La palabra “coyoteando” viene del sustantivo “coyote” y se refiere a la acción de actuar como intermediario informal o gestor. Es una práctica común que consiste en realizar trámites o negociaciones cobrando una comisión, de manera directa o indirecta, aprovechando la necesidad o el desconocimiento de las personas con autoridades. A esta actividad se dedicó, justamente, el ex embajador de los Estados Unidos (EU) en México, Ken Salazar durante su gestión.

¿Cómo lo hacía? Después de que dejó el cargo de Secretario del Interior durante el gobierno del presidente Obama, en 2019, ingresó a un prestigiado despacho de cabildeo y legal, con oficinas centrales en Washington y NY, de nombre WilmerHale. Ya en esta firma se le encomendó a Salazar abrir una nueva oficina ubicada en la ciudad de Denver. Con esta oficina, hasta el día de hoy, la firma tiene presencia en 12 ciudades en los EU y Europa.

Pero apenas dos años después, en 2021, el gobierno de los EU lo propuso para embajador en México, lo que el Senado de su país aprobó por unanimidad. Salazar llegó a México, ya como embajador, en septiembre y tejió una relación cercana con el entonces presidente López Obrador.

Pero Salazar en realidad nunca se alejó de su despacho de cabildeo. En las reuniones, comidas y celebraciones que hacía en la residencia del embajador era común que presentase a dueños y directivos de empresas mexicanas a excolaboradores de él en la Secretaría del Interior. Los presentaba como cabilderos para resolver temas relevantes en los EU y en México. Pero estas personas trabajaban para WilmerHale, la firma de donde venía Salazar. Nada de ilegal en ello. Pero se entendía que al contratarlos tendrían el apoyo del embajador. Conozco está situación pues me sucedió a mí y a otros. Sorprendía que en la embajada sucedieran estas cosas, lo que podría considerarse un conflicto de interés.

Es altamente probable que en las reuniones de Salazar con el entonces presidente de México y otras autoridades se tocasen algunos de los “temas de interés” de la embajada. Eso es algo normal. Pero el gobierno de México sabía de las “gestiones” de Salazar y era algo que le convenía. Les permitía tener a un embajador gestionando asuntos de su exdespacho y al gobierno mexicano ayudarle era una forma fácil y barata de tenerlo de su lado. Eso puede explicar las más de 50 ocasiones en que se reunieron Salzar y López Obrador.

Lo anterior era sabido por el empresariado y también por altos funcionarios gubernamentales mexicanos. Si estos lo sabían es obvio lo sabían los funcionarios norteamericanos en DC. De hecho, Brian Naranjo, exministro consejero para Asuntos Políticos de la Embajada de los EU en México, durante la gestión de Salazar, le contó en entrevista a la periodista Dolía Estevez información que amplían las sospechas sobre el exembajador.

Las descalificaciones de Brian Naranjo contra Salazar incluyeron que la embajada no enviaba cables oficiales a Washington informando sobre las reuniones periódicas de Salazar con el entonces presidente López Obrador. Esto pues Salazar no permitía que se registraran los detalles de esas pláticas y nunca llevaba acompañantes (note-takers).

Por esas sospechas, Naranjo señaló que los propios funcionarios de la embajada estadounidense optaban por no compartir información sensible con Ken Salazar. Había temor a que este fuera de inmediato a contárselo directamente al presidente de México. Si sus subordinados, en la embajada, no le compartían información delicada, mucho menos lo habrían hecho las dependencias legales y de seguridad nacional ubicadas en Washington, DC.

La relación entre Salazar y López Obrador se enfrió luego del operativo en Sinaloa, en el que ahora sabemos que el FBI hizo una “operación especial” para llevarse al Mayo Zambada y a Joaquín Guzman López, líderes del cártel de Sinaloa.

Para no dejar dudas de la relación de Ken Salazar con WilmerHale, a meses de que dejó el cargo de embajador en México, regresó para ser el consejero senior en temas energéticos y de medio ambiente. Así, pareciera que siempre procuró la relación con ellos. Hoy en día Salazar sigue laborando para dicha firma.

Así que, en definitiva, Ken Salazar nunca supo nada del operativo realizado en Sinaloa por su país. Andaba en otras cosas. Tomarlo ahora, la 4T, como “piñata” es un sinsentido. Les fue un aliado clave e interesado. Hasta que quedó claro que les dejó de servir…. a todos.

X: @JTejado

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