La degradación de la vida política de nuestro país se está dando todos los días. Y para demostrarlo basta con ver las mañaneras. Desde el púlpito del poder, en el Ejecutivo se juzga y se condena sin juicio alguno; desde ahí también se avisa al pueblo de México que seremos vigilados y espiados. Desde los micrófonos del Poder Ejecutivo anuncian la persecución a los medios de comunicación y la restricción de libertades detrás de los “derechos de las audiencias”.

Con Morena, el Poder Ejecutivo se fue haciendo de todo el poder, a costa de los otros dos poderes: el Legislativo y el Judicial.

En 2024, el Poder Legislativo fue tomado y anulado a través de una interpretación fraudulenta por parte de la Presidencia de la República, que dio instrucciones al Instituto Nacional Electoral a fin de que el 54% que Morena obtuvo en las elecciones lo convirtieran fraudulentamente en el 74% de la Cámara de Diputados. Por eso fueron posibles las reformas al Poder Judicial para eliminar su independencia y debilitar el propio juicio de amparo.

En unos días, empezará el último año legislativo para los que fuimos electos en las elecciones de 2024. Basta con que sigan el canal del Congreso de la Unión para que se den cuenta de la falta de dignidad de quienes representan a la 4T en el Congreso de la Unión: no saben qué aprueban, leen discursos que les ordenan leer, no dialogan, no consensan, no estudian, porque ni al gobierno ni a Morena les importa lo que digan los diputados de su partido; sólo deben obedecer.

Así es como han restado la dignidad del parlamento. Relegando al olvido la deliberación y la discusión efectiva de cada iniciativa. Se dispensan lecturas y discusiones; se han llegado a aprobar en 15 minutos reformas constitucionales. El problema no es solamente la forma en que se legisla, sino las consecuencias que esto tiene para todos los mexicanos.

En estos últimos siete años, las reformas se han caracterizado por la concentración del poder político y por la debilitación progresiva de los contrapesos que históricamente habían garantizado el equilibrio entre poderes. Doy tres ejemplos:

a) Inventaron el pretexto de “la defensa de las audiencias” para publicar lineamientos generales —facultad del Congreso— en contra de todos los medios de comunicación.

b) Se empeñan en intervenir en la conciencia y en la libertad de un pueblo, pero son incapaces de transparentar una sola obra de importancia aun cuando se les exija desde el Congreso.

c) Diseñan juicios contra miembros de la oposición, pero son incapaces de aplicar la ley contra los gobernadores de Morena, como Rocha Moya y Marina del Pilar, e informar al respecto.

Hace unos días, al terminar una plática que di sobre la Cristiada, advertíamos de los tiempos recios que vienen para México y de la obligada participación que tenemos cada mexicano y cada mexicana en la defensa de nuestras libertades. Para empezar, deberíamos partir de la idea de que todos los que no somos del gobierno de Morena somos la oposición que debe organizarse y denunciar cada mentira, cada injusticia y cada violación a los derechos humanos.

Porque la defensa de nuestras libertades no puede depender únicamente de quienes tienen un cargo público o militan en un partido político. La democracia se defiende todos los días y nos corresponde a todos.

Al final, todos somos oposición.

Diputada federal. @Mzavalagc

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