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Así se vivió la época disco en el Distrito Federal

Un nuevo género derivado de música afroamericana cautivó a la élite de esta ciudad. El ritmo disco implicó toda una cultura del entretenimiento: estrellas, películas, discotecas, vestimenta y mucho, mucho baile en las discotecas y en los patios de las casas
música disco
04/04/2020
00:14
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Texto: Susana Colin Moya

A fines de la década de los 70, una película marcó todo un estilo de vida entre los jóvenes tanto en la música, la vestimenta y en  la forma de bailar. Sandra Gaytán dice que tenía 14 años cuando acudió al cine Venustiano Carranza, en la colonia Jardín Balbuena, para ver el éxito del momento: Fiebre del Sábado por la Noche.

“En lugar de irnos de pinta, mis compañeros de la secundaria  y yo íbamos al cine para verla… yo creo que fuimos como 7 veces. La entrada costaba 5 pesos”, recuerda.

Fiebre del sábado por la noche tiene dos objetivos: el primero servir de vehículo a esa “moda” disco y el segundo, estrechamente ligado al primero, dar nacimiento a una estrella que el espectador identifique inmediatamente con esa moda”, escribieron los críticos de cine de este diario en julio de 1978.
 
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Icónica escena del filme Fiebre del Sábado por la noche, estrenado en 1977 en Estados Unidos y al año siguiente en México. Archivo de EL UNIVERSAL.

Aunque la música disco ya sonaba en algunas estaciones de radio como Stereo 100 con los éxitos de Donna Summer (la llamada reina de la música disco), Bee Gees y Gloria Gaynor, no fue sino hasta el estreno de esta película musical, protagonizada por John Travolta y Karen Lynn Gorney, que en México se popularizó un estilo de vida que ya estaba consolidado en Estados Unidos.

La música, la vestimenta, la vida nocturna, y sobre todo el baile fueron aspectos que gustaron a gran parte de la juventud capitalina. “Saliendo del cine nos íbamos a la casa de algún compañero para practicar los pasos de baile que habíamos aprendido”, relata divertida Sandra.

Entre las asiduas espectadoras de Fiebre del sábado por la noche estaba Elsa Rivera, quien iba a las matinées y luego se quedaba a la  función de permanencia voluntaria en el mismo cine.

Aunque ella creció escuchando la música de bandas de rock como The Beatles y The Rolling Stone por la influencia de sus hermanos mayores y también mambo y cha-cha-chá por parte de su mamá, sintió el llamado de la música disco como muchos jóvenes de su generación.

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Algunos pasos de baile a ritmo de la música disco que se hicieron famosos por el actor John Travolta en la cinta Fiebre del Sábado por la noche. Archivo de EL UNIVERSAL.

La música disco es hibridación, pues retomó géneros afroamericanos como rhythm and blues, el funk y el soul y los combinó con orquestas. Sus ritmos repetitivos oscilan entre 110 y 136 pulsaciones por minuto. “Como la frecuencia que alcanza un corazón bailando, se sincronizan, de ahí la magia de la música”, afirma Sandra.

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Fragmento de una plana de EL UNIVERSAL donde se enseña a replicar los pasos al “estilo Travolta”, 1978.

A pesar de los orígenes diversos de esta cultura musical, en México fue un signo distintivo de una élite, ya que su popularidad se concentró en las clases medias y altas capitalinas. De hecho, quienes escuchaban música disco eran “los fresas”, “los popof”, afirma Rodrigo Farías, periodista y productor cultural.

Las discotecas, el lugar de encuentro juvenil

Los lugares de encuentro y de baile eran las discotecas (o discotheques), donde una pista de baile llena de luces y una bola de espejos que colgaba y giraba al centro esperaban por los jóvenes que habrían de protagonizar la noche.

Estos espacios se ubicaban en zonas “exclusivas” de la ciudad, como en la Zona Rosa, Las Lomas, San Ángel, el Toreo y Satélite. Nombres como Marrakesh, en la calle de Florencia, Tiffani’s cerca del hotel de México, Magic Circus y News cerca de El Toreo y El Batasha en las Lomas de Chapultepec, resuenan en la memoria de las entrevistadas.

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Anuncio de las tardeadas en la discoteca News, ubicada al norte de la capital. Cortesía de Angélica Petit de Murat.

Por las tardes algunos de estos espacios se abrían para que jóvenes menores de edad acudieran a bailar. No se vendía alcohol y todo acababa a las 9 de la noche. Esas eran las tardeadas.

