Ha empezado el mundial de fútbol y es inevitable que todos los eventos que rodean tan importante acontecimiento deportivo —y social— tiendan a rebasar todas las narrativas alrededor suyo. Desde los primeros eventos y actividades asumidas por el gobierno mexicano han asomado cuestiones que apuntan a un intento por “diferenciarse” de administraciones anteriores, empezando por la ausencia de la Presidenta de la República en la ceremonia inaugural.

La presencia de la titular del Ejecutivo Federal sería en tanto representante del gobierno del país sede, no por una situación de partido. Pero ya sea por razones ideológicas, o por pragmatismo, la representante del Estado Mexicano no acudió al estadio. A la cena de gala en Chapultepec sí, para dar “un saludo y una bienvenida”.

El punto es que durante demasiado tiempo, en demasiados espacios, en medio de demasiados contextos, el oficialismo no ha dejado de sembrar la narrativa del enfrentamiento social: los chairos contra los fifís, el pueblo contra la élite, nosotros contra ustedes…y el “no somos iguales” poco a poco se fue enraizando en buena parte de su movimiento como una barrera ideológico-social.

Pero el mundial de fútbol es precisamente lo contrario: es un fenómeno social que homologa circunstancias y sentimientos alrededor del deporte más popular del mundo, un deporte, por cierto, que tantas satisfacciones ha dado a nuestro país y que es capaz de unificar sentimientos.

En el futbol no hay distancias sociales, económicas ni ideológicas. Se juega por igual en estadios con aire acondicionado que en llanos de barriada. Por eso atrae masas, y por eso suscita sentimientos que de repente se vuelven comunes a millones de personas.

La buena marcha de la selección nacional, que acumula puntos tras el apretado triunfo ante el seleccionado de Corea del Sur, ha desatado todo tipo de reacciones positivas, y no es para menos en un país como el nuestro, tan necesitado de buenas noticias.

Por eso un hecho tan sencillo, trivial incluso, como el paseo del pato Merlín con uniforme de seleccionado nacional ha sido capaz de despertar sentimientos de ánimo tan positivos que ya se ha colocado en el ánimo de todo mundo, y hasta se ha hablado de invitarlo a la conferencia presidencial…

Pero no debemos olvidar, y por el contrario, hay que tener muy presente: el 1-0 de este jueves, de momento tan satisfactorio, no deja de ser un fenómeno contrastante ante el dolor de tantas personas como las madres buscadoras, que se comportaron con dignidad y entereza al manifestarse sin violencia durante la jornada inaugural, expresando con dolorosa contundencia “la pelota vuelve a casa, nuestros hijos no”…

Justamente tras la manifestación de las madres buscadoras, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se expresó de forma irónica hacia ese colectivo, y este hecho ha generado indignación con justificada razón: estamos hablando de una crisis humanitaria que algunas estadísticas cifran en más de 134 mil personas desaparecidas.

Por esta triste razón, en medio de la algarabía por el Mundial de Futbol y el triunfo de la selección nacional, es imposible sustraernos al dolor de tantos miles de madres que esperan a sus hijas e hijos que no han vuelto a casa. La contienda deportiva no debe dejar a un lado la lucha para saber qué fue de ellas y ellos.

Y no solo es recordatorio: es expresión de un principio: que se sepa que no les olvidamos. Y no por ello dejamos de ser mexicanos ni por eso dejamos de amar a nuestro país y valorar a sus representaciones nacionales.

Coordinadora Diputados MC

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