México en estado de emergencia

María Elena Morera

La crisis del Covid-19 ha evidenciado la fragilidad no sólo del sistema de salud en México sino de los sistemas de seguridad y atención a emergencias. Ante lo que ha sido un desmantelamiento gradual de instituciones del Estado, el gobierno federal está tapando hoyos —que él mismo generó— con lo que puede. En este marco, los cuerpos de seguridad han sido llamados a atender la emergencia sanitaria realizando labores que no les corresponden y para las que no han sido capacitados. Sin duda representan un apoyo importante, pero el Plan DN III-E no está diseñado para atender una pandemia. Además, es evidente que esta inclusión mermará su capacidad de acción para combatir la inseguridad.

Ante esto, es válido preguntarse, ¿en qué condiciones están realizando estas labores los policías y las Fuerzas Armadas? La gran mayoría de los cuerpos de seguridad no cuentan con entrenamiento médico específico, ni con equipamiento que les permita resguardarse razonablemente del riesgo de contagio.

En la conferencia mañanera de este viernes, los Secretarios de la Defensa y la Marina dieron a conocer las cifras del problema. Respecto a elementos en activo, la Sedena tiene 60 militares confirmados con Covid-19 y 256 registrados como casos sospechosos. Han tenido tres decesos. En la Marina, en la Ciudad de México tienen “alrededor de 26 elementos” internados; en Veracruz “cuatro elementos intubados”. Aunque el almirante José Rafael Ojeda Durán no tenía los datos precisos de los casos en todo el país, dijo que: “debemos tener alrededor de 35 elementos”. De integrantes de la Guardia Nacional no se habló.

No podemos imaginar un peor escenario que el de unas fuerzas de seguridad mermadas por la enfermedad en el contexto de inseguridad e ingobernabilidad que hoy vivimos.

Las decisiones que se están tomando son, por decir lo menos, insensatas, fuera de contexto y dictadas por la desesperación.

Muestra de ello son las “directrices” del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública para redireccionar partidas de desarrollo policial a la adquisición de equipamiento para que, supuestamente, las policías locales estén en mejores condiciones para enfrentar la emergencia. Sin embargo, esas guías tienen el riesgo de ser usadas indiscriminadamente. Además, ¿deberíamos olvidar la ausencia de capacitación, equipamiento y salarios dignos? Y considerar que, con material sanitario, nuestros policías estarán en mejores condiciones para enfrentar la grave epidemia de inseguridad en medio de la también grave epidemia de salud. La respuesta es simple: No.

Y, ¿qué hay de los criminales en medio de la pandemia?, además de que están cometiendo nuevos delitos, están entregando despensas para mantener su base social y, en muchos casos, las comunidades los están justificando y reconociendo. Una vez más, esto es una llamada de atención para el gobierno federal cuya única respuesta siempre es la misma: desplegar militares.

Mientras la contingencia pasa, ¿cómo vamos finalmente a llegar a un acuerdo político para definir una estrategia de seguridad para el largo plazo independientemente de tiempos políticos o emergencias? Insistimos nuevamente en la necesidad de otorgar más recursos a las policías locales que permitan su fortalecimiento y profesionalización, como un primer paso de cualquier estrategia. Evitemos que los pocos esfuerzos sigan siendo acciones aisladas de estados o municipios. La estrategia de seguridad es una emergencia.

Estamos claros que un reto como el que enfrentamos hoy día exige acciones contundentes que integren enfoques técnicos y científicos que se apoyen, dado el caso, en los cuerpos de seguridad facultados para ello y evitar magnificar su vulnerabilidad

Estamos buscando cómo aplanar la curva de contagios del covid-19. También debemos hacer lo mismo con la curva de la inseguridad. Ésta, aunque quieran disfrazarlo, se sigue agravando sin que parezcan existir remedios efectivos. (Colaboró Pilar Déziga)

Presidenta de Causa en Común. @MaElenaMorera

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