“Que los jóvenes no solo sean amados, sino que se den cuenta de que se les ama”, decía San Juan Bosco, uno de los grandes pedagogos, patrono de la juventud y los educadores, y fundador de instituciones educativas que hoy atienden a decenas de miles en cerca de 100 países.

Muchos políticos, activistas, empresarios hablan sobre los jóvenes y sus distintas realidades, se toman la foto con ellos en los eventos públicos, los ocupan para grabar comerciales, o toman sus inquietudes para convertirlas en banderas con un objetivo político.

Sin embargo, pocos o ninguno se ha sentado con ellos, en un foro no controlado, algo que hoy en día es muy difícil de ver, pues la mayoría siempre busca sacar un beneficio personal de este tipo de encuentros.

Hace unos días salió a la luz un documental, producido por Disney, y que en México se puede ver a través de la plataforma Star+ en el que el Papa Francisco, el líder máximo del catolicismo se sienta junto a 10 jóvenes, de los cuales, la mayoría de ellos representan realidades que no convergen con la doctrina de la Iglesia o que le han significado grandes daños.

Ahí está un joven que denuncia haber sido abusado sexualmente por un sacerdote, ahí está una joven mamá que dedica su vida a la pornografía en línea, también está una mujer proaborto, una persona no binaria, y una exmonja que ha perdido la fe y ahora es lesbiana.

Para cada uno de ellos, el Papa ofrece principalmente escucha, y marca el ejemplo de lo que Don Bosco decía: no se trata solo de decirle a los jóvenes que se les ama, sino que sientan ese amor, y qué mejor forma de hacerlo que con algo que parece que nuestra socidad ha perdido: el diálogo y la escucha incondicional.

El Papa escucha de los jóvenes su sentir sobre la ideología de género, sobre el aborto o sobre la participación de las mujeres en la Iglesia. Y a todos ellos les responde con calma, con amor y sin ninguna otra intención que mostrarles el amor y la misericordia de Dios, sin ninguna condición alguna.

Destaca la importancia de que los migrantes sean recibidos, acompañados, promovidos e integrados. También responde sobre el alejamiento de los fieles y las crisis de credibilidad hacia los sacerdotes, habla de una Iglesia que corre el riesgo de oxidarse, y de la necesidad que existe de que sus integrantes salgan a las periferias físicas, culturales y existenciales. No es mera casualidad que él lleva años pidiendo “ser una Iglesia en salida”, mientras lo hace al acceder a la realización de este documental en terreno neutro, en un departamento de Roma alejado del Vaticano.

Varios de los jóvenes no creen en Dios, no lo mencionan, aunque muestran inquietudes sobre él. El Papa les responde y les muestra a Cristo con ternura: “Sigan avanzando y aunque no se den cuenta, alguien les está acompañando. Dejen que los acompañe aunque no le den atención”, y les pide un favor especial: “Sean ustedes, con su personalidad y su coherencia”.

¡Cuánta falta hacía un encuentro así! Tan auténtico y natural. Hay quienes piensan que la Iglesia está para juzgar y no es así. El Papa lo deja claro. El camino de la Iglesia es de hermandad, unidad y fraternidad. Podemos negociar nuestras ideas, pero no la fraternidad.

San Juan Bosco también señalaba: “La experiencia me ha enseñado que cuidar de los jóvenes es el único camino para conseguir una sociedad civil sostenible”. El Papa nos muestra el camino para hacerlo.

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