A la carencia de visión de país referida en la entrega anterior, sumaré otros asuntos que no hemos resuelto a lo largo de la historia. La argumentación se ha extendido y esta será la segunda de tres entregas. Me refiero primero a la división de la sociedad, presente todo el tiempo. Igual en la época prehispánica que en la actualidad; durante todas las guerras que hemos tenido: conquista, Independencia, Reforma, Revolución o la Cristiada; incluso en las que enfrentaron a México con potencias extranjeras como Estados Unidos o Francia.

Divididos no saldremos adelante e invariablemente perderemos todos, México incluido. Así ha sucedido y así estamos en la actualidad por el diseño político del gobierno de López Obrador que desgraciadamente ha continuado. Es urgente que esto se revierta y que desde la Presidencia se convoque a la unidad. No solo frente a los embates del exterior, pero en todo lo que tiene que ver con los grandes temas del país.

La desigualdad ha sido un tema omnipresente en nuestra nación. Antes de la conquista era signo en las sociedades prehispánicas y en la Colonia manifestación evidente. En 1803 Humboldt describió a México como un país grande y rico, pero con la mayoría de la población “miserable e inculta”. Tal era su magnitud, que señaló que se trataba de “el país de la desigualdad”.

Por esos años, Manuel Abad y Queipo, señalaba que en México “solo había dos grupos: los que nada tienen y los que lo tienen todo”. Hoy la desigualdad sigue caracterizando a nuestra sociedad. Además, se manifiesta en todas las áreas de la vida colectiva. La primera mitad del siglo XX acompaña la vida de la mayoría de nuestra población y el segundo cuarto del siglo XXI a los bien dotados.

Por otra parte, es indispensable que, con honestidad y objetividad, revisemos el comportamiento de la sociedad. Si así lo hacemos, habrá que decir que hemos fallado. La simulación, la falta de interés en los asuntos públicos, el conformismo, el sometimiento al supuestamente superior, el autoengaño y la autocensura han sido dominantes en nuestra evolución. Es cierto que en los dos últimos siglos los políticos y la organización política han fallado, pero la sociedad también.

Tampoco hemos vivido en un régimen de democracia integral. Si acaso, hemos conocido la democracia electoral, por cierto, hoy en desgracia. La realidad es que ha sido más cómodo dejar a pocos las decisiones sobre la marcha del país. La supuesta transición de los noventa y los primeros años de la centuria que vivimos, en realidad solo fue un periodo de alternancia política con tres distintos partidos al frente del Ejecutivo Federal.

No hemos formado ciudadanía y tampoco despertado el interés de la sociedad por participar en la vida política. Salvo en 1994, año del levantamiento del EZLN en Chiapas y del asesinato de Luis Donaldo Colosio, elección en la que votó el 77 por ciento de la población, en los otros seis procesos a partir de 1988, solo votaron dos de cada tres ciudadanos o incluso menos.

El recuento de Luis González en la “Historia Mínima de México”, cuando refiere el panorama político en el país a mediados del siglo XIX, es doloroso pero cierto: “Conservadores y liberales coincidían en la creencia de la grandeza natural de su patria y de la pequeñez humana de sus paisanos. Ambos concordaban en la idea de que la sociedad no tenía el suficiente vigor para salvarse por sí misma”. Concluiré la próxima entrega, con el análisis de las oportunidades perdidas por nuestro país.

Exrector de la UNAM. @JoseNarroR

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