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El silencio criminal de la CNDH

06/06/2020
01:34
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Este 6 de junio se conmemora el 30 aniversario de la creación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Lo que debiera ser ocasión para una celebración, es, más bien, ocasión para reflexionar acerca de la desgracia en la que ha caído una de las instituciones más confiables y respetadas de México.

He aquí algunos signos de debilitamiento institucional y pérdida de autonomía a partir del cambio en el Poder Ejecutivo: 1) el ilegal nombramiento de Rosario Piedra Ibarra como ombudsperson y en el que la mayoría de Morena en el Senado se convirtió en cómplice de este atropello; 2) el nepotismo, documentado por la prensa, que confirma que el organismo se encuentra totalmente cooptado por una facción de amigos y familiares de Piedra y 3) el silencio y la inactividad de la Comisión. Es vergonzoso, los escasos pronunciamientos que ha tenido ante actos inconstitucionales y ante flagrantes violaciones de los derechos humanos en temas fundamentales como la salud. En este apartado tan solo un ejemplo de los muchos que han surgido: el abandono institucional de los padres de niños y niñas con cáncer.

La mayor desgracia de la CNDH es, sin embargo, la posición de pasividad y complicidad frente a los embates autoritarios del presidente López Obrador. El reciente decreto que legaliza la actuación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública es el mejor ejemplo. Está demostrada —por los mismos informes de la CNDH—, la violación a los derechos humanos por parte de las fuerzas militares involucradas en tareas de seguridad a lo largo del tiempo. En lugar de hacer un análisis profundo y crítico del decreto, se limitó a emitir tímidos pronunciamientos que, por su inocuidad fueron prácticamente ignorados por la opinión pública. La culpa no es de las fuerzas armadas sino de quienes insisten en abusar de ellas.

Mientras México se desgarra en un círculo de violencia homicida (un informe reciente menciona que el 40% de las ciudades más violentas del mundo están en México), la CNDH calla. La estrategia militarista del Gobierno Federal no contará con ningún contrapeso, como sí ha sucedido en el pasado, cuando contábamos con una Comisión realmente autónoma. Prueba de ello, es el Caso Tlatlaya, en el que la CNDH desempeñó un papel muy relevante.

Las declaraciones y pronunciamientos de Piedra muestran que vive en una realidad alterna a la gravísima situación de los derechos humanos. Recordemos sus desafortunadas declaraciones cuando mencionó no tener conocimiento de periodistas asesinados, “que eso pasaba en sexenios pasados”. Contrario a lo que piensa, los ataques a periodistas continúan, pues se contabilizan ya, en este sexenio, 12 periodistas asesinados. Esa es la CNDH de Rosario Piedra. Independientemente de los vaivenes políticos, la CNDH debe cumplir la función que le fue encomendada por parte de la sociedad y la responsabilidad que tiene por ley. Sociedad civil, académicos y ciudadanía en general, somos responsables de no mantener la intensidad del reclamo frente al gran atropello que está sufriendo la Comisión.

La CNDH enfrentará grandes retos, no sólo en el tema de una violencia incesante y sus consecuencias en la seguridad ciudadana; sino en otros temas clave en la agenda de los derechos humanos: salud, protección del medio ambiente, libertad de expresión, migración, acceso a la información, etc. Estos se ven amenazados debido al talante autoritario que muestran las iniciativas y decisiones del Gobierno Federal. Urge recuperar la Comisión, su autonomía, aumentar su presupuesto y desarrollar sus capacidades institucionales, las cuales muy penosamente, se van perdiendo. Esa es la desgracia y el reto.

***Colaboró Alejandro Espinosa Granados


Presidenta de Causa en Común. @MaElenaMorera

María Elena Morera
Activista ciudadana en seguridad pública y fortalecimiento ciudadano. Actualmente es ‎Presidenta de Ciudadanos por una Causa en Común A.C.