En el ciclo de la vida, las personas experimentamos experiencias, sentimientos, estamos de ánimo, y etapas en las no podemos llevar una convivencia cotidiana regular. Perder a un ser querido es un impacto a nivel emocional que tiene diversas afectaciones. Por esa razón, presenté una propuesta de ley que busca aliviar el sufrimiento y la etapa de duelo al perder a un ser querido. Quienes hemos perdido un familiar sabemos que este hecho rompe la continuidad de la vida, todo cambia.
En medio del dolor, las personas sobrevivientes deben recibir noticias médicas, identificar o trasladar el cuerpo, acudir al registro civil, organizar servicios funerarios, atender obligaciones familiares, acompañar a niñas, niños, personas mayores o con discapacidad, resolver traslados y, al mismo tiempo, asimilar la pérdida. Y está, desde luego, el deber de presentarse a trabajar. Si la ley no prevé una pausa protegida, la persona queda obligada a elegir entre el cumplimiento de su jornada y las necesidades humanas, familiares y administrativas que produce el fallecimiento.
Una licencia sin sueldo puede estar disponible, pero necesariamente repercute en las personas que dependen de cada quincena para sobrevivir.
Por esta razón, presenté una propuesta que fija expresamente en la ley una serie de ayudas a las personas trabajadoras del Estado que han perdido a un familiar y necesitan ausentarse por causa de luto.
El duelo no es, por sí mismo, una enfermedad. Sin embargo, estudios científicos relacionan la pérdida de un ser querido con riesgos físicos y mentales relevantes para las personas en esa situación.
La intensidad, la duración y la forma de expresar el duelo varían según las circunstancias de cada caso, pero es posible aportar desde el Estado una serie de apoyos para atenuar los efectos de la pérdida.
No se trata de restituir al ser querido. La intención es poner un primer piso de protección para una persona en situación de vulnerabilidad emocional y física.
Y es que la evidencia disponible permite afirmar que el fallecimiento de una persona cercana puede afectar la salud y el funcionamiento, especialmente en la fase inicial. Este impacto es particularmente sensible en el caso de la pérdida de un hijo o una hija, lo que detona sufrimiento emocional y físico.
Concretamente he propuesto la creación de una licencia con goce de sueldo de hasta diez días, para las personas trabajadoras del Estado que están en situación de duelo por la pérdida de un ser querido, y en el caso del fallecimiento de una hija o hijo, este derecho correspondería a la persona gestante y, en su caso, a la otra persona progenitora, sin perjuicio de las incapacidades o licencias médicas que procedan. Sería de la misma duración por el fallecimiento de la persona cónyuge, concubina, concubinario o de aquella con quien tenga constituida una sociedad de convivencia.
En cuestión de derechos, hay que atreverse a dar el primer paso, se trata de atenuar el dolor en una etapa difícil y compleja de la vida de las personas, que es cuando se pierde a un ser querido.
Coordinadora Diputados MC

