Triste informe y triste realidad

María Elena Morera

El 1º de septiembre ha sido tradicionalmente el día donde los presidentes presumen los logros de su gobierno, aunque estos no necesariamente vayan de la mano con resultados tangibles, y ocultan aquello que no han cumplido. Al final, no deja de ser una plataforma de promoción política, que se aleja de ser un verdadero ejercicio de rendición de cuentas. El informe que dio López Obrador no fue muy distinto a los de sus antecesores, pero es de notar que, como pasa en las mañaneras, su discurso estuvo lleno de mentiras y contradicciones.

Quiere vender la idea de un gobierno que respeta a todos los mexicanos, sin importar su condición social, económica, afiliación política o nivel educativo; que garantiza las libertades y el derecho a disentir. Esto no es así, en los hechos no deja de discriminar a todos los sectores de la sociedad que considera como opositores. Se lanza contra empresarios, la clase media “aspiracionista”, organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación, y cualquier otro que no esté alineado con su agenda, o critique algo de su gobierno. Lo peor es que sus ataques no sólo se quedan en palabras, sino que emprende acciones contra los que considera sus detractores.

Dice también que en su gobierno ya no hay violaciones a los Derechos Humanos, cuando existe evidencia de sobra de todos los abusos que ha cometido la Guardia Nacional como detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales y violencia ejercida contra migrantes.

Declara sin titubear que en su gobierno se respeta la Constitución y hay transparencia plena y derecho a la información cuando se ha comprobado su desdén por la ley y el uso facciosa que hace de ella.

Algunos ejemplos: la propuesta de la “Ley Saldívar” con intromisión en el Poder Judicial; o la Reforma a la Industria Eléctrica que es abiertamente inconstitucional; o su intromisión en las campañas electorales y la propaganda en tiempos de veda electoral. En Causa en Común hemos hecho un recuento de las ilegalidades y posibles ilegalidades que ha realizado el presidente desde el inicio de su mandato, identificando, al menos, 132 cometidas.

El tema de la corrupción, uno de los más importantes en su campaña política, sea tal vez el ejemplo más evidente de la simulación de su gobierno. Sólo en el primer año de su administración, la Auditoría Superior de la Federación encontró irregularidades de 100 mil millones de pesos, en respuesta, el presidente decidió acusar al organismo autónomo de tener una “actitud politiquera” que busca dañarlo a favor de sus opositores. Y, por supuesto, personajes cercanos a él han salido impunes de escándalos de corrupción, como la exoneración de Manuel Bartlett, y la omisión de investigar los recursos que recibieron sus hermanos por parte de David León.

Al tema de seguridad le dedicó poco menos de dos minutos, siendo que el país está sumergido en su mayor crisis de violencia en décadas. Esto es reflejo de los nulos resultados que ha tenido desde la creación de la Guardia Nacional y la militarización en el país. Hace alarde de la reducción en las cifras “de casi todos los delitos del fuero común y federales”, sin dar cuenta del respaldo documental de esos datos, y obviando el subregistro. Actualmente, hay un promedio de 97 asesinatos diarios. Los feminicidios continúan al alza y suman al menos 2,625 casos. Se han reportado casi 600 mil casos de violencia familiar, y al menos, 127 mil robos con violencia, 23 mil extorsiones, y 3,300 secuestros. Y todo lo anterior, con alrededor de 95% de los delitos sin denunciar.

Es evidente la falta de resultados y, peor aún, la multiplicación de mentiras para vender un país que no existe. Por eso este 1 de septiembre fue un triste informe de una triste realidad.

(Colaboró Susana Donaire)

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