México y su galería de horrores

María Elena Morera

Las autoridades de nuestro país tienen un registro de asesinatos. De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante este sexenio, al menos, 57 mil personas han sido asesinadas. Aunque esto refleja una escalofriante realidad, la cifra no da cuenta de los horrores cometidos, ni de los dolores que laceran a las familias y comunidades.

Todos hemos sido víctimas, o al menos testigos, de la violencia extrema que daña al país. No se trata de la violencia homicida común; el problema es que se ha vuelto común una violencia cada vez más cruel y grotesca. En muchas ocasiones, los asesinatos, cualquiera que sea su motivación, son también mensajes; no necesariamente del crimen organizado sino de mexicanos “comunes y corrientes”. Mexicanos matando mexicanos.

Dado que no existe en México ningún registro sistemático de eventos que puedan ser caracterizados como “atrocidades”, en Causa en Común decidimos, a partir de una definición propia de “atrocidad”, dar un seguimiento hemerográfico durante el primer semestre de 2020 a este tipo de eventos. Definimos una “atrocidad” como “el uso intencional de la fuerza física para causar muerte, laceración o maltrato extremo; para causar la muerte de un alto número de personas; para causar la muerte de personas vulnerables o de interés político; y/o para provocar terror”.

Con ese marco, encontramos que de enero a junio de 2020, se cometieron al menos 2,124 atrocidades en el país (sólo las que se registraron en prensa), con 2,802 víctimas; en promedio, 467 por mes. Además, el número de víctimas aumenta, mes con mes, a partir de marzo.

Guanajuato, Michoacán, Jalisco, Chihuahua y Guerrero, acumulan casi la mitad de las víctimas. Como puede verse, hay una correspondencia entre índices delictivos y atrocidades por entidad. Los estados con mayores índices son los estados con más atrocidades.

Las principales atrocidades registradas fueron profanación de cadáveres entendida como fosas clandestinas y desintegración de cuerpos (469), masacres (368), tortura (336), descuartizamiento (314), y calcinamiento (281). Más del 80% de las atrocidades cometidas están en alguna de estas cinco categorías.

¿Qué podemos hacer frente a este panorama desgarrador y desolador? En primerísimo lugar, es indispensable e inaplazable una definición clara de nuestros gobiernos —el federal, los estatales y los municipales—, en contra de la criminalidad. Cumplir con su principal responsabilidad no es, o no debiera ser, opcional. Esta definición debe de ir acompañada de un programa emergente, pero también de largo plazo, para reconstruir y fortalecer a nuestras policías locales y fiscalías. De manera fundamental, y complementaria, debe construirse una Guardia Nacional auténticamente civil, tal y como lo establece nuestra Constitución. El camino a la militarización que lleva el actual Gobierno Federal es un despropósito mayúsculo, que no sólo va en contra de nuestros equilibrios democráticos, sino que tampoco servirá para mitigar y revertir la violencia que vivimos.

Desde luego, la seguridad no puede construirse únicamente desde las policías y las fiscalías. Se requieren aproximaciones sociológicas que permitan la comprensión de las
realidades locales y la incorporación de enfoques psicológicos al estudio de las violencias, pues estas atrocidades reflejan patologías que representan un reto social mayúsculo.

Los llamados a exigir seguridad y justicia no solo son de las organizaciones de las sociedad civil y colectivos de víctimas; cuando una comunidad es agraviada, sus ciudadanos deben tomar la responsabilidad de demandar, tanto a sus gobiernos locales como al gobierno federal, que se investigue y se haga justicia. Rescato aquí una propuesta de Ina Zoon durante el evento en el que en días pasados presentamos el estudio que aquí comento. Ina sugería que, en cada familia y en cada comunidad, se “adoptara” un caso emblemático, y lo convirtiera en una causa, para exigir sin tregua resultados a las autoridades.

Por lo pronto, ojalá este trabajo, que se puede consultar en el siguiente enlace https://bit.ly/3fxYWya sirva para no perder la indignación por lo que pasa en nuestro país.

* Colaboró Mercedes Carbonell.

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