La carrera armamentista desde los estudios de paz

Mauricio Meschoulam

El pasado agosto China efectuó ensayos con misiles y vehículos hipersónicos capaces de soportar cabezas nucleares. A pesar de que el uso de misiles hipersónicos no es nuevo, el asunto llamó la atención toda vez que China demostró la potencial capacidad para evadir la tecnología de defensa que hasta hoy posee Washington. El Gral. Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de EU, indicó que podríamos estar ante un “momento Sputnik”, recordando la carrera espacial y armamentista de los años sesenta. Aunque con algunos tropiezos, Estados Unidos también está avanzando en las armas hipersónicas al igual que Rusia y otros países. El regreso de lleno a la carrera armamentista nos lleva a reflexionar al respecto de lo que realmente significa una condición global de paz, y, sobre todo, al respecto de lo que tendría que trabajarse para lograrla, partiendo de lo siguiente: primero, una paz armada no es, en realidad, un estado de paz; y segundo, a pesar de la posición de quienes favorecen el armamentismo para garantizar que las guerras no estallen, la historia y la investigación parecen contradecir esa postura. Lo explico en estas notas, desde la teoría y estudios de paz.

1. El concepto de paz comúnmente produce confusiones. Esto se debe, en parte, a la amplitud de los temas que abarca, además de la usual falta de precisión en cuanto a su uso. Paz puede significar “calma” o “tranquilidad”. El término se usa también para señalar el final de una guerra o conflicto armado (firmar un “tratado de paz”), concluir una disputa (hacer las paces) o calmar la violencia (pacificar un sitio). La historia está llena de libros que hablan de los años de “guerra” y los años de “paz”, entendida esta última como aquellos tiempos en los que no había guerra. A la vez, la “paz interior” es la meta de religiones, creencias y prácticas en todo el mundo. Todo eso está bien; es perfectamente válido que un término tenga distintas acepciones. El problema es cuando, a falta de claridad en lo que se busca comunicar, se organiza un foro, se elabora un discurso o se propone un diseño de política pública que no distingue entre niveles, tiempos y alcances. Así que vamos por partes.

2. La paz no se limita a la ausencia de guerra o violencia. Estudiar la guerra o estudiar la violencia no es estudiar la paz. La paz es un tema serio que debe abordarse a partir del desarrollo de investigación y conocimiento acerca de las sociedades pacíficas en la historia y en el presente, o de las sociedades que eran menos pacíficas y que han logrado avanzar ciertos grados en su construcción de paz. Es decir, al igual que es indispensable estudiar y entender todo lo que produce guerra y violencia, es también necesario estudiar los factores que generan y sostienen la paz. Y no es lo mismo.

3. Distintos ángulos. Para una gran cantidad de autores, organizaciones y centros de estudio ubicados sobre todo en países del norte industrializado, la paz tiene que ver más con el desarrollo de la legislación internacional, las organizaciones internacionales y tratados que promuevan el desarme y la solución pacífica de las controversias entre países. En cambio, para autores y sociedades del sur, quienes estamos más inmersos en conflictos étnicos, religiosos, políticos o sociales, la paz tiene mucho más que ver con los factores internos que promueven y sostienen las circunstancias pacíficas desde las estructuras. Es interesante ver cómo, por ejemplo, en foros internacionales sobre la materia, frecuentemente pareciera que las discusiones giran por canales paralelos pero separados; como si las preocupaciones en el norte y en el sur estuviesen desvinculadas. En ese sentido, a veces hacen falta puentes que conecten lo uno con lo otro para que se comprenda cómo es que todos esos componentes del sistema terminan relacionándose entre sí.

4. Peacemaking, Peacekeeping y Peacebuilding. En la literatura sobre el tema, normalmente, cuando se habla de “pacificación” (establecimiento de la paz o “peacemaking”), se hace referencia a mediar o detener un conflicto violento entre grupos armados, enfrentados frecuentemente por factores políticos, económicos, ideológicos, religiosos o étnicos. Esto se denomina “paz disociativa”: separar a las partes en pugna (Galtung, 1985). Por mantenimiento de la paz (“peacekeeping”) normalmente se entiende asegurar que esa situación de no-violencia se pueda conservar. En cambio, la construcción de paz (“peacebuilding”) hace referencia a la edificación de condiciones de una paz más “asociativa”, las cuales van más allá de resolver el conflicto. La construcción de paz se orienta hacia diseños y estrategias que buscan fomentar actitudes, cimentar estructuras y crear o fortalecer instituciones que puedan producir y sostener esas condiciones de paz. Entre todos esos conceptos se ubica un área que tiene que ver con la reconciliación, la restauración, con tratar de reducir el impacto de la huella que la violencia ha dejado a su paso e incluso la aplicación de acciones para sanar a las sociedades del miedo que la violencia produce. Hablar de paz abarca todo lo anterior, y los elementos mencionados no siempre suponen etapas, sino medidas que pueden llevarse a cabo en paralelo según el caso lo amerite. Pero es importante entender su distinción y a la vez, su interconexión.

