El pasado domingo, el Monumento a la Revolución en la Ciudad de México y las principales plazas públicas de las 32 entidades federativas de nuestro país se convirtieron en el epicentro de una fiesta democrática sin precedentes. A casi dos años de aquella jornada histórica del 2 de junio de 2024, en la que más de 35 millones de mexicanas y mexicanos decidieron entregarle las riendas de la nación a una mujer excepcional, nuestra presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, rindió un ejemplar ejercicio de rendición de cuentas titulado “Honestidad, resultados y amor al pueblo y a la patria”.
Ver las plazas conectadas de manera simultánea, vibrando con el mismo entusiasmo y la misma esperanza, nos recuerda que este movimiento no le pertenece a las cúpulas ni a las burocracias; le pertenece legítimamente al pueblo de México. El mensaje de nuestra presidenta fue claro, contundente y lleno de una profunda sensibilidad social: el compromiso de no mentir, no robar y no traicionar jamás al pueblo sigue más vivo y firme que nunca.
Desde mi trinchera en el Poder Legislativo y como un militante más de esta gran gesta histórica, veo con enorme orgullo cómo el proyecto de nación avanza a pasos agigantados. En este periodo, la administración de la Dra. Claudia Sheinbaum ha demostrado con creces que la austeridad republicana y la eficiencia gubernamental no están peleadas con el desarrollo económico. Ahí están los datos históricos, imposibles de revertir por la narrativa de la oposición: una disminución sin precedentes en la pobreza laboral y una recaudación fiscal histórica al cierre de los ejercicios fiscales. Lo anterior se ha logrado gracias a una inquebrantable voluntad política para cobrarle a los grandes evasores que antes eran condonados, erradicando los privilegios de unos cuantos para transformar esos recursos en bienestar para las mayorías, en becas, en pensiones y en infraestructura para el desarrollo regional.
Construir el "segundo piso" de la Cuarta Transformación significa precisamente esto: profundizar los cambios estructurales que el viejo régimen intentó sepultar. Significa democratizar las instituciones para que el poder resida verdaderamente en la ciudadanía y no en los monopolios partidistas. La presidenta Sheinbaum ha optado siempre por la vía del diálogo, el consenso y la visión de Estado, alejándose de los autoritarismos del pasado y gobernando con el corazón puesto en las necesidades de la gente, especialmente de los sectores más vulnerables de nuestro campo y de nuestras comunidades indígenas.
La movilización masiva y el júbilo social que atestiguamos este fin de semana no son obra de la casualidad; son el reflejo del respaldo total e inquebrantable de una nación que se sabe escuchada y representada. A dos años de aquel triunfo electoral que rompió paradigmas, México camina con paso firme hacia la consolidación de su soberanía, con justicia social, libertades plenas y una democracia viva que late desde las plazas públicas hasta el Palacio Nacional.
Es un honor caminar al lado de una presidenta que dignifica a nuestra patria día con día. ¡Es el triunfo del pueblo de México y la transformación no se detiene!
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