Horas después, las discotecas esperaban a los jóvenes adultos ya ataviados: pantalones acampanados, camisas desabotonadas, vestidos elegantes comprados en tiendas departamentales, zapatos de plataforma y accesorios estrafalarios, recuerda Elsa, quien añade: “nunca íbamos informales, no usábamos mezclilla ni tenis, si no, no te dejaban entrar”.

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Imágenes del ambiente de una discoteca en el año 1978, publicadas en este diario. Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

Sandra también recuerda los rígidos filtros que representaban los cadeneros, custodios de la entrada: “Si no ibas de gala no te dejaban pasar, querían sólo a gente bonita, bien vestida”. Ella complementa: “se usaban licras brillantes, pantalones de satín, tops, colores fosforescentes, plumas, lentejuelas… entre más brillo más glamour”.

Ambas llegaban a estos recintos de baile “en bola”, es decir, acompañadas de sus vecinos y amigos, quienes se repartían en uno o dos autos. “Íbamos a bailar, no tanto a beber. Nos tomábamos si acaso un Alfonso XIII, una piña colada o unas medias de seda”, comparte Elsa.

Ya adentro, el que triunfaba no era el que mejor fuera vestido ni el que más dinero tuviera, sino el que bailara mejor, afirma Sandra. Además de saber los pasos de baile, había que tener una buena condición física, ya que las mezclas que hacían los DJ eran kilométricas, podían hasta durar más de 15 minutos, refiere Elsa.

“Si querías abrir pista, es decir, que todos te voltearan a ver y se pusieran alrededor tuyo, debías llevar preparada una coreografía con tu pareja de baile”, comparte Sandra. Las rutinas también se ensayaban en grupos, “como si fuera un Caballo Dorado”, evoca Elsa y ríe.

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Anuncio de algunos modelos para llevar a la discotheque que se vendían en las tiendas departamentales en aquella época. Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

Eran los primeros años de la década de los 80. Las canciones que las entonces jóvenes bailarinas recuerdan se amontonan en una larga lista: Dancing Queen de ABBA, More tan a Woman de los Bee Gees, Macho Man de Villlage People, y todas las de Donna Summer, “Sin duda la reina de la disco”, asegura Sandra. “Con la de No more tears “te suicidabas” riquísimo y con Last Dance se prendía la fiesta”, añade.

“Cuando ya querían que todos nos fuéramos, el DJ ponía las canciones de José José o Camilo Sesto y todos huíamos… no nos quedábamos a “hacer bohemia” como ahora, no nos gustaba”, señala.  

Las entonces jóvenes comparten que regresaban a casa por la madrugada, siempre acompañadas de sus amigos y hermanos. Nunca se sintieron inseguras. “Todo era más tranquilo, más inocente”, dice Elsa con un poco de nostalgia en la voz.

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A la cantante Donna Summer se le conoció como la reina de la disco, fue una de las más famosas del género. Archivo de EL UNIVERSAL.

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Serie de negativos resguardados en el archivo fotográfico de este diario, donde se visualiza al grupo norteamericano Village People, uno de varios representantes de la música disco durante una presentación en México, octubre de 1978. 

Memorias de una colonia fresa

No todos los jóvenes escuchaban la música disco. Aunque este género se popularizó con ayuda de la Radio y la Televisión, existían grupos que no compartían ese gusto: los rockeros.

“La popularidad de la música disco coincidió con la marginación del rock en los medios de comunicación”, comparte en entrevista Rodrigo, quien en ese entonces estudiaba psicología en la UNAM. 

“Existía una rivalidad entre ambos géneros. Mientras el rock era escuchado por clases bajas y por muchos intelectuales de izquierda, la música disco pegó principalmente en las clases medias y altas”, continúa.

A pesar de su innegable gusto por el rock, Rodrigo también bailaba música disco, incluso llegó a organizar fiestas con esa temática en el departamento de un amigo universitario, en la colonia Moctezuma.

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Jóvenes bailando a inicios de los años 70. Archivo de EL UNIVERSAL.

“Adecuábamos el lugar con luces de colores y conseguimos un espejo esférico, un emblema que popularizó Fiebre del sábado por la noche”, recuerda, no sin antes hacer una petición en tono de broma: “Pero no le vayas a contar a mis amigos rockeros, ¿he?”.

Era muy común que se organizaran bailes y fiestas en las casas. “Esta moda pegó mucho en la colonia [Jardín Balbuena]”, cuenta Elsa. En efecto, se trataba de una población de clase media alta en el primer oriente de la ciudad.

