«El mayor logro de un gobierno no es la riqueza material que genera, sino la salud y el bienestar de su gente.»
Nelson Mandela
En un acto de profunda trascendencia para el sistema de salud de México, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó el Decreto Presidencial que da forma al Servicio Universal de Salud, un avance histórico que busca garantizar que todos los mexicanos, sin importar su condición laboral o social, puedan acceder a la atención médica en las principales instituciones del país: el IMSS, el ISSSTE y el IMSS Bienestar. Este paso marca el inicio de un proceso que transformará la atención médica en el país, convirtiéndola en un derecho efectivo, accesible y de calidad para todos.
Uno de los primeros pasos para materializar este ambicioso proyecto será la credencialización universal, que comenzará en abril con el registro de los adultos mayores de 85 años y se extenderá para abarcar a toda la población. Este proceso será posible en más de 2,000 módulos de la Secretaría del Bienestar distribuidos por todo el país, facilitando el acceso al nuevo sistema de salud. La credencial no solo servirá como identificación oficial, sino que permitirá a los usuarios consultar su derechohabiencia, verificar la disponibilidad de unidades de salud y hospitales y en el futuro, gestionar citas médicas, acceder a su expediente clínico digital y recibir atención a través de teleconsulta y salud digital.
La importancia de este cambio radica en la capacidad de reconstruir un sistema de salud que, aunque ha sido referencia en muchos aspectos, ofrecía servicios diferenciados. México contaba con tres grandes redes de atención médica separadas: IMSS, ISSSTE e IMSS Bienestar, cada una con distintos registros y procesos. El Servicio Universal de Salud promete integrar estas redes, eliminando la necesidad de que un ciudadano esté afiliado a un sistema específico para recibir atención médica.
Como señala el Mtro. Zoé Robledo, director general del IMSS, “¿Por qué es posible ahora? Porque el SUS parte de una base: el IMSS es el mismo en todo el país y el IMSS Bienestar —que es el IMSS para quienes no tienen IMSS— lo es en 24 estados. Esto crea una lógica integradora: mismas condiciones laborales, mismos criterios de atención, misma cobertura de tratamientos en todo el país y continuidad institucional.” Esta visión es clave para que los servicios de salud sean más accesibles y eficientes para todos los mexicanos, sin importar su lugar de residencia o el sistema de salud al que estén afiliados.
A partir de 2027, el Servicio Universal de Salud ofrecerá una cobertura integral, que incluirá atención universal en urgencias y hospitalización, garantizando la continuidad del tratamiento en situaciones críticas. También se implementarán servicios especializados para embarazos de alto riesgo y partos de emergencia, así como protocolos como el Código Infarto para la atención inmediata de infartos, con servicios de hemodinamia, y el Código Cerebro para la atención rápida de eventos cerebrovasculares. Además, se universalizará la atención y diagnóstico del cáncer de mama, facilitando el acceso a estudios vitales.
La SUS también asegurará la continuidad de tratamientos para enfermedades graves como insuficiencia renal, cáncer y trasplantes, ampliará la cobertura de la vacunación universal y ofrecerá consultas de atención primaria para la prevención y tratamiento de padecimientos agudos, con la posibilidad de prescripción de medicamentos. Esto garantizará que todos los mexicanos tengan acceso a atención médica de calidad en el primer nivel. La innovación tecnológica será crucial en este nuevo sistema. La aplicación móvil asociada a la credencial permitirá a los usuarios gestionar citas, consultar su historial médico y hacer un seguimiento en tiempo real de su derechohabiencia. Además, la integración de inteligencia artificial mejorará la precisión en diagnósticos y recomendaciones médicas, facilitando una atención más personalizada.
México ha dado un paso significativo hacia el fortalecimiento de su sistema de salud pública, un avance que no debe subestimarse. Para lograr la cobertura universal, será necesario un esfuerzo coordinado entre las autoridades federales, estatales y locales, pero también será fundamental el compromiso de la sociedad.
La implementación exitosa del Servicio Universal de Salud dependerá de la capacidad del gobierno para garantizar que todos los ciudadanos se registren en el sistema y que la infraestructura médica esté preparada para recibir la creciente demanda de servicios. Esto implica no solo ampliar la cobertura, sino también asegurar la capacitación del personal de salud, la calidad de la infraestructura y el suministro de medicamentos necesarios para atender a la población.
El Sistema Universal de Salud es, en última instancia, una promesa de equidad, un compromiso de que nadie quedará atrás en el acceso a la atención médica, sin importar su ubicación, nivel socioeconómico o situación laboral.
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