares llegaron para quedarse en la vida de los estudiantes mexicanos, a pesar de las nuevas tecnologías como Internet y la impresión a color, aún las compran en su papelería de confianza.

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Las laminillas o monografías se imprimen a cuatro tintas en papel couche. Las primeras que salieron al mercado informaban sobre la historia de México, geografías, las culturas y anatomía.

La idea surgió de un particular en los años sesenta quien se dio cuenta de que este material de consulta circulaba en Europa y lo adaptó al contexto mexicano. Los primeros temas fueron de historia de México, geografía, el cuerpo humano hasta temas de salud, ciencia y tecnología.

En México las monografías son elaboradas por varias empresas, entre ellas Ediciones Sun Rise, Grupo Editorial Raf y Ediciones Bob. Los primeros dibujos de éstas eran hechos con pincel, después con aérografo hasta llegar al diseño digital.

Existen más de 800 temas de estas laminillas o estampas que  resumen un tema específico, acompañadas de imágenes relacionadas con el contenido y que no sólo se utilizan como fuente de información (que al inicio fue la idea original) sino también para ilustrar.

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En la imagen un dibujo de la cultura Totonaca, pintado con acuarela, antes de ser enviado a impresión. Los temas de las monografías se actualizan  conforme a la demanda que se da en el mercado y en base a los planes de la SEP.

La señora Hilda Barrera desde hace 14 años atiende la papelería de su padre, ubicada en Coatepec, municipio de Ixtapaluca en el Estado de México. Ella vende cada monografía en dos pesos con cincuenta centavos y recuerda que hace 30 años costaban 60 centavos. 

Son más de  mil temas que tiene en su catálogo y los más vendidos son los relacionados con historia o de efemérides, como el de Los Niños Héroes, La Independencia o la Revolución, dice en entrevista con este diario. 

 “La Japonesita y La Aurora son dos papelerías que ya no existen pero que en mi infancia me sacaron de apuros porque les compraba cuadernos, lápices, monografías o biografías para hacer mi tarea” recuerda la señora Luz Sánchez.

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Las editoriales venden un paquete de 72 piezas entre monografías, biografías, mapas y otras estampas con los temas más importantes para ilustrar fechas cívicas.

Dedicada a su hogar, la señora Sánchez dice que hace 30 años no había Internet, ni copias a color y “si no te daba tiempo de ir a una biblioteca las monografías te ayudaban no sólo por la información breve, sino también para ilustrar algún tema como el de la Revolución o la Independencia”.

Para conocer la historia y elaboración de las monografías consultamos con uno de sus fabricantes. “La idea venía de Europa, mi padre la importó para la empresa donde trabajaba donde decidieron que aquí podíamos hacerlas y adaptarlas a México”, dice en entrevista con este diario Arturo Blanco, director comercial de Ediciones Bob.

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 “El alma de la monografía, o el objetivo de la monografía, es la ilustración. La impresión a color para los padres de familia no es tan accesible”, afirma Arturo Blanco, director comercial de Ediciones Bob.

El señor José Antonio Blanco Leal fundó la editorial. En los años veinte llegó de Progreso, Yucatán a la Ciudad de México. En 1944 compró una pequeña máquina para fabricar cuadernos con lo que inició una industria familiar dedicada a su elaboración.

Después creó dos papelerías: Comercial Aval y Mayoristas Unidos. En 1963 se independizó e inició en un pequeño local en la calle Justo Sierra, en el Centro Histórico.

“Las monografías fueron el producto estrella de esta  nueva empresa, después vendieron láminas didácticas y biografías”. Ésta se constituyó como Sociedad Anónima en el año de 1967, siendo pionera en su ramo, se lee en su página electrónica.

Otras empresas que distribuyen las monografías son Ediciones Sun Rise y Grupo Editorial Raf, éste último tiene en su catálogo más de novecientos temas, “cuyo nivel de investigación se encuentra apegado a los estándares marcados por los programas de la Secretaría de Educación Pública”, de acuerdo a su página electrónica.

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Jonathan Paulino lleva cuatro años trabajando en Ediciones Bob y se encarga de cortar el pliego donde caben nueve monografías. Después se acomodan en millares, se empacan y se envían a distintos estados de la República Mexicana y Centroamérica.


La hechura

En Ediciones Bob los dibujos de las monografías eran pintados a mano con un pincel y acuarelas. El artista encargado se podía tardar meses en entregarlo a la editorial para su impresión, explica Arturo Blanco quien lleva más de tres décadas en el negocio papelero y nos recibió en sus oficinas ubicadas al oriente del capital para contarlos el proceso de elaboración.

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En la imagen un dibujo realizado por el ilustrador Gonzalo en los años noventa, antes se pintaban con pincel y después con aerógrafo. Después de que el artista lo entrega a la editorial se revisan los dibujos que cumplan con los lineamientos y después se agrega la información del tema y se manda imprimir.

