Las personas adultas mayores enfrentan un entorno cada vez más complejo donde factores sociales, ocupacionales y ambientales pueden desencadenar, predisponer o agravar una amplia gama de enfermedades y trastornos, no solo en la vejez, sino desde edades tempranas y a lo largo de toda la vida.
El envejecimiento no es un proceso homogéneo; está influido por diversos factores sociales que condicionan la forma en que las personas viven esta etapa, como el nivel socioeconómico, el lugar de residencia, la condición de salud y el acceso a la seguridad social son determinantes clave para la calidad de vida en la vejez. Además, las diferencias de género juegan un papel fundamental, ya que hombres y mujeres experimentan esta etapa de maneras distintas, impactando en su bienestar general.
Entre los temores más comunes asociados al envejecimiento se encuentran la soledad, la enfermedad, la pobreza y la dependencia. Por tanto, la compañía y el respaldo de una red social, junto con la salud, la estabilidad económica y la autonomía, son condiciones indispensables para que las personas adultas mayores disfruten de una buena calidad de vida.
Se suman también retos y enfermedades específicas propias de la última etapa de la vida, como las patologías crónico-degenerativas —entre estas, el cáncer, enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas—, las complicaciones derivadas de la diabetes mellitus y los problemas osteoarticulares, los cuales pueden generar dependencia funcional y requieren atención especializada.
De acuerdo con la doctora Abigail Vanessa Rojas Huerta, investigadora del Instituto de Geografía de la UNAM y del Laboratorio de Políticas Públicas del Instituto Nacional de Geriatría, en México, siete de cada diez personas mayores reportan al menos una enfermedad crónica y las mujeres presentan una mayor prevalencia de estas condiciones en comparación con los hombres.
La disminución de la actividad física y cognitiva durante la vejez agrava los problemas sociales y económicos, al restar independencia a las personas adultas mayores. A esto se suma la falta de empatía por parte de la familia o la sociedad, que contribuye a la pérdida de autonomía, aumenta la soledad y el riesgo de depresión.
Aunque la soledad afecta a ambos géneros, las mujeres suelen contar con redes sociales más sólidas que les brindan apoyo, mientras que los hombres tienden a sentirse más aislados.
Para enfrentar estos desafíos, es indispensable implementar un enfoque intersectorial que involucre no solo al sector salud, sino también a otros ámbitos sociales como la familia, la comunidad y el entorno vecinal. Fomentar redes sociales y comunitarias que apoyen a las personas mayores, especialmente a quienes viven solos. Actividades comunitarias que promuevan la interacción social y el apoyo mutuo pueden mejorar significativamente su bienestar.
Las políticas públicas vigentes han otorgado un énfasis limitado a la educación, promoción y prevención de la salud, contribuyendo al agravamiento de enfermedades no transmisibles, a complicaciones graves y a una atención sanitaria que, en ocasiones, resulta insuficiente y despersonalizada. Como consecuencia, muchas personas fallecen en condiciones prevenibles, mientras que otras ven afectadas diversas áreas de su vida, como la familiar, laboral y económica.
Uno de los mayores desafíos a nivel mundial es el crecimiento acelerado de la población envejecida, resultado de tasas bajas de natalidad y aumento en la esperanza de vida, lo cual está modificando la estructura demográfica. En la pirámide poblacional actual se observa que la base, representada por los nacimientos y etapas infantiles, es más estrecha que el grupo juvenil, mientras que la punta, correspondiente a personas de 60 años o más, comienza a crecer.
Por ello es urgente fortalecer las estrategias sociales, económicas y de salud para garantizar un envejecimiento digno, saludable y con calidad de vida para todas las personas adultas mayores en México.
Según la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2021, presentada en julio de 2023 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en coordinación con el Centro Médico de la Universidad de Texas, las enfermedades que más afectan a la población adulta mayor en México son la hipertensión arterial (43.3%), la diabetes (25.6%) y la artritis (10.7%). Además, el 62.3% de estas personas reporta tener un estado de salud que va de regular a malo. Otro dato preocupante es el incremento en la prevalencia de depresión, que fluctuó del 26.4% en 2018 al 35.5% en 2021.
Teresita de Jesús Serna Enciso, doctora en Estudios de Población del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) y docente de la Universidad de Guadalajara (UdeG), explica que en la actualidad hay 47 personas mayores de 60 años por cada 100 niños de 0 a 14 años. Si esta tendencia continúa, para 2050, al menos una cuarta parte de la población mexicana estará integrada por adultos mayores. Este cambio demográfico implica profundas transformaciones sociales. Es fundamental adaptar las estructuras sociales y los servicios a las nuevas realidades y necesidades.
No se trata únicamente de atender temas de salud, también precisa planificar ciudades inclusivas, diseñar espacios públicos accesibles, con rampas, elevadores y calles seguras para caminar, libres de baches u obstáculos en las banquetas que dificultan la movilidad de las personas mayores o con discapacidad física.
Hay muchos aspectos que se pueden desarrollar y brindar a las personas de la tercera edad, instrumentos que les permitan ejercitar su cuerpo a fin de darle movilidad, fuerza, coordinación y elasticidad. También pueden aprovecharse los espacios largos seguros en la cuidad para realizar trote o caminata, en beneficio del sistema cardiovascular.
En México, los servicios de salud destinados a esta población son insuficientes o inexistentes. Sin embargo, pueden lograrse en los parques, camellones, las mismas calles y avenidas, así como en las alcaldías. Se podría invitar a instructores de las federaciones y/o a las diversas direcciones del deporte, existentes en las alcaldías para lograr clases, por ejemplo, de Taichi, yoga, pilates, entre otras, actividades idóneas para las personas adultas mayores.
El envejecimiento es un fenómeno complejo que demanda un enfoque multidimensional. Para garantizar que los años ganados sean de calidad y significativos. Debemos trabajar conjuntamente como sociedad. Esto implica no solo cubrir las necesidades inmediatas de las personas mayores, sino también fomentar una cultura que valore y respete esta etapa de la vida como una oportunidad digna y enriquecedora.
El envejecimiento de la población es uno de los fenómenos más relevantes del siglo XXI. Prepararse para este cambio es un desafío urgente que requiere compromiso y acción desde todos los ámbitos.
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