Durante la presentación en el mes de diciembre pasado de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat), se dio a conocer ante los medios de comunicación que la población adolescente en el país fue la que tuvo los mayores niveles de alteraciones mentales. Estas alteraciones se dividen en cuatro tipos: malestar sicológico, comportamiento suicida, violencia y participación en apuestas y uso de videojuegos.

Según la Secretaría de Salud federal, en salud mental la evidencia es contundente: los números señalan que la población de doce a diecisiete años es la que concentra las mayores vulnerabilidades. Sobre el comportamiento suicida, la institución indicó que en los últimos doce meses, la ideación fue mayor en adolescentes, con 3.3 por ciento, mientras que en personas adultas fue de 1.7 por ciento. El intento de suicidio también fue mayor en adolescentes, 1.5 por ciento, contra 0.5 por ciento en adultos. Las mujeres adolescentes son el subgrupo con mayor frecuencia de ideación e intento.

Referente al malestar sicológico, la Secretaría de Salud informó que la prevalencia fue de 8.1 por ciento, entre los doce y sesenta y cinco años de edad. En adolescentes entre doce y diecisiete años de edad, las mujeres tuvieron 13.2 por ciento en malestar sicológico contra 6.9 por ciento en los hombres. En adultos, las mujeres también tuvieron mayor malestar sicológico con 10.2 por ciento comparado con 5.1 por ciento en los hombres.

Respecto de la violencia, la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco reveló que la prevalencia fue que 12.3 por ciento de la población entre doce y sesenta y cinco años reportó haber sufrido algún tipo de violencia, física, emocional o sexual, en el último año. En adolescentes fue de 18.1 por ciento predominando en mujeres sobre hombres, mientras que en adultos fue de 11. 4 por ciento, con mayor afectación en mujeres.

Como vemos, los adolescentes y jóvenes siguen siendo el segmento poblacional que más daño está recibiendo por la ingesta de drogas, alcohol y tabaco en México. Es una situación que nos debe preocupar a todos. Esta población representa el futuro del país y prevenirla de todos estos males es tarea permanente de todos los sectores, en donde la educación juega un papel primordial.

La escuela pública es una de las herramientas más poderosas para transformar trayectorias de vida. Bien planificada y aprovisionada de la infraestructura suficiente, puede intervenir en contextos de violencia intrafamiliar y cambiar el rumbo de la familia entera. México tiene una deuda muy grande con sus niños y jóvenes y esa deuda se cubre fortaleciendo instituciones dedicadas a su cuidado y protección, colocando la seguridad de ellos por encima de cualquier iniciativa que sólo trate de burocratizar y banalizar la dolorosa realidad en que viven decenas de miles de jóvenes y niños mexicanos.

Hasta la próxima.

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