De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Ciudad de México es la octava urbe más ruidosa a nivel mundial y la número uno en América Latina, por encima de ciudades como Sao Paulo y Bogotá. En términos generales, las ciudades más ruidosas del planeta se encuentran en Asia, particularmente en China; en tanto que las urbes más silenciosas se ubican en los países con mayor progreso social. Es el caso de Zúrich en Suiza.
Volviendo a la capital del país, el promedio de decibeles registrados de manera cotidiana es de ochenta y seis; veinte por encima del máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evitar afectaciones auditivas, psicológicas y emocionales. Si hablamos de Alcaldías, los niveles más altos de ruido se registran actualmente en la Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza.
Aunque son muchas las fuentes contaminantes en una ciudad, las autoridades sanitarias consideran que el ruido es uno de los más agresivos. Si tomamos en cuenta que la contaminación por ruido genera diversos trastornos físicos como estrés e insomnio, así como pérdida de la audición y complicaciones psicológicas como irritabilidad; podemos concluir que esta fuente contaminante tiene un impacto directo en la calidad de vida de las personas.
Ahora bien, si vamos a las fuentes contaminantes, éstas han ido en aumento en la Ciudad de México y se han diversificado profundamente. Sin embargo, son las obras de construcción, el autotransporte y las fuentes comerciales (bares, restaurantes, discotecas, etcétera); aquellas que hoy se colocan como las más importantes y de menor regulación. Aunque el nivel permitido en la capital es de sesenta y cinco decibeles durante el día, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT) recibe denuncias diarias por decibeles que superan los setenta y cinco puntos.
El tema del ruido no es menor, mucho menos su diagnóstico y regulación. El mismo fenómeno que se registra entre los países con mayor y menor desarrollo, en términos de niveles, acontece en la Ciudad de México, por ejemplo, si hablamos de zonas de alto índice de desarrollo social y de bajo desarrollo. En colonias como San Angel Inn, en la Alcaldía Álvaro Obregón, los decibeles no superan los cuarenta y ocho puntos. En tanto, en colonias como La Villa, en la Gustavo A. Madero, los decibeles alcanzan los ochenta puntos en hora pico.
Derivado de esta situación, desde hace un año, en septiembre de 2025, puse sobre la mesa la iniciativa para expedir una nueva Ley de Control de Ruido, como un esfuerzo por coordinar el trabajo de las autoridades capitalinas en el objetivo de bajarle el volumen a la ciudad.
Como parte de esta nueva normatividad, por ejemplo, se contemplan la reclasificación de las fuentes emisoras de ruido, entre fuentes fijas (establecimientos mercantiles, industrias y centros de entretenimiento), fuentes móviles (autotransportes y altavoces itinerantes) y fuentes temporales (obras de construcción, espectáculos y eventos masivos).
La iniciativa contempla también fijar límites de emisión de decibeles y horarios fijos, acordes a la naturaleza y funcionamiento de cada fuente emisora. Todo lo anterior con el objetivo de que exista una regulación real del ruido en la Ciudad de México, que hoy afecta a ocho de cada diez habitantes, de acuerdo con la Secretaría de Salud.
Si bien la iniciativa aún se encuentra en revisión en el Congreso de la Ciudad de México, nuestro compromiso ha sido permanente con un tema de tal trascendencia. En días pasados, llevamos a cabo la mesa de trabajo “Espacios Públicos compartidos: el reto del ruido en la CDMX”, en la cual participaron diferentes autoridades capitalinas y expertos en la materia, para intercambiar puntos de vista sobre el momento que atravesamos.
Las y los capitalinos no tenemos que acostumbrarnos a vivir con ruido. Es posible bajarle al volumen si construimos una cultura de legalidad, un marco normativo y reglas de sana convivencia; en donde las autoridades de la ciudad tengan responsabilidades y facultades específicas para intervenir en el tema.

