El 8 de marzo en medio de una jornada nacional, donde miles de mujeres salieron a las calles de nuestro país para conmemorar una lucha histórica cuyo origen se remonta a la exigencia que durante siglos mujeres trabajadoras impulsaron por ganar derechos y condiciones laborales dignas. Nos convoca hoy, a preservar la memoria de aquellas que, en medio de la precariedad y la violencia laboral, perdieron la vida. Es una fecha con un gran significado que mantiene activo el pasado y el presente. Los derechos que tenemos emanaron de movilizaciones con importantes demandas que hoy se convirtieron en grandes conquistas, pero aún hay mucho camino que recorrer.

También esta fecha, es un recordatorio de las constantes tragedias que en su día a día sufren mujeres campesinas, indígenas, asalariadas, jóvenes y madres, quienes experimentan en sus cuerpos las violencias, la discriminación y la desigualdad. Que más de 90 mil mujeres salieran a las calles de la Ciudad de México, y que lo mismo ocurriera con movilizaciones masivas en las ciudades del Estado de México, Querétaro, Morelos, Oaxaca, Michoacán, Veracruz, Jalisco o Nuevo León, por destacar algunos estados, deja constancia del hartazgo e indignación, ante un sistema que reproduce estructuralmente diferentes tipos de violencias.

Las experiencias de violencia que se viven en el día a día, en los ámbitos laborales, escolares, comunitarios, familiares, de pareja y actualmente el digital, se profundizaron después de la pandemia y en el marco de una crisis económica que desde diferentes dimensiones ha generado una ruptura en el tejido comunitario. En el informe más reciente de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), “como una de las principales fuentes de información que dan cuenta sobre la situación de violencia que se viven en nuestro país” (https://bit.ly/3mQV58K) se destaca que el 70.1% de las mujeres de 15 años y más, han experimentado al menos una situación de violencia: psicológica, física, sexual, económica, patrimonial y /o discriminación. Siendo la Ciudad de México, el Estado de México y Querétaro, los lugares con mayor prevalencia a nivel nacional. (ENDRIEH, p. 24-27)

Que las grandes ciudades en México se pintaran de violeta, manifiesta un punto de inflexión respecto a las deudas que el gobierno tienen en materia de seguridad y acceso a la justicia. Un dato también interesante de la ENDIREH muestra como la violencia se concentra en las mujeres más jóvenes (entre 15 y 34 años), y de manera especial, afecta en el ámbito urbano. Por ello, no es fortuito que, en esa gran movilización nacional, destacara la participación de mujeres jóvenes, adolescentes, madres acompañadas de hijos e hijas, el mensaje es claro, nos queremos vivas y libres de violencia.

El gobierno debe buscar mecanismos efectivos para escuchar y resolver las demandas, ya que, en el caso de situaciones de violencia, no puede dejar todo en manos del poder judicial, que ha demostrado ineficiencia, negligencia o franco contubernio con los violentadores.

No podemos construir un futuro sin mirar a las mujeres del presente, y llevar en nuestra memoria a las mujeres del pasado.

Profesora de la Facultad de Economía e integrante del Centro de Análisis de Coyuntura Económica, Política y Social, CACEPS.

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