La trata del menor es un problema mayor

Kristian Hölge

Con la firma de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional hace más de veinte años, los países del mundo reconocieron la urgencia de enfrentar la trata de personas, una actividad criminal multimillonaria que ha aprovechado la globalización para expandir sus redes. Ocurre a la luz del día y no solamente en los rincones más oscuros del Internet.

El quinto Informe Mundial sobre la Trata de Personas 2020, presentado en febrero por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) visibiliza esta amenaza e identifica 534 rutas de trata en 148 países, 7% más que en la publicación anterior.

La explotación sexual, el trabajo forzoso y la servidumbre doméstica, por mencionar algunas, son manifestaciones de trata que aprovechan descaradamente las vulnerabilidades de personas en situación de marginación y pobreza.

Los niños, niñas y adolescentes (NNA) son particularmente vulnerables. Una de cada tres víctimas es menor de edad, proporción que se ha triplicado en los últimos 15 años. Los NNA representan la mitad de las víctimas identificadas en los países con grandes desigualdades; la mayoría es sometida a trabajos forzosos.

A partir de la pandemia, las escuelas han cerrado; 11 millones de niñas en el mundo quizás nunca regresen a las aulas, lo cual es un riesgo que las personas tratantes sabrán aprovechar.

Los NNA también enfrentan situaciones de violencia familiar; de hecho, 20% de las víctimas sufren maltratos en su núcleo más cercano.

Tristemente, el material de abuso sexual infantil se está produciendo y distribuyendo, ahora más que nunca, a través del Internet. Los tratantes están evolucionando en su modus operandi. Por ejemplo, con el método denominado “caza” los criminales se acercan a las víctimas a través de plataformas sociales; y con la “pesca” los tratantes esperan a que la víctima responda a un anuncio falso. En ambas situaciones, la tecnología les facilita contacto directo con la juventud sin arriesgar su identidad y real propósito. Con unos pocos “clics” nuestros hijos e hijas pueden caer en la trampa.

En el panorama nacional, los delitos sexuales contra los NNA también van en aumento. El confinamiento eleva el riesgo relacionado con la trata a manos de familiares y personas conocidas.

Los desafíos son aún más grandes en una economía mundialmente debilitada y que está acentuando las desigualdades y la exclusión social.

No obstante, durante la última década, UNODC ha registrado importantes avances para prevenir y criminalizar la trata de personas. México y su región cuentan con legislaciones armonizadas que han permitido un incremento en el número de condenas y de víctimas atendidas. Estos son progresos que no se deben revertir.

El Informe2020 es un llamado a no bajar la guardia para combatir este delito. Es necesario seguir fortaleciendo el Estado de Derecho, combatir la corrupción, reforzar la investigación y aumentar la cooperación internacional; esto, sin descuidar la prevención de los problemas estructurales del desarrollo y la falta de oportunidades.

Como la Directora Ejecutiva de UNODC, la Sra. Ghada Waly, declaró: “Debemos redoblar nuestros esfuerzos para abordar seria y eficazmente la pobreza y las desigualdades sistémicas con respuestas sostenibles e inclusivas. Las personas a las que dejemos atrás, las estamos entregando a los tratantes y al crimen organizado”. Esta es una responsabilidad que toca resolver en conjunto y, francamente, no se debe esperar más.
 

 Representante UNODC México.
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