La corrupción destructiva

Martín Vivanco Lira

La corrupción indigna y destruye. Los rasgos de ésta han calado tan hondo que cada vez que capturan a un personaje público presuntamente corrupto –estoy pensando en el caso de César Duarte, por supuesto-; la noticia recibe la mayor atención y es celebrada por propios y extraños. Pero no es sólo esa indignación lo que entra en la ecuación de nuestra vida colectiva, sino que el fenómeno, poco a poco, corroe nuestras instituciones hasta hacerlas polvo. Quiero decir que la corrupción no sólo es una conducta individual que merezca un reproche jurídico-penal, sino que transciende al individuo y entra en la esfera política y cultural. Como decía Aristóteles, esto puede detonar la destrucción de lo común, de las instituciones que soportan nuestra convivencia colectiva; a tal grado que –estoy seguro- muchos de los cuestionamientos al federalismo actual derivan de este fenómeno.

La corrupción es el abandono de un deber posicional, es decir, es la traición por interés propio de todos aquellos deberes que corresponden a un individuo en razón del cargo que ejercita. “Y como las instituciones no son más que la suma de deberes posicionales, tejidos de roles que equivalen a obligaciones, es fácil comprender que si ellos principian a torcerse o abandonarse es la institución en su conjunto la que se tuerce o se abandona”. (1)

Una de las explicaciones de la corrupción -o, más bien, de su agudización en ciertas épocas y en algunos decisores en específico- es aquella que atribuye su aumento a los procesos de modernización social. Todo proceso de modernización implica una transición institucional y, durante ésta, ciertas reglas pierden peso, entidad. Debido al proceso de cambio, las pautas de conducta de antaño dejan de ser obedecidas a cabalidad. Éste fue el caso de México en los años de la alternancia. En el priato había una serie de reglas –escritas y no escritas- que limitaban el poder de muchos personajes de la vida pública. No es que no hubiera corrupción; sino que ésta operaba bajo ciertos estándares más o menos consensuados que se extinguen en el año 2000.

Se sabe que cuando llegó Fox al poder, en lugar de confrontarse con los principales personajes del antiguo régimen, optó por pactar con ellos –el PRI en el año 2000 gobernaba 29 de las 32 entidades federativas. Y en aras de la gobernabilidad, les abrió la llave del dinero sin construir, a su vez, un mecanismo eficaz de fiscalización de los recursos repartidos. Miles de millones de pesos fueron transferidos de la federación a los estados (transferencias que entre el 2000 al 2015 ascendieron a un billón 390 mil millones de pesos) y gastados sin control alguno. Así, vimos emerger en nuestras narices a personajes que confundieron su deber posicional, a saber: gobernadores democráticamente electos; con un mandato divino, al extremo de conducirse como emperadores de sus territorios. Se pensaron dueños de todo: tierras, obras y almas. Hicieron suyo el patrimonio común, manejaron lo público como si perteneciera a su esfera no sólo privada, sino personal.

Han caído ya varios gobernadores por actos de corrupción, y si se le encuentra culpable, Duarte será el caso más reciente. Qué bueno, deben caer todos. Lo que muchos hicieron en sus estados fue indignante y penoso. Sin embargo, aún no hemos calibrado el daño infligido al federalismo por su irresponsabilidad. Tenemos un federalismo constitucional que en nada corresponde con el federalismo existente. En el terreno de la realidad tenemos uno maltrecho, disfuncional, en gran medida por los dispendios de los virreyes nacidos en la alternancia. El diagnóstico es también conocido: gobernadores que no recaudan impuestos y que no aplican la ley. A esto, sumémosle la nube de corrupción que todavía se cierne sobre muchos gobiernos estatales y, entonces, aparece el cóctel perfecto para el desgobierno que tenemos en lo subnacional.

Si en algo tiene razón el lopezobradorismo es en que el federalismo realmente existente es una mala broma. Y aquí AMLO acierta: mucho es causa de la maldita corrupción.

(1) Peña, Carlos, https://www.elmercurio.com/blogs/2019/04/21/68769/Y-ahora-los-fiscales.aspx

@MartinVivanco

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