El próximo jueves 11 de junio, iniciaremos uno de los grandes acontecimientos internacionales del deporte. Yo soy de las que disfrutan el Mundial, pero, independientemente de que nos guste o no el futbol, es impactante la capacidad de convocatoria y las dimensiones que llega a tener este evento. Sí, es admirable la posibilidad de reunir a diferentes culturas, jugadores y aficionados alrededor de una competencia internacional de un solo deporte.

El pasado sábado 6 de junio, organizamos un encuentro de intercambio de estampas del Mundial. Ha sido uno de los momentos más interesantes que he vivido este año. Pudimos ver a niños, familias y jóvenes intercambiando estampas; también a abuelos que llevaban a sus nietos. Debo reconocer que fue muy afortunado poner un alto a las diferencias políticas y hablar de temas que nos unen, que deben ser muchos, pero entre los cuales, sin duda, el futbol es uno de ellos.

Para ese evento recordé un discurso que Joseph Ratzinger —quien, después, sería el Papa Benedicto XVI— pronunció el 3 de junio de 1978 con motivo del Mundial. No se requiere mucho esfuerzo para encontrar hoy en las redes sociales la referencia al mismo.

Este discurso es una hermosa reflexión sobre la dimensión humana de los deportes, pero particularmente del futbol y del propio Mundial: un fenómeno humano y universal que une a personas de distintas culturas y naciones. Muchos decimos, cuando vemos ganar a nuestro equipo que “no hay nada como la victoria”. Con creatividad, este gran teólogo, nos comunica que puede ver en quien lo juega una forma de libertad, armonía, felicidad y búsqueda de perfección cercana “al anhelo del paraíso”. Basta ver a quien gana o mete un gol para darnos cuenta de que algo de eso hay en esa experiencia.

Desde luego, que no es ningún ingenuo y sabía muy bien las desviaciones que ocasionan la corrupción y el dinero cuando este se convierte en un fin. Los señalaba como elementos que amenazan todos los días al deporte. Sin embargo, el esfuerzo del Papa Benedicto XVI fue resaltar las virtudes y valores que encontramos potenciados en el deporte: perseverancia, determinación, espíritu de sacrificio, disciplina, atención a los otros, solidaridad, trabajo en equipo, justicia, cortesía así como aprender a “respetar al adversario” (SS León XIV) y otros valores importantes en nuestra vida diría. (… por cierto, hablando de un pontífice, la histórica recepción de España y su juventud al Papa León XIV ha sido conmovedora).

Sin dejar de señalar defectos, soy de las personas que creo que debemos hacer todo lo posible por disfrutar el esfuerzo humano de esta competencia en la que México es sede. Aprovecho para darles la bienvenida, especialmente, a las selecciones que jugarán en nuestro México que tan buena afición tiene.

Es cierto que el Mundial no puede ser el pretexto para olvidarnos de nuestra solidaridad y de los deberes con nuestro país, pero sin duda, es también un momento para darnos la mano. Deseo que todo salga bien, que gane México y que sea, para todos, un gran momento en el que podamos convivir como familia y como nación.

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