Y nos convertimos en creyentes

Irma Vela

Este nuevo año que comienza, es una gran oportunidad para realizar, todos los anhelos, que fueron resultado de un tiempo de reflexión.

A nivel mundial, hemos vivido pérdidas. En todos los países, se  enfrentó a un  enemigo en común: una pandemia.

Y nos vimos en la necesidad, de volver a lo básico, es decir, dejamos de preocuparnos por muchas situaciones superfluas, para establecer prioridades.

Despertamos, al vivir el dolor, de perder a un ser querido y nos unimos, al ayudar a las familias afectadas.

Y nos conectamos, desde el corazón, al comprender los cambios geopolíticos, que han ocurrido, a la par.

Por ejemplo, los migrantes, entre países, que buscan mejorar su calidad de vida y nos lleva a confrontar: cómo estamos y cómo queremos estar.

Los campos de refugiados, de países que viven en guerra, nos muestran la enorme bendición de vivir en libertad.

Las fronteras, que nos dividen, al ver al planeta desde el espacio, desaparecen y nos muestran un mundo fantástico.

Y comprobamos, que la perspectiva cambia, por completo, al ver una situación desde lejos.

Al dejar de ver las diferencias, para ver las similitudes y poder simplificar la esencia de las cosas.

Y es entonces, cuando dejamos de complicarnos la vida.

Reconociendo, que el primer compromiso, es con nosotros mismos.

Y el principal compromiso, es estar bien.

¿Cómo estar bien? 

Si todo está cambiando, la nueva realidad, la distancia física, nos ha llevado a valorar, al abrazo, como un artículo de lujo.

Y sin embargo, la vida sigue su curso, seguimos viviendo, aún, con menos recursos.

Nos hemos adaptado, al cierre de los teatros, las tiendas cuentan con reglas para su ingreso y el comercio online, se ha incrementado.

Y nos hemos visto, en la necesidad, de vivir resguardados, encontrando un espacio, en las redes sociales, al mismo tiempo, que el silencio, se volvió parte de nuestras vidas.

Si, el silencio…

Aprendimos a hablar menos, por cubrirnos las bocas, a sonreír con la mirada, a saludar con un gesto y a valorar las palabras.

Y los tiempos difíciles, nos llevaron a manejar muchas variables, el día se fue convirtiendo, en estar presente, en varias pistas de un circo.

Nos convertimos en ayudadores…

Y la vida, sacó lo mejor de nosotros.

Dejamos atrás el despilfarro, buscamos invertir en criptomonedas, el conversar sobre seguros, nos puso los pies en el suelo, para plantarnos y dejar de gastar en nimiedades.

Como resultado, de pérdida de trabajos, gastos hospitalarios y la falta de ingresos.

Todos estos procesos, los fuimos viviendo, de forma densa y rápida, llegando a confrontarnos, con nuestros propios parámetros y paradigmas.

Empezamos a vivir, de realidades y sacamos lo mejor de lo mejor.

La historia cambió de rumbo, de forma drástica y la adaptación fue la mejor respuesta.

Nos convertimos en hacedores, la flojera y la falta de tiempo quedó a un lado y trabajamos, como nunca, para sacar a flote, la familia, el trabajo y las relaciones personales.

Aprendimos a cuándo parar, cuándo continuar y cuándo establecer nuevas metas, ya que nos volvimos más pragmáticos.

Al mismo tiempo, nos volvimos mucho más sensibles y más vulnerables, al vivir con la muerte rondando.

Sólo nos quedó, contar con fe, para seguir tomando decisiones, de una forma simple, al enfrentar el caos.

Donde la visión del futuro, es incierta.

Sólo nos queda la certeza, de confiar en nosotros y en hacer realidad las metas propuestas.

Y sin miedo, sin juicios, sin cargas, por vivir el proceso de aprendizaje, nos convertimos en creyentes, 

¡Feliz año 2022!.

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