Vivimos en la era de la información. Pero hay algo profundamente incómodo en esa afirmación: nunca antes habíamos tenido tanto acceso al conocimiento… y al mismo tiempo, nunca habíamos sido tan vulnerables a la manipulación.
Hoy tenemos un exceso de información, que se comparte a gran velocidad y, sobre todo, sin saber su veracidad..
Hoy, millones de personas no se informan: reaccionan.
El nuevo hábito: informarse sin cuestionar
Durante décadas, el acceso a la información estuvo mediado por instituciones periodísticas: diarios, televisión, radio. Si bien estas instituciones informativas tuvieron y tienen sus preferencias, y la objetividad siempre es cuestionada, existen filtros, editores, procesos de verificación, etcétera.
Eso como hábito en la mayoría de la población desapareció.
Hoy, las redes sociales se han convertido en la principal puerta de entrada a la información para una gran parte del mundo. Y ahí, la lógica no es la verdad. Es la atención.
Las cifras son contundentes:
De acuerdo con el Digital News Report del Reuters Institute de la Universidad de Oxford, hoy las redes sociales, plataformas de video y agregadores ya superan a los medios tradicionales como principal vía de acceso a noticias en gran parte del mundo.
A nivel mundial, entre el 55% y el 60% de las personas utilizan redes sociales como fuente frecuente de noticias. En Estados Unidos, aproximadamente el 50% de los adultos se informa a través de estas plataformas. En México, entre el 70% y el 75% de los usuarios de internet consumen noticias directamente desde redes sociales (Facebook, Youtube, Tiktok).
Pero el dato realmente preocupante es el comportamiento.
La mayoría de ese consumo ocurre sin verificar fuentes, sin contrastar versiones y, en muchos casos, sin siquiera leer más allá de un titular o un video de segundos.
Los algoritmos premian lo emocional, lo polarizante y lo escandaloso. No lo verdadero.
Y eso crea el terreno perfecto para algo mucho más peligroso que la ignorancia: la manipulación.
Cuando la desinformación deja de ser virtual
Durante mucho tiempo, se pensó que la desinformación era un problema menor. Algo limitado a rumores, cadenas absurdas o teorías de conspiración. Hoy existe evidencia clara de que la desinformación puede alterar comportamientos reales, escalar conflictos y, en casos extremos, costar vidas, por ejemplo:
Myanmar: cuando Facebook se convierte en combustible
En Myanmar, Facebook era predominantemente la plataforma utilizada para difundir discursos de odio y noticias falsas contra la minoría musulmana rohinyá. Narrativas que los presentaban como invasores, criminales o amenazas existenciales. El resultado fue devastador, ya que la desinformación ayudó a crear un clima de miedo y odio que facilitó una campaña de violencia sistemática. Más de 700,000 personas fueron desplazadas. Miles murieron.
No se trató solo de propaganda, fue un ecosistema de información manipulado que amplificó prejuicios existentes y los convirtió en acción.
Texas: protestas reales, conflictos fabricados
En 2016, en Texas, dos grupos se organizaron para protestar: Uno, en contra del islam.[Salto de ajuste de texto] Otro, en defensa de la comunidad musulmana. Ambos grupos se convocaron a través de Facebook. Ambos lograron movilizar personas reales. Ambos se enfrentaron físicamente.
El problema es que ninguno de los dos movimientos era auténtico.
Ambos fueron creados por la Internet Research Agency (IRA), una organización vinculada al gobierno ruso dedicada a operaciones de influencia digital. El objetivo no era defender una postura ideológica. Era más simple y más peligroso: generar conflicto, y lo lograron. Personas reales, en la calle, enfrentándose por una causa que nunca existió.
COVID-19: la desinformación que mata
La pandemia expuso el poder de la desinformación a una escala global. Desde teorías de conspiración sobre el origen del virus hasta falsas curas milagro, pasando por campañas organizadas contra las vacunas, la desinformación se propagó con una velocidad comparable a la del propio virus. Las consecuencias fueron tangibles: Personas rechazando tratamientos médicos, comunidades enteras desconfiando de las vacunas, ataques a personal de salud. Diversos estudios han estimado que la desinformación contribuyó a cientos de miles de muertes evitables al reducir la adopción de medidas sanitarias básicas. La desinformación no solo confunde. Mata.
