El pasado 1 de abril se anunció el relevo en la titularidad de Relaciones Exteriores. El lugar del médico Juan Ramón de la Fuente lo toma ahora el abogado Roberto Velasco quien tienen la ventaja de conocer la secretaria, estar compenetrado en los temas de América del Norte y de haberse fogueado en el mundo de la diplomacia. Sin embargo, esto no disminuye la magnitud del reto. El nuevo secretario habrá de enfrentar la escasez de personal calificado, la ausencia de una estrategia para enfrentar los múltiples temas y la baja presencia internacional de México.

La diplomacia es una tarea que exige profesionalismo y experiencia, razón por la cual existe en México - y en la mayor parte de los países - una carrera formal del servicio diplomático. Difícilmente un buen diplomático se improvisa. La repartición de embajadas y de otros cargos diplomáticos entre los amigos de la 4T ha debilitado la capacidad de respuesta de la diplomacia mexicana. Al menos en los puestos claves esta situación se debe corregir.

La diplomacia entendida como la conducción de relaciones del país con el exterior (sin incluir el uso de la fuerza), es como una competencia en la que cada participante se prepara para la disciplina que le corresponde. A todos les interesa atraer la inversión extranjera, buenas condiciones para su comercio, flujos turísticos crecientes y la adquisición de nuevas tecnologías.

Tener especialistas es imprescindible pero no suficiente. Es importante conocer a nuestros competidores, sus intereses, su potencial y su forma de negociar, lo que implica una base permanente de analistas de cuyo trabajo deben emanar la estrategia general, las prioridades y las estrategias específicas para abordar cada tema.

Existen temas duros como seguridad, fronteras y combate al crimen trasnacional o la administración de los flujos migratorios, que requieren acuerdos y cooperación y que si no se atienden debidamente pueden tener altos costos para el país. Existen otros temas como cambio climático y medio ambiente, energía, salud y pobreza, que para avanzar requieren de la cooperación internacional. También en estos temas se deben definir prioridades y estrategias particulares y abordarlos con la solidez técnica necesaria.

Las relaciones con el exterior siempre serán un toma y daca. Quien no está dispuesto a cooperar, negociar y dar algo a cambio, difícilmente se podrá beneficiar de las oportunidades que ofrece el orden internacional. Quien no entra a la cancha, no es parte del juego. Los Estados están muy lejos de ser organizaciones humanitarias.

México cuenta con prestigio internacional resultado de su calidad de anfitrión, su destacado activismo multilateral desde la Segunda Guerra Mundial e iniciativas regionales de la mayor relevancia como fueron la desnuclearización de América Latina en los sesenta y el grupo de Contadora para la pacificación de Centroamérica en los ochenta. Sus aportes al derecho internacional no han sido menores.

El nuevo canciller tendrá entonces el gran reto de incrementar el profesionalismo, las fortalezas diplomáticas y la presencia de México en el exterior. La gesta futbolística mundial brinda una oportunidad para refrendar la calidad de anfitrión de México y mostrar una cara distinta al México incierto e inseguro que aparece en las lecturas desde el exterior. Ojalá no dejemos pasar esta oportunidad.

lherrera@coppan.com

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