«Ser mujer nunca ha sido una tarea sencilla.»

Maya Angelou

Hay fechas que no nacieron para celebrar, sino para incomodar. El Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer apareció desde la inconformidad de miles de mujeres cansadas de que otros decidieran sobre sus cuerpos, sus embarazos, sus partos y su sexualidad. Surgió para denunciar algo profundamente arraigado en muchas sociedades: la salud femenina vista desde la tutela, el juicio y el control. Esta fecha fue instituida en 1987 por la Red de Salud de las Mujeres de América Latina y el Caribe (RSMLAC) y la Red Mundial de Mujeres por los Derechos. Buena parte de esas exigencias siguen vigentes. Este año la Organización Panamericana de Salud propone renovar su compromiso en el aceleramiento de la reducción de la mortalidad materna en nuestra región.

La muerte materna es el resultado de un proceso de múltiples factores, en cuyo caso interactúan elementos estructurales como el sistema económico, las condiciones ambientales y la cultura. En el mundo todavía existen mujeres que llegan a una clínica y descubren que alguien más considera tener autoridad sobre sus decisiones. La adolescente que pregunta por anticonceptivos y recibe regaños antes que información. La mujer con discapacidad tratada como si no tuviera derecho a una vida sexual. La paciente, presionada para aceptar una cesárea porque resulta más práctica para el hospital. La mujer pobre cuya única opción anticonceptiva es un método que le provoca dolor físico o emocional. La migrante que atraviesa ciudades enteras buscando atención médica digna.

México está lleno de mujeres que sostienen hogares completos mientras sobreviven a jornadas dobles de trabajo, violencia doméstica, ansiedad, precariedad laboral y sistemas de salud rebasados. Mujeres indígenas que recorren horas para llegar a un centro médico. Mujeres afromexicanas invisibilizadas dentro de las estadísticas públicas. Adolescentes que enfrentan embarazos tempranos sin acompañamiento suficiente. Adultas mayores que pasan años sin atención

especializada. La muerte materna resume muchas de esas desigualdades. Detrás de cada caso aparecen factores que rara vez comienzan dentro del hospital. Empiezan mucho antes. En la pobreza. En la mala alimentación. En la falta de transporte. En la ausencia de educación sexual. Comunidades donde el centro de salud más cercano queda a kilómetros de distancia. Mujeres que trabajan hasta el último día del embarazo porque detenerse significa perder el ingreso familiar.

En México, miles de mujeres llegan cada año a los servicios de salud para atravesar uno de los momentos más importantes y vulnerables de sus vidas. Tan solo en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), durante 2025 se atendieron 271 mil 231 nacimientos y entre enero y febrero del presente año, suman más de 44 mil 500. Detrás de esa cifra hay historias profundamente humanas. Mujeres que llegan con miedo. Familias enteras esperando noticias. Embarazos de alto riesgo. Partos adolescentes. Emergencias obstétricas. También hay personal médico que trabaja jornadas extenuantes, intentando responder con profesionalismo y humanidad en medio de enormes desafíos.

Dentro del sistema de salud existe un esfuerzo real por transformar la manera en que las mujeres son atendidas durante el embarazo, el parto y el puerperio. El modelo de Atención Materna Integral del IMSS, impulsado por el director general el Mtro. Zoé Robledo, busca lograr partos más humanizados, reducir cesáreas innecesarias, erradicar la violencia obstétrica y fortalecer el acompañamiento emocional durante todo el proceso. Detrás de esa estrategia hay capacitación, reorganización hospitalaria, seguimiento médico y personal que entiende que una mujer embarazada necesita mucho. El Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer obliga justamente a mirar esa deuda de frente.

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