La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) está llevando a cabo su tradicional fiesta anual de vandalismo, pero ahora con un plus (para ellos): la resonancia que implica la inminente inauguración del Mundial de futbol.
El evento global es propicio para la amenaza: o se aceptan sus demandas o no rueda el balón. Evidentemente, en la descripción que hacen de su método (Movilización-Negociación-Movilización) omiten sus instrumentos preferidos: la destrucción, la presión y la extorsión.
Así ha sido, en grado creciente, desde su fundación en 1979. Ahora repiten y agudizan guiones conocidos: bloquean calles, carreteras y aeropuertos, obligan el cierre de negocios y paralizan el comercio, rompen cristales, lanzan petardos (el lunes pasado les decomisaron 59 explosivos de fabricación casera), dañan edificios, vehículos y esculturas e irrumpen en inmuebles oficiales… Y su acción estrella: ocupan el Zócalo, y cuando no pueden, como ahora, lo sitian. Les place ser protagonistas del desorden, más aún subidos al marketing mundialista.
Sin calificar la naturaleza ni la justicia de sus causas, cabe apuntar que para ser maestros llevan demasiados palos, cinceles, marros, mazos y explosivos, y que para ser educadores generan demasiadas pérdidas económicas, miles de millones de pesos al vacío, por los que nunca han respondido, y miles también de transgresiones a la ley sin consecuencias legales. Extrañas son sus clases de civismo: para conseguir lo que quieres, nada como la violencia.
Estos eventos no se pagan solos, desde luego: corren por nuestra cuenta. Los contribuyentes les pagamos estos días de asueto, que varían de año en año: en 1989 se prolongaron por cuatro meses; en 2006, por siete meses; en 2016, por 45 días. Casi siempre, las niñas y niños afectados son los de Ciudad de México, Chiapas, Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Zacatecas, y ahora se han sumado Baja California, Chihuahua y Yucatán.
En estas nueve entidades no hay clases en 20 mil escuelas, lo que afecta a un millón quinientos mil alumnos.
Cuando veas fotos y videos de las atrocidades de estos maestros, recuerda que son tus impuestos los que se están tirando y que, en lugar de contribuir a la educación de nuestra niñez o a la modernización de sus escuelas, estás pagando a maestros que no dan clases y solventando los gastos necesarios para proteger de agresiones magisteriales a personas, negocios, edificios y monumentos.
La CNTE hace los desmanes, pero tú los pagas. Lo haces directamente o padeciendo las afectaciones que sufren los servicios de salud y educación y otras necesidades que tiene tu ciudad o el país.
Como ellos no pagan ningún costo, todo lo pagas tú, incluso sus cascaritas en Paseo de la Reforma y su “huelga indefinida”, orientada a presionar para lograr un diálogo que, por cierto, el gobierno no ha dejado de ofrecerles.
Suelen corear los integrantes de movimientos sociales que “si no hay solución, habrá revolución”. Esta vez, en un alarde de ingenio, cantan que “si no hay solución, no rodará el balón”.
Así ha sido siempre. A lo largo de sus 46 años de historia, la evidencia indica que la protesta anual de la CNTE, con tintes de gesta social, no es su recurso de lucha sino su método de extorsión, y que esta es, a su vez, su forma de vida.
Especialista en derechos humanos. @mfarahg
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