5. Los componentes activos de la paz. El Instituto para la Economía y la Paz (IEP) explica que hay un ángulo o parte negativa de la paz, y otra parte positiva. La paz negativa –eso que no debe haber para considerar que una sociedad está en paz—es la ausencia de violencia, así como la ausencia de miedo a la violencia. En cambio, la paz positiva consiste en “la presencia de actitudes, instituciones y estructuras que crean y sostienen a sociedades pacíficas” (IEP, 2021). Dicha institución ha llevado a cabo investigación que demuestra ocho áreas básicas o indicadores que se encuentran presentes en las sociedades más pacíficas del globo. Estos son conocidos como los ocho pilares de la paz; o para ponerlo de otra forma, el ADN de la paz. Estas columnas son las siguientes: “(a) Un gobierno que funciona adecuadamente; (b) distribución equitativa de los recursos; (c) el libre flujo de la información; (d) buenas relaciones entre vecinos (o cohesión social); (e) altos niveles de capital humano; (f) la aceptación de los derechos de los demás; (g) bajos niveles de corrupción; (h) Un entorno empresarial sólido” (IEP, 2021). No obstante, como dijimos, la paz debe entenderse de manera sistémica. Esos pilares son partes interconectadas que pueden jalar a todo el sistema hacia arriba, o a la inversa, empujarlo hacia abajo. La investigación demuestra que el mal desempeño de tres o cuatro de esas columnas, puede tarde o temprano provocar situaciones de falta de paz que podrían terminar incluso en guerras o conflictos armados. Este conocimiento, sin embargo, nos habla sobre todo de la paz estructural al interior de las sociedades.

6. La dimensión internacional de la paz. Pero si de verdad pensamos sistémicamente, lo internacional no se encuentra desvinculado de ese entramado de columnas. De hecho, pensar en la paz internacional requeriría un esfuerzo de adaptación que nos llevase a comprender cuáles son las actitudes, las estructuras y las instituciones que generan y sostienen la paz entre los distintos países. En ese sentido, sin elaborar una lista exhaustiva, podríamos pensar por ejemplo en la necesidad de adaptar pilares o columnas como (a) un sistema sólido de derecho internacional y de organismos internacionales que funcionen adecuadamente para procesar las controversias entre los estados y garantizar su convivencia armónica (acá es donde se podría incluir la legislación y las instituciones que garanticen el desarme, y otras legislaciones como por ejemplo en materia ambiental, además de la solidez, el diseño o rediseño del Sistema de Naciones Unidas y organismos regionales y globales, las garantías para que esas instituciones sean eficaces, incluyentes y respetadas); (b) una más equitativa distribución entre los recursos globales y/o su explotación; (c) buenas relaciones entre naciones vecinas; (d) aceptación y respeto a los derechos de todos los estados y los pueblos; (e) bajos niveles de corrupción global; y (f) un buen ambiente para el desarrollo de los negocios (en condiciones de respeto a los derechos y distribución equitativa de los recursos), entre varios otros aspectos semejantes.

7. Armamentismo y paz negativa. Considerando lo anterior, el hecho de que las potencias no detonen un conflicto armado de manera activa no constituye un estado de paz positiva, sino un estado de “calma” o paz negativa, sustentada esencialmente en el miedo de lo que pudiera pasar si esas potencias se atacan mutuamente. Efectivamente, asumiendo que el ser humano y, concretamente, las personas que toman las decisiones, se comportan de manera racional, la lógica dictaría que una superpotencia no atacaría con armas nucleares a otra, puesto que el daño que podría sufrir por hacerlo—al grado incluso de su posible destrucción—sería, a todas luces, inaceptable. No obstante, la investigación actual, además de la historia, muestran que esa argumentación es demasiado frágil como para sostener en ella todo el futuro del planeta. Primero, porque no somos seres enteramente racionales. De hecho, frecuentemente tomamos decisiones de manera absolutamente irracional. Eche un vistazo, solo por poner un ejemplo, a la literatura más reciente acerca de la economía conductual, la cual explica a detalle lo que indico. Y segundo, porque cuando la carrera armamentista es activada y robustecida, las probabilidades de que un actor se sienta con mayor poder que su rival, se incrementan. La historia muestra que las grandes guerras parten de la premisa de alguien, de que su superioridad armamentista permitirá a su potencia salir victoriosa a pesar de los daños que pudiera sufrir.
En suma, la comunidad internacional interesada en detener lo que hoy se presenta como una carrera inevitable por la supremacía tecnológica de las armas—y esa comunidad incluye a países como el nuestro, que hoy preside el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas—necesita actuar de manera firme, pensando en una agenda de construcción de paz positiva a nivel internacional que incluya varios de los elementos que arriba señalo.
 

Twitter: @maurimm

 

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