La industria del engaño
Nada de esto ocurre por accidente.
Existe una infraestructura, una economía y una estrategia detrás de la desinformación, encabezada principalmente por Rusia, pero emulada en varios países del mundo con propósitos de influencia política.
En los últimos años, múltiples investigaciones han documentado las operaciones de influencia digital provenientes de Rusia.
Estas incluyen:
- Granjas de bots automatizados.
- Creación masiva de cuentas falsas.
- Difusión coordinada de narrativas divisivas.
- Intervención en debates políticos de otros países.
Pero el objetivo no es necesariamente convencer a la población de una ideología específica, sino erosionar la confianza, sembrar duda, confundir y polarizar. En otras palabras: fragmentar la realidad compartida. Porque una sociedad que no puede ponerse de acuerdo en qué es verdad es una sociedad más fácil de manipular.
Cambridge Analytica: el laboratorio de la manipulación
El escándalo de Cambridge Analytica reveló una dimensión aún más sofisticada del problema. La empresa utilizó datos personales de millones de usuarios de Facebook para construir perfiles psicológicos detallados. Se trataba de saber cómo persuadirte. A partir de esos perfiles, se diseñaron mensajes políticos personalizados, adaptados a las emociones, miedos y sesgos de cada individuo. Dos personas podían ver información completamente distinta sobre el mismo tema, cada una diseñada para empujarlas en una dirección específica (por ende imposible localizar la “campaña de propaganda” al ser individualizada, era casi imposible de identificar. Esto es una literal ingeniería del comportamiento. No es que te digan qué pensar, es crear las condiciones para que creas que la conclusión fue tuya.
No hay necesidad de crear un fraude en las boletas electorales, cuando ya lograron exitosamente secuestrar tu conciencia ... .sin que te des cuenta y a gran escala. Es una tendencia sumamente peligrosa, donde el más malvado y adinerado, seguro gana.
El problema no es solo tecnológico, es humano
Sería cómodo culpar únicamente a las plataformas o a actores extranjeros. Pero eso sería incompleto. Si existen muchas tecnologías muy avanzadas en iberdefensa, pero cuando el ataque es a la conciencia y el atacado no se da cuenta, y el atacante solo necesita dinero para lograrlo, es letal. La desinformación funciona porque encuentra terreno fértil en la psicología humana. Buscamos confirmar lo que ya creemos , rechazamos lo que incomoda nuestras ideas, compartimos lo que nos hace sentir algo, no lo que es cierto. Y lo peor es que estas preferencias hoy son públicas porque nosotros las hacemos explícitas en las redes sociales, que no inventaron estos sesgos. Los amplificaron.
Y en contextos políticos polarizados, ese efecto es exponencial.
México: la división como narrativa dominante
En México, la polarización ha alcanzado niveles preocupantes. El debate público se ha reducido, en muchos casos, a etiquetas simplistas: “chairos” contra “fifís”. Dos identidades enfrentadas que no discuten ideas, sino que desacreditan al otro como persona. El problema es que esas diferencias están siendo alimentadas por ecosistemas informativos completamente separados.
Dos grupos que consumen noticias distintas, confían en fuentes distintas e interpretan la realidad de formas incompatibles.
El resultado es una fractura profunda. Cada lado cree tener la verdad, considera al otro manipulado y refuerza su visión dentro de su propia burbuja.
La pregunta incómoda
Si juntamos todas las piezas, el panorama es difícil de ignorar: Una población que consume información sin filtros, pegada todo el dia a una plataformas que priorizan lo emocional sobre lo verificado (y gana dinero de hacerlo), y, actores organizados que explotan esas dinámicas.:
¿Estamos presenciando todos los días un nuevo secuestro de la conciencia?
¿Quién lo está provocando… y para qué?
Porque si algo ha quedado claro, es que en esta nueva era, el arma más poderosa no es la fuerza, ni el dinero, ni siquiera la tecnología; es la capacidad de moldear lo que una sociedad cree que es verdad. Y eso, hoy más que nunca, está en disputa.
CEO y Socio fundador de NEKT Group, empresa especializada en servicios de ciberseguridad.
manuel@nektgroup.com @mriveraraba

