Dice la Presidenta que aquellos que apuestan a la intervención extranjera para ganar lo que no consiguen con la voluntad popular, están condenados a la derrota. Lo dice ya molesta, tildando a los que no se someten a la narrativa oficialista sobre la defensa de Rubén Rocha Moya y de los otros nueve implicados en narcotráfico, como traidores a la patria, como oportunistas, como malos o poco mexicanos.

Traicionar a la patria es, más bien, defender a políticos ligados al crimen organizado responsables de cientos de miles de asesinados y desaparecidos con una estela de dolor inconmensurable en el país.

Ni Sheinbaum, ni su desacertado equipo de comunicación, están entendiendo la magnitud de lo que vivimos y de lo que se avecina. No miden el tamaño de la embestida tal vez porque ya la tienen muy cerca. No ven el bosque, ni siquiera el árbol, están perdidos en las ramas.

La fiscalía sur de Manhattan, mediante órdenes directas del Departamento de Justicia de Estados Unidos, no parará simplemente por discursos trasnochados de una izquierda pútrida que ya solamente vive en la nostalgia de unos viejos empoderados a los que la revolución les hizo justicia a costa de su pueblo.

Esa Claudia Sheinbaum de los 35 millones de votos ha ido perdiendo popularidad poco a poco, independientemente de que el régimen, en su desesperación, insiste en difundir encuestas que pocos compran, y que nada influyen más allá del círculo rojo.

Como sea, si es que conserva esos 35.9 millones de votos, siguen siendo una minoría frente a la real opinión pública del país. De los 98.3 millones de mexicanos inscritos en la lista nominal del INE para las elecciones de 2024, más de 62 millones no votaron por ella ni por la 4T.

Sus 35.9 millones representan apenas el 36.5% del electorado con credencial vigente. Y en su mayoría, esos mexicanos —como casi todo el país— consideran que el narcotráfico y la violencia son el problema más grave que enfrentamos: según la Envipe 2025 del Inegi, el 64.2% de la población adulta identifica la inseguridad como la principal amenaza.

La gran Mafalda hablaba del “empezóse del acabóse”, y hoy la 4T parece estar sintiéndolo en carne viva.

Como dice la Presidenta, todos parecen que están destinados a la derrota.

De Colofón.-

Mil millones de boletas tendrían que imprimirse si la elección judicial se empata con la elección intermedia del próximo año. La única garantía es el desastre y la incertidumbre, que podría terminar por fulminar la confianza en la democracia mexicana.

Voces tan diversas como los magistrados electorales Felipe de la Mata y Gilberto Bátiz, consejeros como Rita Bell López, Carla Humprey o Martín Faz, gobernadores como Pablo Lemus o incluso la misma Organización de Estados Americanos sugieren, piden o ruegan por aplazar la elección antes de entrar a una pesadilla administrativa, legal y logística sin salida clara.

Urge un periodo extraordinario antes del 31 de mayo, pero la prioridad en el Congreso es la defensa de los narcopolíticos del régimen.

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