Cuando hablamos de corrupción, en automático pensamos en el sector público y la clase política. Tan así es, que una definición consensuada de corrupción “es el abuso de autoridad pública para obtener ventajas privadas” (Friederich, 2002)

Sin embargo, pocas veces reparamos en señalar la gran corrupción que existe en México en el sector privado, salvo por aquella colusión con el sector público. En la Enciclopedia Soviética, el académico Krutolog define la corrupción como “delito que consiste en el uso directo, por parte de un funcionario, de los derechos que se le otorga por su cargo, para el propósito de enriquecimiento personal” (Great Soviet Encyclopedia,, Londres, 1973)

A mí me gusta más esta definición porque en ella el funcionario que utiliza su cargo para enriquecimiento personal, puede ser público o privado.

La corrupción en la iniciativa privada, llámese en la empresa privada, está profundamente arraigada. Ejemplos son muchos y en los más diversos sectores económicos.

Tenemos corrupción del empresario que se colude con la clase política para lucrar a costa del erario o a través del tráfico de influencias. También tenemos a los seudoempresarios que se coluden con la clase política o el narcotráfico para lavar dinero.

Pero también tenemos la corrupción a nivel empleado de la IP bajo la tesis de Carlos Soria, periodista español que nos dice “la calidad es la primera exigencia ética…trabajar poco, trabajar mal, trabajar sin la técnica y la calidad exigida por la naturaleza del cargo es el primer ataque a la ética.”

Pero hoy hablaremos más de la corrupción en la función directiva dentro de la empresa mexicana. es común ver a los altos funcionarios del sector bancario pedir mordida o moche por otorgar un crédito, donde la tajada que se pide no es menor; además de que casi siempre esos créditos terminan en problemas de cobranza. El directivo bancario muchas veces exige una moralidad que no ofrece.

Todos sabemos lo difícil que es conseguir un crédito, y cuando vemos que a “fulano”, que es de fama mundial que no paga, le otorgan un crédito millonario, la única explicación es que hubo mochada, no puede ser de otra manera.

También hay una gran corrupción en las áreas de compras de las empresas privadas, no solo del sector público, ya que muchos directivos piden mochada por comprar a los proveedores, incluso en ocasiones en detrimento de las empresas para la cual laboran y a las que le deben lealtad.

También hay corrupción en las altas esferas directivas cuando se maquillan los resultados para obtener bonos. A su vez es común que la alta dirección oculte información que no es favorable o bien que esconde grandes riesgos o contingencias y que se debe comunicar al consejo o a sus superiores, y sin embargo lo callan generando costos mayores a la empresa.

Por eso es importante seguir el consejo que señala que “ante la duda busca un aliado de orden superior” o bien aquella recomendación religiosa, muy útil en la rendición de cuentas, que sostiene: “lo que no quieres que se sepa es lo primero que tienes que confesar”.

El empresario, ante la complejidad que existe hoy en el manejo de las empresas, confía en su equipo directivo. Y el directivo corrupto traiciona esa confianza y abusa de la autoridad que le confiere el cargo para lucrar en lo personal.

También un tema poco tratado en México es la corrupción derivada del conflicto de intereses. Esto último sucede cuando los intereses personales del funcionario se anteponen a los intereses de la empresa.

En fin, son muchos los problemas de corrupción que arrastra la empresa mexicana y que generan perdida de competividad, pero si queremos un México honesto, empecemos por ser honestos nosotros mismos.

Ingeniero industrial y empresario

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