“El niño que no es abrazado, quemará la aldea”

Jimena Cándano

Hace poco escuché el refrán “El niño que no sea abrazado por su tribu, cuando sea adulto, quemará la aldea para poder sentir su calor”.

Esta metáfora es más real el día de hoy. El niño que no es abrazado quema la aldea. La quema revelándose contra un sistema que no le ha dado las oportunidades para desarrollarse, la quema atentando contra los que lo rodean, la quema en detrimento de su salud y su vida y sin remordimientos comete actos que, ponen en riesgo a toda la sociedad, pero para él son claros resultados del enojo y desapego que siente, pues la aldea lo ha abandonado.

Hoy, en México la juventud sufre el abandono de un sistema que no le da las oportunidades necesarias para poder superarse. Desde las más altas esferas donde los representantes populares dicen que es aspiracional y egoísta estudiar, así como tratar de salir de las condiciones precarias dónde se encuentra, en las cuales la vía fácil para alcanzar los sueños es entrar en puertas falsas tales como la drogadicción y los actos delictivos. Como resultado de este abandono tan solo en 2017 6,891 adolescentes se encontraban en el Sistema de Justicia Penal, según la Encuesta Nacional de Adolescentes en el Sistema de Justicia Penal (ENASJUP) elaborada por el INEGI.

Surge la pregunta, ¿qué comparten estos jóvenes?, cuestión compleja cuya respuesta puede ser simplificada en dos palabras: carencias y abandono. 9 de cada 10 adolescentes que se encuentran en el sistema de justicia penal son hombres, la mayoría por el delito de robo. Más de la mitad son miembros de familias con ingresos menores a 7,000 pesos mensuales, solo 1 de cada 4 concluyó la educación básica, 1 de cada 3 ha sido víctima de las adicciones.

Como aldea les hemos fallado todas y todos, fallamos como sociedad, como escuela, como comunidad y por supuesto les ha fallado el gobierno. Pero como miembros de la aldea tenemos la obligación de abrazarlos, pero ¿cómo lo hacemos?

Exigiéndole al gobierno verdaderas políticas públicas que los apoyen a conseguir sus sueños, no sólo dádivas que los hagan creer que no pueden aspirar a nada más que a eso, no estigmatizándoles y exigiendo que la sociedad y el gobierno construyan oportunidades a través de sus negocios o apoyando a fundaciones para que puedan construir un proyecto de vida que sume a nuestro país. ¿Cuántos talentos estaremos perdiendo a manos de la delincuencia organizada? ¿Cuántos niños y jóvenes que realmente podrían cambiar a México ven sus sueños y anhelos cortados? la cifra es incontable.

De nosotros depende abrazarlos y no solo en el sentido metafórico sino real, si queremos un país en paz tenemos que cuidar lo más importante que tenemos, nuestras niñas, niños y jóvenes. Abracémoslos para que cuando crezcan construyan un país desde el amor y la solidaridad y no desde el odio y el resentimiento. Si no lo hacemos, sin duda veremos arder la aldea como ya está ardiendo nuestro país.

Directora general de la Fundación Reintegra

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