El conflicto en Ucrania está resurgiendo en distintos medios y análisis. Ese solo dato es revelador. Porque la realidad es que esa guerra no ha menguado en lo absoluto; se trata del conflicto armado que más muertes y heridos ocasiona todas las semanas. Sin embargo, dos factores la habían ocluido considerablemente. El primero fue el fracaso de las negociaciones impulsadas por Trump y la decisión de la Casa Blanca de abandonar este tema, por ahora, para atender otros de los muchos frentes que tiene abiertos. Todo ello conectado, por supuesto, con el segundo factor: la guerra en Medio Oriente que, una vez más, acaparó la atención del planeta entero. Ahora que en esa otra guerra existe un cese al fuego, si bien frágil, y que las audiencias experimentan un desgaste por la cobertura sobre Irán, parece ser un momento propicio para que el tema de Ucrania resurja. Y lo hace con un vuelco narrativo impresionante: de la narrativa sobre la derrota ucraniana, ahora se gira 180 grados hacia cómo “Kiev está dando la vuelta al conflicto” y cómo “Rusia es la gran perdedora”. Retomo el tema, no solo desde ese análisis narrativo, sino examinando también lo que sucede en el terreno de las hostilidades, las eficaces tácticas que Ucrania ha implementado, pero, al mismo tiempo, manteniendo una visión más cauta respecto a lo que viene.
1. Sobre las narrativas de la guerra —cómo se cuenta la historia de esta historia— he escrito varios textos. El tema es este: una cosa es la guerra material en sí, y otra muy distinta es cómo esa guerra es representada en el discurso de buena parte de la comunidad de análisis y de los medios, y cómo esas representaciones inciden en la política y en la toma de decisiones. Lo que hemos observado al respecto es que los vuelcos narrativos han sido impactantes a lo largo de más de cuatro años.
2. De una “inminente y aplastante victoria rusa” en 2022, pasamos velozmente no solo a la “resistencia” de Ucrania, sino a su “capacidad de derrotar a Moscú”, e incluso a la idea de que “no podía haber un plan B que no fuera la victoria ucraniana sobre Rusia”. Con el tiempo, esas narrativas se moderaron hasta llegar a un punto en el que, ya en 2023 y 2024, “Rusia no era vencible” y que, por tanto, “Ucrania no podía sino negociar los mejores términos posibles”. Más adelante, cuando en 2025 llegó la presión de Trump sobre Zelensky, sumada a los acontecimientos de ese año, cuando la escasez de armamento, recursos y tropas de Ucrania se volvió patente, ya no se hablaba siquiera de “términos favorables” para Ucrania, sino apenas de “mínimos aceptables”.
3. Ahora, el relato ha vuelto a girar pendularmente. En la narrativa dominante de los últimos meses y semanas, Ucrania no solo se ha adaptado, sino que “ha dado un giro completo a la marea”. Rusia vuelve a ser percibida como débil; Putin, como frágil. Su “fracaso en esta guerra” podría incluso “provocar su colapso” y, por tanto, ahora es él quien está urgido de un cese al fuego.
4. Al margen de narrativas, interpretaciones y lecturas, en este espacio hemos optado por mayor cautela dado que las guerras prolongadas suelen ser fluidas y estar marcadas por distintas fases. Las partes beligerantes aprenden, se adaptan y evolucionan. Por ello, más allá de esos análisis, se requiere evaluar, por un lado, el terreno de las hostilidades; las transformaciones en las tácticas de guerra y en el armamento empleado; y la eficacia de esas adaptaciones y evoluciones. Pero, por el otro, es indispensable analizar el plano estratégico: ¿hasta qué punto los golpes tácticos son capaces de alterar el cálculo de los actores beligerantes al grado de concluir que ya no resulta racional continuar la guerra y que los costos de detenerla son menores que los beneficios percibidos de prolongarla?
5. En esa misma línea, hace unas semanas comenté aquí que Ucrania ha demostrado una enorme eficacia en su capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias de la guerra. Ha sido particularmente hábil en el desarrollo de drones y, sobre todo, en la creación de formas innovadoras de emplear este tipo de armamento para librar una guerra de carácter asimétrico contra una superpotencia como Rusia.
6. Considere lo siguiente. Esta semana, tras recibir intensos ataques rusos contra ciudades ucranianas, Kiev decidió lanzar un golpe de enorme carga simbólica y política contra Putin. Drones ucranianos de largo alcance atacaron instalaciones de almacenamiento de petróleo en San Petersburgo apenas unas horas antes de la inauguración del Foro Económico Internacional de San Petersburgo. Golpear en el marco de uno de los eventos económicos más importantes y visibles de Rusia constituye una humillación directa para Putin, quien además pronunciaría un discurso ante un foro que reúne a cerca de 20 mil participantes provenientes de 130 países.
7. En otras palabras, y como expliqué hace poco, Ucrania ha buscado explotar esencialmente un factor: el sentido de seguridad y estabilidad de la población rusa. Bajo la lógica de Putin, la guerra en Ucrania no es una guerra, sino una “operación militar especial” cuya característica central consiste en ser un conflicto distante del corazón de Rusia, limitado en su alcance y con escaso potencial para alterar la vida cotidiana de la población rusa.
8. Por contraparte, Ucrania ha buscado elevar el costo para Putin de sus decisiones, golpeando ciudades rusas e infraestructura militar y energética mediante misiles cuando ello es posible, pero sobre todo mediante drones cada vez más sofisticados. Más que perseguir un objetivo material en sí mismo, lo que Kiev busca es propinar golpes simbólicos a Rusia que adquieran visibilidad y, por tanto, sean ampliamente comentados en redes sociales, induciendo estados de frustración, enojo y miedo entre distintos sectores de la población.
