Colocando al Papa Francisco por delante, Claudia Sheinbaum respondió al documento “Compromisos por la Paz” emitido por la Conferencia del Episcopado Mexicano. Como si la Encíclica Fratelli Tutti del Papa pudiera ser utilizada para justificar lo injustificable solo por el hecho de invocar conceptos como “neoliberalismo” o “libertad de mercado”. Tras citarla como careta de humanismo, aseguró que no hay militarización en México y minimizó la presencia del crimen organizado.

Fue auténtica cuando en la firma del documento advirtió: “no comparto” y “no coincido”, llevó al extremo sus diferencias en su respuesta al diagnóstico de la Iglesia, particularmente en lo que respecta al tejido social y a la seguridad en el país. La Iglesia agradeció su franqueza, pero seguramente esperaba algún argumento con explicaciones técnicas y datos que sustentaran su particular interpretación de la realidad.

El ethos de la iglesia coloca en una encrucijada a la candidata morenista. ¿Acaso cree que el diagnóstico del documento “Compromisos por la paz” fue redactado por un puño de sacerdotes que no se codean con el pueblo? El documento es producto del diálogo y consenso de más de 1600 instituciones que han dado seguimiento en carne propia a las dinámicas de violencia que afectan a los más vulnerables. Ofrece al menos 300 buenas prácticas para reinstalar la paz y una ruta colectiva para frenar la crisis de violencia que sufre nuestro país.

Sheinbaun señala en su respuesta: “No coincido con ‘la descripción del problema’ en el tema de Seguridad en sus primeros tres párrafos, donde por ejemplo se afirma que ‘Aunada a estas grandes redes de criminalidad, ha aumentado en México la delincuencia común, alimentada por la marginación y la búsqueda de reconocimiento y justicia social. Frente a esto, las estrategias de seguridad a nivel nacional, estatal y local no solo han sido insuficientes, en ocasiones, han generado nuevas violencias’”. ¿Cuáles serán sus datos o qué pruebas tiene de lo contrario?

A lo mejor desde el punto de vista de Sheinbaum, la experiencia del presbítero Filiberto Velázquez no es suficiente para avalar que son ellos quienes tienen buena parte del diagnóstico claro. Es el padre Filiberto quien tuvo que intervenir en Guerrero para que los grupos criminales de Los Tlacos y la Familia Michoacana pactaran una tregua. Un sacerdote que ha bajado del altar para defender al pueblo.

¿Y por qué un sacerdote como el padre Fili y la iglesia tienen que andar opinando y metiéndose en asuntos del Estado? Porque, por ejemplo, en Guerrero ya ni la Guardia Nacional es suficiente. Al inicio de este 2024, municipios como Taxco parecían abandonados. Otros estados como Chiapas o Tabasco, que hace unos años parecían alejados de la violencia, comenzaron a dar de qué hablar por el incremento de delitos como el robo o la extorsión. Febrero y marzo han sido meses marcados por protestas de transportistas a nivel nacional que aseguran que las carreteras son intransitables para realizar sus actividades: los asaltan, los golpean o los matan.

Claudia Sheinbaum prefiere invocar los años de la guerra contra el narcotráfico de 2007 a 2018. Y agrega los datos del Inegi sobre la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana donde, si bien hay una disminución, la mitad de la ciudadanía mexicana se sigue sintiendo insegura. No considera el numero de homicidios, las desapariciones, los feminicidios que han crecido exponencialmente.

A 13 días de campaña la candidata oficialista pensó que era buena idea responderle a la iglesia como les responde comúnmente a sus opositores. Su apertura al diálogo contrasta con la abierta negación de una realidad que golpea a los que más dice defender. Con esta postura no le da la espalda a la iglesia, sino que ignora el dolor que estremece a millones de familias, al pueblo.

@MaiteAzuela

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