Los patios de algunas modernas viviendas de esta colonia se adecuaban para convertirse en pistas de baile. Los organizadores volanteaban en las zonas aledañas y, como entre vecinos se conocían y frecuentaban, las convocatorias tenían mucho éxito. 

“Todos los viernes había fiestas en la colonia… cobraban un cover de entre 5 y 10 pesos que te daba derecho a papitas y refresco ilimitado… y claro, a la música”, comparte Sandra.

Ella recuerda especialmente a los sonidos. “Llegaba el DJ con su tornamesa y sus elepés de colores, me encantaba verlos. En ese tiempo los que “pichaban” la música eran puros hombres”, cuenta quien, años después se dedicaría a hacer mezclas de música disco en formato digital.

Los concursos de música disco

En estas reuniones de jóvenes, en las discotecas y en las escuelas era muy común que se organizaran concursos de baile. Podrían ser de solistas, en parejas o en grupos de amigos con coreografías.

Pero si de concursos se habla es imposible no mencionar al que se transmitía los sábados en la noche por televisión aquellos años: Fiebre del dos, conducido por Fito Girón y Chela Braniff.

 “Fiebre del 2, es un programa muy de acuerdo con lo que pide y quiere la juventud, es un escaparate para fabricar ídolos”, se escribió en este diario el 9 de diciembre de 1978. Grandes y pequeños ídolos participaron en este show donde lucían, además de sus coreografías, los estilos de vestimenta.

El programa reflejaba la moda que se vivía en la ciudad y a la vez era referente para los jóvenes que desde sus casas lo veían.

Angélica Petit, cuenta que participó en ese concurso, primero como jueza invitada; su estatus como host de la discoteca Magic Circus le dio esa oportunidad. Después, sin planearlo, fue competidora, cuando el programa estaba a punto de salir del aire.

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Jóvenes bailarinas de la discoteca News en el Toreo, en medio Angélica Petit de Murat. Cortesía Angélica Petit de Murat.

“Era la época en que la música disco comenzaba a decaer y surgía la música punk. Mi hermano me invitó a ir al programa como “banda (público punk)” así que por solidaridad acepté. Yo me llevé los pelos parados, me vestí con una minifalda que en ese tiempo nadie usaba y lentes oscuros… y cuál fue mi sorpresa que él me inscribió para concursar”, recuerda.  

Vestida fuera de esa moda y con poco conocimiento del baile punk, se sintió descolocada y avergonzada. Lo increíble es que aun así pasó a la semifinal, la cual también ganó. Los premios fueron: una moto “de repartidor”, 10 mil pesos de ropa en “una tienda espantosa”, un viaje todo pagado a Acapulco y un contrato con Televisa para ser la anfitriona de un programa piloto que nunca salió al aire.

A pesar de ello recibió las burlas de sus compañeros preparatorianos: “caí de host con poderes a una vil bailarina de un programa en decadencia”, concluye.

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Invitación a una fiesta estilo disco de finales de los años 80. Cortesía de Angélica Petit de Murat. 

Como toda moda, la música disco fue reemplazada por nuevos ritmos, como el high energy y el breaking dance. “En el radio comenzaron a poner menos disco y más cumbia y salsa, y como el radio era el que mandaba en los gustos… ni modo”, se lamenta Sandra.

Por otro lado, Elsa recuerda: “Luego vino la moda de Las Flans, todas andábamos con mallones y con cortes de cabello extraños”.

Para los jóvenes que en ese entonces vivieron el auge de la música disco, ésta nunca pasó de moda. La siguen escuchando en su vida cotidiana. Algunos todavía organizan y asisten a bailes, o como Sandra, hacen mezclas. Rodrigo se dedicó algunos años a coleccionar elepés de este género.

Recientemente, los compañeros de la secundaria de Sandra se reunieron y la temática de la fiesta fue, por supuesto, la música disco. “Recordar es volver a vivir”, y Sandra cuenta emocionada lo bien que se la pasaron: “Ya sin elepés, con un DVD, mi computadora y unas bocinas pude ser, al fin, la DJ de la noche”. 
 

Nuestra imagen principal es un collage realizado con fotos publicadas en este diario durante 1978. De igual forma nuestra fotografía comparativa antigua.
 

Fuentes:                                                          

Hemeroteca y Archivo de EL UNIVERSAL
Entrevistas a: Elsa Rivera, Sandra Gaytán, Angélica Petit de Murat y Rodrigo Farías.