A partir de los años noventa se sustituyó el pincel y se dibujaron con aerógrafo hasta llegar al diseño digital. “Una ilustración se hace en computadora pero aún los ilustradores ocupan lápices para hacer el boceto, después ya se empiezan a colorear en la computadora”, detalla Blanco.

Las monografías miden 23 por 31.5 centímetros, se imprimen en off set, en papel couche. Se imprimen 270 mil monografías diarias. La información la investigan ocho personas y dos redactores hacen los resúmenes. Ésta editorial tiene en su catálogo más de 800 temas basados en los planes de estudio de la SEP y los actualizan cada lustro.

La monografía más vendida es El plato de buen comer y la menos vendida es la Perestroika, que pasó de moda y ya no se imprime. El tema más reciente es el de El Silabario.

En entrevista Facundo Calzada Lucas, jefe de producción de Ediciones Bob, explica que una de sus funciones es supervisar y verificar parte de la edición. Ve con los diseñadores los dibujos para que sean impresos como requiere la empresa.

 “Antes de imprimir las monografías, el ilustrador hace un boceto, envía sus propuestas del tema que se les solicite, lo representan en una imagen que después se le pasa al editor para que haga el escrito y éste se incluye al reverso de la ilustración”, explica Calzada.

Martín Albarrán Bello, jefe de taller, lleva 12 años de laborar en Ediciones Bob y nos explica que él se encarga de la coordinación y logística de la producción y entrega del producto final terminado.

En las placas de aluminio con yeso se imprime la imagen de la lámina, después se imprime en papel por medio de agua y tinta. Es una impresión offset que lleva cuatro horas. Desde la formación tradicional a base de negativos, se hace la placa, se monta en las prensas y se imprime. Después pasa al departamento de corte donde se mete a la guillotina, se hace el conteo, se empaca y va al almacén.

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El Silabario es más reciente monografía que sacó a la venta Ediciones Bob. Esta laminilla contiene información para los infantes desarrollen la capacidad de manejar los sonidos (fonemas) que componen las palabras.


De informar a ilustrar

La esencia de una monografía es ilustrativa. Ángel Soriano cursa el quinto año de primaria, usa monografías para sus tareas, pero nos dice que el maestro le pide impresiones a color, “pero salen más caras porque en algunas papelerías cuestan 10 pesos y hasta 30 pesos y por una monografía sólo gasta tres pesos”. 

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“Hay niños que son más visuales y consultar una monografía les ayuda a reforzar sus conocimientos y aprendizaje”, dice la maestra Teresita.

La profesora Teresita Soriano imparte clases en la escuela primaria “Julio Dibella Barragán” y señala que sus alumnos usan las monografías con dos propósitos: para ilustrar y para investigar. Considera que es un buen material didáctico.


Las memegrafías

A manera de parodia, en Internet circulan imágenes inspiradas en el formato de las monografías escolares que ilustran algunas noticias que impactan en la opinión pública como el reciente paro de los taxistas y meses atrás, el corte de agua en la capital.

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El artista visual Raúl Moyado Sandoval lanzó su página de Internet llamada Memegrafías, con más de 200 mil seguidores, en donde ilustra los sucesos más relevantes en monografías.

“Hice una parodia de monografía enumerando todos los sucesos que habían ocurrido en ese año, por ejemplo, la llegada de Trump a la Presidencia”, comenta en entrevista el ilustrador, quien hasta el momento ha diseñado 21 memegrafias, las imprime y vende en 20 pesos.

Moyado explica que la idea de hacer dicha página surgió a partir de una broma al terminar el año 2016. “También en algunas ocasiones vi en Twitter algunas parodias de monografías hechas con fotografías y decidí que podía hacer algo más elaborado y detallado con ilustraciones propias”. 

Algunas personas comentaron que las monografías “ya están de salida” o  “ya no se usan”, sin embargo, en 50 años su producción no se ha detenido. En la elaboración de estas láminas hay  todo un equipo de ilustradores, investigadores y redactores.

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Hay más de 800 temas en las laminillas que comercializan las editoriales. Además tienen otros materiales de apoyo didáctico para preescolar, primaria y secundaria cromos, mapas, maquetas, tablas periódicas, biografías, banderas de papel, libros para iluminar, entre otros.

Sin duda éste producto llegó para quedarse y  nuevas generaciones se  inspiran para hacer un producto que parodia la realidad, como las memegrafías que circulan en redes sociales.

La foto principal muestra el uso de las monografías en la actualidad, autoría de Valente Rosas/ EL UNIVERSAL. Nuestra primera fotografía comparativa es de una monografía que se usa para fines educativos y la segunda es utilizada para hacer una parodia.

Fuentes:                           
Archivo EL UNIVERSAL.
Entrevistas propias