México vive un momento definitorio en su historia contemporánea. Un pasaje donde la soberanía nacional ha dejado de ser un concepto abstracto en los libros de texto para convertirse en el motor vivo de una patria que se niega a arrodillarse. Hoy, bajo la firme conducción de nuestra presidenta de la República, el país camina con el orgullo recuperado, defendiendo lo que por derecho constitucional e histórico nos pertenece: el destino de nuestra propia tierra, de nuestros recursos y de nuestras decisiones.

La soberanía no se negocia; se defiende en las calles, en las urnas y en cada rincón donde el pueblo organizado levanta la voz. Por ello, la movilización popular y las marchas de nuestro movimiento no son simples caminatas; son la manifestación viva de un pacto inquebrantable entre el pueblo y su gobierno. Es el respaldo absoluto a una Presidenta que ha sabido mantener la frente en alto ante las presiones externas e internas, demostrando que en el México de la Cuarta Transformación, el único soberano es el pueblo.

La resistencia de los de siempre

Sin embargo, el camino de la transformación de la vida pública jamás ha sido sencillo. Avanzar significa sacudir viejas estructuras de privilegio, y eso genera resistencias desesperadas. Lo vivimos recientemente en Chihuahua, una tierra de gente trabajadora y noble que lamentablemente atestiguó cómo la intolerancia intentó frenar el avance democrático.

Durante el arribo de nuestra dirigencia nacional al aeropuerto de Chihuahua —encabezada por nuestra presidenta del partido, Ariadna Montiel, y el secretario de Organización, Andrés Manuel López Beltrán— fuimos testigos de una provocación ensayada. Decenas de manifestantes, muchos de ellos con el rostro cubierto, recurrieron a los empujones, los insultos y las consignas para intentar intimidar. Bajo el amparo de pancartas en respaldo a la gobernadora panista, María Eugenia Campos, este grupo buscó frenar con violencia verbal lo que no pueden detener con Bloquear el diálogo y ocultar el rostro no son actos de resistencia civil; son los estertores de una vieja política que le teme al pueblo y a la transparencia de quienes viajan a ras de tierra, en vuelos comerciales, como lo dictan los principios de la austeridad republicana.

Unidad patriótica ante la provocación

A esos intentos de desestabilización y división, desde el corazón de nuestro movimiento les respondemos con una sonrisa, con la mano extendida y con una convicción inquebrantable. A Chihuahua y a todo México les decimos: no nos van a quebrar. La provocación de unos pocos no representa el sentir de un estado valiente que anhela la justicia social.

Este incidente en el norte solo reafirma la urgencia de seguir movilizados. La marcha de Morena es una celebración de la dignidad, un escudo pacífico pero poderoso que protege el proyecto de nación de nuestra Presidenta. Quienes hoy insultan en los aeropuertos son los mismos que en el pasado entregaron los recursos de la nación a intereses extranjeros; nosotros, en cambio, marchamos para devolverle a México su grandeza.

El futuro es soberano

Hermanas y hermanos, la patria nos llama a cerrar filas. El respaldo a nuestra Presidenta es el respaldo a la educación pública, a la autosuficiencia energética, a los programas que devuelven la dignidad a los más vulnerables y a una política exterior que exige respeto de igual a igual ante cualquier potencia en el mundo.

No habrá provocación, por más violenta o cobarde que sea, que detenga la marcha de la historia. Hoy más que nunca, con el corazón encendido de patriotismo y el orgullo de ser mexicanos, sostenemos el proyecto de la transformación. ¡Viva la soberanía nacional! ¡Viva el pueblo organizado! ¡Y todo el apoyo a nuestra presidenta de la República!

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