Y después de la visita y la amistad… ¿qué?

María Elena Morera

Fue una reunión en que lo cosmético pesó más que el fondo. Nadie buscaba que el presidente mexicano se peleara con su homólogo Donald Trump —como no se espera que lo haga con ningún otro mandatario— pero sí, que hubiera aprovechado la oportunidad para defender los derechos de los migrantes mexicanos, a quienes el nuevo amigo del presidente ha señalado como ladrones, asesinos y violadores.

“Fallaron los pronósticos, no nos peleamos, somos amigos y vamos a seguir siendo amigos”, con esa frase, el presidente López Obrador concluyó su discurso durante su visita al país del norte, durante la que celebraron la entrada en vigor del T-MEC y aprovecharon para presumir su sólida relación.

Fue una reunión en que lo cosmético pesó más que el fondo. Nadie buscaba que el presidente mexicano se peleara con su homólogo Donald Trump —como no se espera que lo haga con ningún otro mandatario— pero sí, que hubiera aprovechado la oportunidad para defender los derechos de los migrantes mexicanos, a quienes el nuevo amigo del presidente ha señalado como ladrones, asesinos y violadores.

También hablar sobre la constante amenaza del futuro de los cientos de miles jóvenes que, después de haber llegado siendo niños a ese país, recibieron alivios migratorios que hoy les permiten estudiar y trabajar. Es el presidente estadounidense quien ha querido cancelarles esos beneficios y dejarlos desamparados en un clima de adversidad absoluta.

El trabajo diplomático dejó fuera dos temas de suma importancia para el país: la seguridad y la migración. Esta nueva relación debería servir no para beneficiar las intenciones de reelegirse del presidente Trump, sino para tratar estos asuntos.

No se debe olvidar que, aunque López Obrador señaló que el país vecino del norte no viola la soberanía nacional, sí fue capaz de obligarlo a usar 29 mil 360 elementos de la Guardia Nacional para detener migrantes en el norte y sur del país, como si fuera su patrulla fronteriza. Es muy lamentable que, México pasó de una tradición histórica de asilo y de refugio, a convertirse en una estación migratoria más del país vecino.

Sacar el tema migratorio de la agenda de la visita fue una decisión diplomática que no logró borrar que el mandatario estadounidense presumió una fotografía del muro fronterizo, insignia del racismo y rechazo a los mexicanos en ese país.

Dejando atrás esta polémica visita, hay que ver hacia adelante. El presidente Trump habló sobre el orgullo que representó la reunión y el compromiso de ambos para mantener una amistad cercana. Sería muy provechoso que, de esa amistad, surgiera un urgente acuerdo de colaboración para evitar el incesante trasiego de drogas y de armas entre los países de ambos amigos. Muy importante, que diseñen, en el marco de la cooperación y respeto mutuo, una estrategia de seguridad que no evada responsabilidades para enfrentar a las bandas criminales que operan desde ambos lados de la frontera, cada vez con mayor impunidad. Estados Unidos debe comprometerse a combatir el tráfico de armas con las que se mata a decenas de miles de mexicanos cada año. Sabemos que de las armas que ingresan al país cada año, el 70% proviene de las armerías estadounidenses.

De igual manera se puede abordar de manera responsable la despenalización de las drogas, en primer lugar, de la marihuana, y de enfocar energía y presupuesto hacia programas de prevención y atención de adicciones. Se puede recoger la experiencia de diversos estados en la Unión Americana para encontrar mecanismos de intercambio de información.

Esa nueva relación no debe, no puede, estar fundada exclusivamente en frases vacías que llenen, con satisfacción infundada, los egos de cada uno de los presidentes. Es el momento de pasar de las adulaciones y frases condescendientes a los hechos, defendiendo con dignidad los intereses de nuestra nación.

 

***Colaboró Pilar Deziga

 

Presidenta de Causa en Común.
@MaElenaMorera

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