9. Los acontecimientos de los últimos meses son muy elocuentes en este sentido. Ucrania está consiguiendo golpear de manera notable la infraestructura energética rusa. Esa embestida está generando costos crecientes y disrupciones operativas importantes para el sector petrolero ruso. Kiev ha logrado afectar refinerías clave, estaciones de bombeo, terminales de exportación y centros de almacenamiento, reduciendo temporalmente cerca del 16% de la capacidad de refinación rusa y obligando incluso a imponer restricciones a las exportaciones de gasolina y queroseno para proteger el mercado interno.
10. Con todo, Ucrania sí está elevando significativamente los costos logísticos, operativos y financieros de Rusia, incluyendo reparaciones, seguros, subsidios internos y protección de infraestructura. Además, está demostrando una creciente sofisticación en su capacidad para penetrar las defensas rusas y generar cuellos de botella recurrentes. (Rane, 2026).
11. Dicho todo lo anterior, la pregunta que debemos hacernos es hasta qué punto esto está afectando realmente el cálculo estratégico de Putin. Revisemos los siguientes factores:
a. Es verdad que las ofensivas rusas de los últimos meses han fracasado en conseguir logros significativos en el Donbás. De hecho, hay zonas donde Rusia incluso ha perdido algo de terreno. Se calcula que, al ritmo actual, Moscú tardaría muchos meses, si no es que años, en conquistar la parte de Donetsk que aún no controla.
b. También es verdad que la economía rusa comienza a resentir el costo acumulado de todos estos años de sanciones y guerra y que su capacidad de resistencia se está erosionando de manera preocupante para Moscú.
c. Pero, por otro lado, Rusia sigue controlando una quinta parte de Ucrania y parece difícil que, aun con sus logros tácticos, Kiev pueda revertir esa situación. Para ello se requeriría no solo la eficacia de sus ofensivas con ejércitos de drones, sino también una fuerza terrestre capaz de quebrar las líneas rusas, como ocurrió en dos frentes durante 2022. Lo que sucede es que, desde entonces, Moscú también se ha adaptado y ha logrado contener todas las grandes ofensivas terrestres ucranianas. Así, lo más probable no parece ser el quiebre de las líneas de ninguna de las partes, sino algo más parecido al estancamiento del frente que hemos observado durante los últimos años.
d. Esto nos lleva a preguntarnos cuál de las dos partes está en mejores condiciones de resistir si la guerra se prolonga muchos meses o incluso años más. Hasta hace poco, la respuesta parecía estar claramente del lado de Rusia. Hoy esa respuesta es menos evidente, aunque sigue estando lejos de ser definitiva.
e. Si bien Ucrania está golpeando con fuerza la infraestructura energética rusa, también es cierto que los altos precios del petróleo y la escasez energética derivada de la guerra con Irán han favorecido considerablemente al Kremlin. Además, la enorme resiliencia estructural del sistema energético ruso, heredado en buena medida de la era soviética, todavía le permite absorber una parte importante de esos daños. Habrá que evaluar, al final del año, el balance entre lo que Moscú está dejando de percibir por las afectaciones físicas a su infraestructura y lo que está obteniendo adicionalmente gracias a los precios actuales de la energía.
f. Por otro lado, Moscú sigue contando con China, dispuesta a continuar brindándole el oxígeno que tanto necesita. Y además de Beijing, Rusia mantiene relaciones comerciales y de negocios con decenas de países, incluidas las monarquías del Golfo, que en teoría son aliadas de Estados Unidos. Por tanto, lo que habrá que evaluar en los próximos meses no es únicamente la expansión de los daños económicos que Rusia, sin duda, seguirá sufriendo, sino la percepción de Putin y de su círculo cercano respecto a sus posibilidades de seguir resistiendo las sanciones.
g. Porque lo que hay que considerar aquí es la alternativa: ¿cuál sería el costo político interno y externo que Putin tendría que pagar si es percibido como derrotado? Hasta ahora, el presidente ruso ha hecho todo cuanto ha estado en sus manos para evitar ese escenario.
h. Cuando en el pasado Putin también fue percibido como vulnerable—está el caso de las ofensivas ucranianas de 2022, pero también la insurrección del grupo Wagner en 2023—la respuesta de Moscú fue escalar y, con ello, jugar a la guerra de nervios. Rusia elevó la retórica nuclear al punto de que el tema comenzó a ser considerado seriamente en Washington. Rusia anexó formalmente y rusificó territorios ucranianos. Y Moscú incrementó además la intensidad de los ataques contra la población ucraniana para poner a prueba su capacidad de resistencia.
j. En este momento tenemos que considerar, además de esas tácticas, dos factores adicionales. El primero es la intensificación de la guerra híbrida contra países miembros de la OTAN mediante actos de sabotaje, incursiones aéreas con drones, cortes de cables submarinos y muchas otras acciones relacionadas.
k. El segundo factor es que, por ahora, Washington se encuentra profundamente ocupada en otros frentes. Uno es Medio Oriente. Otro es el Indo-Pacífico, como lo dejó claro Hegseth la semana pasada en Shangri-La. Y otro más, prioritario para Estados Unidos, es su propio hemisferio: Cuba, el combate al narcotráfico y otros temas adicionales. Por ello, una pregunta adicional que cabe hacerse es hasta qué punto Europa, sin Washington, tiene la capacidad de capitalizar las dificultades y derrotas tácticas de Putin para empujarlo hacia un cese al fuego en términos favorables para Kiev.
En suma, queda claro que Moscú atraviesa por un momento particularmente complicado. Sin embargo, todavía no contamos con respuestas completas ni definitivas respecto de varias de las interrogantes aquí señaladas. Por ello, en este espacio optamos por seguir observando con mucha cautela y atención lo que ocurra en los meses que vienen.
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