Pendientes para el 2021 

Jimena Cándano

2020 fue un año que nos retó como humanidad, que nos dejó enseñanzas muy profundas o regalos con envoltura extravagante, los llamaría mi madre. Fue el año en el que valoramos la presencia física, aprendimos lo importante que es la familia y los amigos, aprendimos que estar unidos no sólo es trabajar hombro con hombro para sacar a alguien de los escombros, también es alejarnos de los que más queremos para protegerlos. Creo que una de las enseñanzas más importantes fue que si no actuamos de forma colectiva, pensando en el mayor bien de todas y todos, lo podemos perder todo. 

2020 nos debió enseñar lo importante que es la unión y como las acciones de cada uno, aunque parezcan pequeñas, hacen la diferencia en la vida de los demás. Por supuesto, esto conlleva responsabilidad, coherencia y una gran dosis de sacrificio en lo individual para lograr un bien mayor en la colectividad. 

Si lográramos este aprendizaje, podríamos decir que el 2020 valió la pena y así tener las esperanzas puestas en un 2021 mejor. No me refiero únicamente a la pandemia donde queda claro de forma explícita que, si me cuido y cuido a los demás, ayudo a reactivar la economía, que, si esta se reactiva millones que han perdido su empleo podrán recuperarlo; que, si nos cuidamos, evitamos el sufrimiento de cientos de personas que han perdido a un familiar, apoyamos a las y los trabajadores de la salud que han puesto su vida para salvar a otros. La pandemia nos enseñó de, forma clara, que nuestras acciones hacen la diferencia. 

El 2021 nos recibe no solo con la pandemia en su peor momento, sino también con una larga lista de pendientes que no podemos dejar de lado; como debimos aprender en 2020, estos no se van a resolver sin la unión de todas y todos. 

Vivimos en un país donde matan a 10 mujeres al día por el hecho de ser mujeres, donde desaparecen y mueren con violencia cientos de personas, donde las cárceles están llenas de pobres y en muchos casos inocentes, solo para que los políticos puedan generar una cierta sensación de seguridad. Un país donde no existen políticas públicas para mejorar las esperanzas y expectativas de vida de millones de niñas, niños y jóvenes, donde se piensa que dando dinero se resuelven los problemas de fondo de una sociedad inequitativa que no tiene acceso a oportunidades para todas y todos. 

Estos son problemas de décadas atrás; sin embargo, la pandemia se conjuga con la falta de interés y capacidad del gobierno, teniendo como resultado la agudización de estos. Hoy nos amanece un 2021 con un México que no puede esperar más para resolver estos asuntos, no sólo se trata de una vacuna, del distanciamiento social y el uso de cubrebocas, se trata de políticas públicas que generen oportunidades, un piso parejo para nuestras niñas, niños y jóvenes, se trata de servidores públicos y tomadores de decisiones responsables, así como coherentes en su actuar.  
Esto se trata también de ciudadanos responsables en la forma de hacer las cosas, en el trato a los demás, en la manera en la que evitamos la corrupción, la exigencia a nuestras autoridades y, al final del día, en la forma en la que nos convertimos en agentes de paz y cambio, para que, miles o millones de personas menos favorecidas que nosotros tengan un futuro mejor. 

Porque como debimos aprender en el 2020, si los políticos solo piensan en ellos y los ciudadanos solo pensamos en nosotros, lo único que nos espera es un 2021 aún más difícil que el 2020, con un país en crisis de salud, crisis económica, seguridad y justicia. Si no entendemos que hacer el bien al otro es hacer el bien por mí, estamos condenados a seguir en esta espiral que parece no tener fin. 

Este 2021 intentemos dar lo mejor de nosotros a favor de los demás y así, tal vez, podamos tener un mejor año para empezar a remontar los estragos que nos dejó el 2020. Espero que este sea un año de unión, conciencia y mucha salud para todos. 

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