Si la expresión no hay mal que por bien no venga es cierta, entonces se pudiera aplicar a las organizaciones también. Todas las empresas en el mundo independientemente de su tamaño están buscando caminos para seguir adelante retados por la pandemia y para hacerlo, es importante librarse de defectos ancestrales de los que adolecen un sinfín de las nuestras, las mexicanas.

Las luchas por el poder. La pobre coordinación del trabajo en equipo. Los chismes. Todos ellos son síntomas de obstáculos en las organizaciones resultando en su baja productividad.

Los elementos comunes que provocan los síntomas referidos, pudieran pasar; por la falta de claridad en lo que se pretende lograr en el corto, mediano y largo plazos; el manejo de las relaciones interpersonales; la resistencia a trabajar de manera distinta; la carencia de cohesión.

Es importante preguntarse: ¿Por qué somos pocos claros?, ¿Cómo podemos mejorar nuestras relaciones?, ¿Por qué somos resistentes a cambiar? Una vez resueltas esas preguntas pudiéramos afirmar haber dado el paso inicial para enderezar el camino, si es que está torcido, hacia el futuro.

Detener las quejas diarias que nunca se resuelven y se convierten en círculo vicioso en el que en lugar de resolver, vamos creando enormes cuellos de botella, que nunca desatoramos. Desde luego es importante ante todo que seamos abiertos para entender la realidad de la situación; salirnos de la zona de la negación, para entrar en la probable zona de la solución, es justo y necesario.

Estamos tratando de generar a la velocidad del rayo remedios para adelante y entendiendo o así se asume, que no habrá vuelta atrás, me parece que es aceptado que debemos acelerar nuestro proceso no solamente en rapidez sino en mejorar nuestra empatía con clientes, colaboradores, proveedores y comunidad.

Tenemos que modificar la jerarquía de jefes, por cierto grados de autonomía que permita flexibilidad y no concentración en una o dos personas que toman todas las decisiones y recordemos que si el talento humano actual no está listo para lo anterior, habrá que prepararlo o de plano adquirirlo, si queremos ser más ágiles.

En cuanto a la jerarquía es claro que es necesario impulsar el que los que están cercanos a clientes, socios, proveedores, colaboradores, comunidad sean los que tomen decisiones que impulsen la innovación, en contra de aquellos que suponen que la concentración en un grupo pequeño es más seguro, lo cual es falso y provoca que muchos colaboradores no se comprometan con los resultados.

No es fácil en empresas de comando, comunicación y control lograr resultados y siempre será preferible delegar las decisiones operativas a quienes sean más cercanos a la solución y reservar solo aquellas estratégicas, para la alta dirección preferiblemente con organizaciones centradas en procesos y descentralizadas apoyadas por la digitalización.

También es muy común que se hable de ejecutivos confiables como un adjetivo deseable cuando lo mejor sería que fueran innovadores, eficaces y emprendedores. Capaces de tomar decisiones comprometidas y que se pongan en el lugar del inversionista cuando las toman, asumiendo riesgos y no pasándolos hacia arriba, lo cual por seguro que parezca, será fatal mezcla si la agilidad es la característica primordial con la que tenemos que movernos primero, para sobrevivir y luego, para crecer en el futuro.

Es pertinente entender quienes podrán con el compromiso y quienes no, porqué la competencia es feroz y muchas empresas por falta de agilidad, caerán en bancarrota, sin remedio.

Sirva de metáfora para aplicarla a derribar los cuellos de botella en la organización y quitar la niebla de no querer ver hacia dónde nos dirigimos y literalmente como organización, limpiar las lagañas que nos nublan el accionar provocando abatimiento.

Es importante, más que vivir quejándonos, responder lo más diáfano posible: ¿Quiénes somos?, ¿Qué queremos lograr?, ¿Cómo nos comprometemos para ejecutarlo y hacer realidad lo que buscamos?

Antes de seguir dando palos de ciego en época de tanta incertidumbre, sería importante alinear a la organización en el rumbo, ritmo y modo como dice mi respetado colega Salvador Cerón , eliminando conductas perniciosas en las que se pierde el tiempo y se consume energía a lo tonto, abracemos el hacerlo antes de que nos lleve la turbulencia y respirando profundo abatidos, de todo le echemos la culpa a la pandemia.

Profesor de asignatura del ITAM, Consultor y Consejero de empresas y miembro por varios años del Consejo Internacional de The Strategic Leadership Forum.
Wu 552300 4668

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