La democracia del rencor

Marcela Gómez Zalce

“No crean que tiene mucha ciencia el gobernar”. Palabras de López Obrador el 25 de junio de 2019 en Ecatepec donde espetó francamente emocionado que eso de que la política es el arte y la ciencia de gobernar no es algo tan apegado a la realidad. Que es más sentido común y juicio práctico, pues. 

Y a 18 meses de transformación ambos conceptos esbozan con nitidez la percepción presidencial de una (ir)realidad que comparte de manera irónica y mordaz con funcionarios que celebran risueños sus chistoretes de la enseñanza para hablar pausado y provocar a los conservadores a quienes tanto denuesta. 

Transformar un gobierno requiere hacerse cargo de la complejidad de un sistema multifacético.
Durante las transformaciones es necesario actuar sobre la difícil naturaleza de la vida organizacional y política encarando la arriesgada predecibilidad de los fenómenos y aprender a tolerar, planear y prepararse ante la autoorganización legítima, espontánea o premeditada, de las personas en torno al poder, la política y los conflictos.

El juicio de realidad presupone el ejercicio de la capacidad para procesarla y adquirir conciencia de ella, sin embargo algunas patologías pueden alterarlo. El continuo y beligerante comportamiento del presidente convencido de sus ideas, aunque algunas parezcan ilógicas y absurdas, rayan en el delirio buscando con evidente dolo provocar confrontación. La ruta de la radicalización presidencial ante los pocos resultados de su desordenado gobierno y a menos de un año para las elecciones intermedias exhibe el profundo rencor hacia la denominada mafia del poder que durante años lo combatió, denostó y obstaculizó. Hay rencores sutiles, casi freudianos. Los hay inmisericordes y los prefabricados: Estos últimos son los que se han ido cimentando paulatinamente sobre los pequeños odios que orean la democracia del rencor encarnada por esta 4T y varios de sus funcionarios.

Los lamentables hechos ocurridos en Jalisco fueron el disparador de varios conflictos latentes entre actores y el presidente. Derivado de eso fijó postura incluyendo además a los de casa: O se está con la transformación o se está contra ella. Conmigo o contra mí. Blanco o negro. Olvidando que las medias tintas y los grises son la escencia de la pluralidad de la vida democrática y que en las coyunturas donde no hay espacio para la no definición ocurre generalmente en tiempos de guerra.

Y por si fuera poco dentro del torbellino de polarización se difundió desde el púlpito mañanero el libelo BOA, de dudosa procedencia y “confidencial”, involucrando a medios, analistas, empresarios, al INE y al TEPJF como epicentro de conspiración soltando a los demonios para lograr el cometido presidencial de distraer y dividir a México entre buenos y malos.
 
Lo imperdonable del timing para teorías de conspiración es que se da en el pico de la peligrosa pandemia que cobra vidas todos los días. En una crisis económica sin precedentes y en un violento contexto de inseguridad donde el escenario de la nueva normalidad arroja la protesta social y el vandalismo a las calles que, en el caso de la Ciudad de México, este último tiene permiso y absoluta impunidad

El deterioro y los brotes de violencia en cada manifestación,la ausencia de la policía a petición expresa de una autoridad temerosa para aplicar la ley están empujando a la capital a un panorama de alto riesgo e inestabilidad. 

Y la indecisión es la peor decisión. 

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