La Copa del Mundo 2026 dejó una lección que la Ciudad de México no puede desaprovechar: los grandes eventos internacionales no sólo se miden por la cantidad de visitantes que atraen, sino por la capacidad que tienen para proyectar a una ciudad ante el mundo, acelerar su economía, fortalecer su reputación y abrir nuevas oportunidades de inversión.

Durante las últimas semanas, la capital del país dio un paso decisivo hacia un modelo turístico más inteligente, colaborativo y rentable. La celebración mundialista confirmó que la Ciudad de México no sólo puede recibir millones de personas; también puede operar con eficiencia, ofrecer experiencias competitivas y consolidarse como uno de los destinos urbanos más atractivos del planeta.

Buena parte del debate público se ha concentrado en el costo-beneficio de organizar un evento como la Copa del Mundo. Sin embargo, pocas veces se analiza con suficiente profundidad el valor de la exposición internacional que recibe una ciudad capaz de articular infraestructura, seguridad, movilidad, conectividad aérea, servicios turísticos, oferta cultural y coordinación institucional para atender a visitantes nacionales e internacionales.

Los resultados hablan por sí solos. De acuerdo con la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México, la Copa del Mundo generó una derrama económica cercana a los 22 mil millones de pesos en la capital, impulsada por la llegada de 3.7 millones de visitantes.

Pero reducir el éxito del Mundial únicamente a su impacto económico inmediato sería quedarse con la fotografía y perder de vista la película completa. El verdadero valor está en el legado: en la visibilidad ganada, en las alianzas construidas, en la confianza generada y en la posibilidad de convertir la atención internacional en nuevas oportunidades de crecimiento para los próximos años.

A este fenómeno se sumó una experiencia pública sin precedentes. El FIFA Fan Festival 2026, instalado en el Zócalo capitalino, reunió alrededor de 2.2 millones de asistentes, mientras que los festivales futboleros, distribuidos en las 16 alcaldías, convocaron a más de 430 mil personas. Junto con la Aldea Global 2026, estos espacios consolidaron a la Ciudad de México como un gran punto de encuentro nacional e internacional.

En la Aldea Global 2026, instalada en Chapultepec, participaron 31 países. El Pabellón de México recibió más de 78 mil visitantes, una muestra clara del interés que despierta nuestro país como destino cultural, gastronómico, deportivo, creativo y de negocios.

Organizar, operar y garantizar la experiencia de millones de personas requiere mucho más que entusiasmo. Requiere infraestructura, logística, seguridad, conectividad, hospitalidad y una visión clara de gobierno. Por eso, el dato más importante no es únicamente cuántas personas visitaron la Ciudad de México, sino la capacidad que demostró la capital para recibirlas, atenderlas y ofrecerles una experiencia memorable.

La Ciudad de México llega a este momento con una oferta turística cultural difícil de igualar en América Latina. Es la ciudad con mayor número de museos del mundo, cuenta con 79 restaurantes con distinciones Michelin, dispone de 850 hoteles con más de 62,280 habitaciones y posee una agenda cultural, gastronómica y de entretenimiento activa los 365 días del año. Esta riqueza fortalece no sólo al turismo, sino a todo el ecosistema económico, cultural y creativo de la capital.

La Ciudad de México también fue reconocida como una gran sede mundialista por la hospitalidad de sus habitantes y por el profesionalismo de quienes todos los días sostienen la experiencia turística: restauranteros, meseras y meseros, hoteleros, camaristas, guías de turistas, voluntarias, voluntarios, operadores, promotores, comerciantes y miles de personas que pusieron su talento, su trabajo y su corazón al servicio de la ciudad.

A ello se suma una ventaja competitiva fundamental: la conectividad. Con dos aeropuertos internacionales —el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles—, la capital cuenta con una red que conecta con más de 80 destinos nacionales y 60 internacionales. Esta infraestructura facilita el crecimiento del turismo de placer, los viajes de negocios, los congresos, las convenciones y los grandes eventos internacionales.

Una de las innovaciones más relevantes en esta nueva etapa es el programa Stopover de Aeroméxico, que permite a pasajeros internacionales permanecer entre 24 horas y siete días en la Ciudad de México antes de continuar hacia su destino final, sin pagar una tarifa aérea adicional. Con ello, una conexión aérea puede convertirse en una experiencia turística completa.

En términos económicos, esto significa más noches de hotel, mayor consumo en restaurantes, museos, comercios, recintos culturales y actividades de entretenimiento. También representa una oportunidad estratégica para incrementar el gasto promedio por visitante y posicionar a la Ciudad de México como una puerta de entrada privilegiada a nuestro país.

El turismo aporta 10.7% del Producto Interno Bruto de la Ciudad de México y genera alrededor de 800 mil empleos directos e indirectos. Estas cifras revelan la importancia de un sector estratégico, pero también muestran el enorme potencial que existe para crecer mediante nuevas inversiones en infraestructura hotelera, movilidad, economía digital, turismo médico, experiencias culturales, sustentabilidad, gastronomía y desarrollo inmobiliario.

Pocas ciudades en el mundo combinan una escala metropolitana de más de 9 millones de habitantes con una riqueza ambiental tan significativa: 60% del territorio de la capital corresponde a suelo de conservación. Esta dualidad abre nuevas oportunidades para diversificar la oferta turística hacia segmentos como el ecoturismo, el turismo rural, las experiencias comunitarias y el turismo de bienestar, mercados que hoy registran un crecimiento acelerado a nivel internacional.

El momento exige pensar en grande. Implica impulsar proyectos turísticos de mayor sofisticación, atraer marcas internacionales, fortalecer el turismo de reuniones, incentivar desarrollos de uso mixto, acelerar la digitalización de la experiencia turística y consolidar una agenda de inversión pública y privada que acompañe el crecimiento del sector.

Las ciudades que trascienden son aquellas que entienden que un evento global no es el punto de llegada, sino el punto de partida.

La Copa del Mundo 2026 colocó nuevamente a la Ciudad de México en la conversación global. Ahora, la tarea es transformar esa visibilidad en inversión, desarrollo de nuevos negocios, fortalecimiento de cadenas de valor y consolidación de un modelo turístico más competitivo, innovador, sostenible e incluyente.

Esa visión está alineada con el proyecto de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, para fortalecer el liderazgo nacional e internacional de la Ciudad de México, Corazón Grande: una capital abierta, hospitalaria, solidaria y capaz de recibir a todas y todos por igual.

Sigamos volando alto. Sigamos promoviendo a México. Sigamos construyendo alianzas que unan destinos, personas e historias. Sigamos proyectando a la Ciudad de México, Corazón Grande, como una capital que no sólo recibe al mundo, sino que lo inspira.

Porque el mejor legado de un Mundial no se mide únicamente en goles, estadios llenos o celebraciones multitudinarias. Se mide en la capacidad de transformar la atención del mundo en oportunidades de inversión, de turismo, de crecimiento económico, bienestar social y futuro compartido.

Jennie Shrem Serur es Directora General del Instituto de Promoción Turística de la Ciudad de México.

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