La gestión y la cacariza

Luis Ramón Carazo

Luego de liderar las acciones de un día y de colocarse en la segunda posición otro; Abraham Ancer culminó su participación en el Masters de Augusta hace unas semanas, con una histórica posición doce más uno por aquello de la suerte, la mejor para un mexicano en el máximo torneo de golf a nivel mundial. 

Se adueñó del liderato durante la segunda ronda con 9 bajo par, para convertirse en el primer mexicano en liderar el torneo más importante de la PGA. El ganador del Masters de Augusta fue Dustin Johnson y dejó la cifra de 20 golpes bajo par como récord, eliminando la marca de Tiger Woods de 1997. 

Abraham como otros mexicanos en la frontera, nació el 17 de septiembre de 1991 en McAllen, Texas, pero creció en Reynosa, Tamaulipas y volvió a Estados Unidos para jugar golf universitario en el Odessa College de Oklahoma. 

El logro de Augusta lo ubica como un brillante prospecto, que en México están floreciendo como el tapatío Carlos Ortiz, que ganó el Houston Open o las mexicanas Gaby López y María Fassi -con quién me une un nexo muy grande de cariño- nos hacen sentirnos orgullosos de sus carreras y les deseamos un halagüeño futuro. 

En El Mayakoba Golf Classic torneo de PGA Tour en Quintana Roo en la primera semana de diciembre, el primer mexicano en ganar en el PGA Tour en 42 años, Carlos Ortiz quedó en octavo lugar y Abraham en el doceavo, el ganador del torneo fue el noruego Vikton Hovland. 

Mi suegro, Eduardo Canto, fue en algún tiempo el decano en México de la fuente periodística del golf, y me platicó de los movimientos básicos para jugarlo, tengo la impresión de que, el proceso del juego, es similar al de una organización, en su esfuerzo por controlar y mejorar el desempeño. 

El deporte, ofrece la enseñanza de la persistencia y el enfoque, nos recuerda que el aprendizaje en cualquier actividad humana, se sustenta en experiencia, práctica y retro-alimentación.  

No solo es golpear con el bastón la pelota y tener, sin mayor preparación, la esperanza de hacerlo bien algún día. Entre otras preguntas, poder y saber contestar con oportunidad, ¿Cuál es la mejor manera de jugar el siguiente hoyo? ¿Cuándo debe tomar tiempo para propinar el siguiente golpe? 

Que obligan, a tener respuestas concretas, contemplando escenarios múltiples en un lapso de tiempo corto, y las probables dificultades a resolver, para tener éxito en la estrategia de juego. 

El reto, es llevar a la práctica lo planeado, conectando al cerebro a los músculos, tendones y otras partes del cuerpo, que se utilizan para golpear el bastón y dirigir la pelota (la cacariza como la conocen los amantes del deporte). 

En las organizaciones, los pensamientos de gestión son imposibles que se hagan realidad, si no están alineados con el resto de su cuerpo. El golfista, decía mi suegro, debe aumentar día con día, su capacidad estática, su control dinámico y el disparo. 

La capacidad estática, esto es, el momento en que el golfista coloca la pelota y se prepara para decidir cómo va a golpearla. En ese paso él puede recurrir a las observaciones de un instructor, verse en el espejo o acomodarse, para alinear la posición de su cuerpo. 

El control dinámico, es el movimiento inicial del bastón hacia atrás, para tomar el impulso correcto, debe ser dinámico y desarrollar la habilidad de corregir (si es necesario) lo cual comentaba mi suegro, es la más grande cualidad, de los mejores golfistas que han existido en el mundo.
 
Que contrastan, con los movimientos frenéticos de muchos novatos o de las organizaciones poco competentes, con nula sensibilidad, para detener los proyectos en el instante, en que son obvias las pocas probabilidades de éxito en lo que se emprenda. 

El disparo, es el momento de la verdad, el golfista debe confiar en que seleccionó el golpe correcto y no dudarle cuando hace contacto con la pelota. 

En las empresas, me parece se puede aprovechar los principios del golf, para buscar de continuo la conexión entre el cerebro y el cuerpo, para que la capacidad estática o de pararse adecuadamente sean cada día mejores. 

En el golf, el avanzar significa menos golpes de bastón por cada hoyo. Es imposible o casi, ser de la estatura de los profesionales, sin embargo, es fácil entender lo que el golf muestra a la administración en su quehacer diario y ahora que hay mexicanos con la posibilidad de grandes hazañas profesionales, nos emociona.  

Que nos aproveche y sirva de ejemplo en medio de tantos avatares pandémicos y políticos que padecemos como diría mi abuelita: “en este valle de lágrimas” Un saludo a mis amigos que con gusto cascan la cacariza, en sus ratos de ocio. 

Y a todos, con afecto les deseo una feliz navidad y un año nuevo que nos ilumine el nuevo rumbo. 

Profesor de asignatura del ITAM, Consultor y Consejero de empresas y miembro por varios años del Consejo Internacional de The Strategic Leadership Forum.

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