Crueldad e hipocresía

María Elena Morera

Al igual que con las demás víctimas, el Presidente no se presenta para verlas, a ellas o a sus familiares, para platicar, para ofrecerles respaldo

En campaña podíamos apreciar a un López Obrador que conectaba con la gente, que se reunía con colectivos de víctimas, y que se relacionaba con las organizaciones. Presumía de sus visitas a las comunidades de todo el país, donde escuchaba las necesidades de aquéllos que habían sido olvidados por los gobiernos. Prometía que ese olvido iba a cambiar cuando él estuviera en el poder y que, en su gobierno, las personas más desfavorecidas eran las que iban estar primero en su agenda.

La realidad, como se ha demostrado, es muy distinta. Hace unos meses el presidente declaraba en una conferencia que empatía, holístico y resiliencia son palabras de moda, neoliberales. Al parecer éstas no sólo le incomodan como ideas, sino también sus implicaciones. Como olvidar la tragedia en Tlahuelilpan, Hidalgo, donde la fuga en un ducto de Pemex dejó 138 muertos. La interrogante que surgió fue por qué el Ejército no disperso a las personas, cuando tuvieron la oportunidad de evitar la tragedia. La respuesta fue simple: evitaron “la confrontación” con el pueblo.

La justicia que tanto esperaban los familiares de víctimas de masacres y desapariciones tampoco ha llegado y parece que no llegará. Los reclamos por el cumplimiento de las promesas cayeron en oídos sordos, pero no sólo eso, a las omisiones siguieron acciones abominables, como el secuestro de la CNDH; los recortes al presupuesto de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, que también la han dejado inoperante, y la desaparición del Fondo de Ayuda, Asistencia y Reparación Integral. En esta insolencia e indiferencia lo acompaña la Secretaría de Gobernación, entidad que “administra” el dolor de las víctimas.

Tampoco le importa al Presidente la especial violencia que viven las mujeres. En una conferencia de prensa declaró que el 90% de las llamadas de auxilio sobre violencia de género son falsas, lo cual resultó una mentira más como se ha ido demostrando, pero aunque fuera verdadero, ese 10% debería haber sido atendido porque los casos de agresión contra las mujeres llegan a terminar en feminicidios.

Hay otro 10% que no puede ocultar. Diez mujeres son asesinadas todos los días, en el universo de 100 asesinatos diarios. Y, sin embargo, el gobierno federal canceló los recursos para la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres, y para otros programas, como los refugios y las estancias infantiles.

López Obrador también ha estado ausente ante la tragedia histórica que ha significado la pandemia. Desde el inicio, minimizó su impacto, asegurando que se contaba con la capacidad médica y hospitalaria para atenderla, declarando que las personas debían abrazarse y, hasta el día hoy, rehusándose a usar el cubrebocas, obligación para cualquier líder digno del nombre. En ningún momento ha habido disculpas o ha hecho rectificaciones.

Ahora, con el desastre de la línea 12 del Metro donde perdieron la vida al menos 26 personas, y quedaron gravemente heridas muchísimas más, su mayor preocupación es que el tema no se le desborde políticamente, pues lo más importante es, y será siempre… sí, adivinó usted, la próxima elección. Por eso, al igual que con las demás víctimas, no se presenta para verlas, a ellas o a sus familiares, para platicar, para ofrecerles respaldo. Por eso evade entrar al fondo de la solucion.

Está claro que no hay, ni habrá, empatía frente al dolor, ni solidaridad ante las atrocidades que se cometen todos los días. Está claro que las proclamas por el pueblo eran, y son, humo para esconder una compulsión irrefrenable por el poder. Es curioso que quienes hoy levantan el grito porque se “politiza” una monstruosa negligencia criminal, no perdieron oportunidad en el pasado de usar cualquier desgracia para linchar y juntar votos. Eso sí, por hipocresía, no paran.

Es momento de preguntarnos ¿qué le pasa al Presidente? O ¿qué nos pasa a los mexicanos? ¿Nos hemos vuelto incapaces de exigir?

(Colaboró Susana Donaire)

 

Presidenta de Causa en Común.
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