Somos mexicanas y mexicanos

Jimena Cándano

Septiembre es el mes en el que por lo general a todos se nos llena el corazón de orgullo, a los más nacionalistas y a los menos, en mayor o menor medida nos sentimos más mexicanos que en el resto del año. Ver las plazas principales de las distintas ciudades adornadas con motivos festivos y las calles llenas de banderas, nos hace recuperar el sentimiento de pertenencia, cercanía y orgullo de ser todas y todos mexicanos.

¿Qué significa ser mexicanos? Y probablemente aquí me meta en un tema complejo y más ahora que los festejos de los 500 años de la conquista han servido para volver a dividirnos y generar polos blancos y negros. A mí, lo que me gustaría, es que a partir de este mes y de ese amor patrio, seamos conscientes de que, en historia de blancos y negros, la verdad está siempre cerca del gris.

Yo soy mexicana, me considero más mexicana que el chile y el nopal juntos en un taco de tortilla nixtamalizada. Considero que le debo todo a esta tierra que me ha dado tanto y, por eso, desde que tengo uso de razón, he trabajado para hacer de mi México un mejor lugar, porque además eso lo aprendí de mis padres y de mis abuelos: el amor a la patria y el trabajo por un bien mayor.

Durante mucho tiempo tuve un gran conflicto interno porque mis abuelos maternos son españoles, ellos llegaron como refugiados de la guerra civil española, mi abuela, mis tías abuelas, mi abuelo y mis tíos abuelos lucharon, así como acompañaron al gobierno de la República hasta Barcelona. Después, las mujeres salieron hacia Francia y los hombres se quedaron luchando por los ideales de la República hasta el último momento. Meses después todos se reencontraron en México, lugar que fue su segunda patria, a la que honraron y por la que trabajaron el resto de su vida, hasta el último aliento estuvieron agradecidos con el país que los adoptó en momentos tan difíciles.

Sí, porque México también es eso; la patria que a lo largo de su historia ha recibido a múltiples hijas e hijos adoptivos que la han hecho aún más grande, plural, rica y humana. México es una gran madre patria o por lo menos en algún momento lo fue.

Volviendo a mi historia, todo mi linaje materno llegó de España, el lado paterno viene mezcladito. En mi adolescencia mi “yo rebelde” no podía entender que hubiera quien se pusiera la playera de España y fuera a festejar a la Fuente de la Cibeles en el entonces Distrito Federal, quien hablara seseado ¿Cómo podía pasar eso si México era su patria? Hoy en día me sigue causando conflicto cuando algún mexicano reniega de su país, es como rechazar a tu propia familia.

Mis abuelos siempre se sintieron orgullosos de ser mexicanos, pero también siempre se sintieron orgullosos de ser españoles. En esos años de rebeldía tuve muchas conversaciones con ellos respecto a porque yo creía que estaba mal que un nieto de españoles se sintiera español, un día obtuve las respuestas que buscaba y cambió mi visión.

¿Si tuvieras que abandonar tu patria te gustaría que tus nietos renegaran de ella o quisieras que todas tus generaciones se sintieran orgullosas de su origen? Somos lo que somos gracias a nuestra historia, sin ella no seríamos nada.

Y lo mismo ocurre con nuestro México, los mexicanos somos una mezcla multicultural. En 1492 no existía México, pero sí varios pueblos que históricamente fueron nombrados Mesoamérica. Cuando Cortés llegó a “conquistarnos” tampoco existía México, e incluso fueron esos pueblos quienes unieron sus fuerzas con los españoles buscando liberarse del yugo de los mexicas.

Los mexicanos nacimos de la mezcla de nuestros pueblos originarios, de quienes debemos sentir orgullo, pero también de las múltiples culturas que han llegado a nuestro país a lo largo de nuestra historia.

No seríamos lo que somos sin ese sincretismo que se ha logrado a lo largo de nuestra historia, rechazar una parte de nuestra herencia cultural es rechazarnos a nosotros mismos, es una lucha estéril que nos distrae de los problemas actuales.

Nunca olvidaré cuando en la marcha conmemorativa de los 30 años del 68 entré a la plaza de las tres culturas y entendí que somos: una mezcla de nuestro pasado, que crea nuestro presente, pero con la obligación de rescatar lo mejor de cada uno para caminar hacia el futuro, orgullosos de cada una de nuestras raíces para seguir construyendo el México con el que soñamos porque todos y todas somos mexicanos que queremos una patria mejor.

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